A mediados de siglo se produjo en la antropología cultural un movimiento
consagrado a hacer más rigurosos los criterios de descripción y de análisis
etnográfico. movimiento que tuvo como fuente de inspiración las técnicas
de la lingüística. Este movimiento, para el que se ha propuesto el nombre
de «nueva etnografía» tuvo origen en Yale y se extendió
rápidamente por todos los Estados Unidos. Conocido también con los nombres
de etnolíngüística, etnociencia y etnosemántica. su atractivo declarado
reside en su promesa de conseguir dar a los informes etnográficos la precisión,
la fuerza operativa y el valor paradigmático que los lingüistas imprimen
a sus descripciones fonológicas y gramaticales. Mas está dotado aún
de otro atractivo, éste oculto, a saber: que representa una continuación de
la tradición del idealismo cultural en antropología, mas una continuación
que puede aducir credenciales científicas nuevas e impresionantes. En ciertos
dominios y bajo ciertas condiciones que yo voy a tratar de especificar,
esas credenciales son plenamente válidas.
Pero con una perspectiva más
amplia, el movimiento está afectado de todas las limitaciones acumuladas
que han marcado al pensamiento cultural idealista de los últimos doscientos
años.
Como ya hemos visto, en Francia. bajo el liderazgo de Lévi-Strauss se
ha desarrollado un movimiento convergente, basado también en el modelo
lingüístico, aunque operacionalmente menos sólido. El objetivo primario del
presente capítulo es demostrar que esa convergencia hacia la estrategia representada
por la nueva etnografía es consecuencia de unos presupuestos
teóricos ampliamente compartidos por los científicos sociales contemporáneos
de las más diferentes persuasiones teóricas. Pese a su adhesión exclusiva
a paradigmas explícitamente lingüísticos, hay en la nueva etnografía
ciertos presupuestos epistemológicos de discutible valor que la ponen en
'conexión con escuelas tan diversas como la boasiana, la de cultura y personalidad,
el estructuralismo francés y las dos variedades del funcionalismo
inglés.
Para demostrar esta convergencia y para situar a la nueva etnografía
en su relación con la etnografía antigua, hemos de someter a discusión la
diferencia entre las opciones de investigación emíc y etic.
El recurso a la dicotomía emíc-etíc, a la que ya hemos hecho referencia
en bastantes pasajes de los capítulos precedentes, resulta imperativo si es
que queremos identificar las perspectivas del materialismo cultural en el
contexto de la ciencia social moderna. Los conceptos de emic y etic proporcionan
una base epistemológica y operacional para, en una época como
la nuestra, entregada a las teorías eclécticas de rango medio, distinguir entre el idealismo cultural y el materialismo cultural.
Para evaluar la significación histórica de esas preferencias eclécticas es preciso enfrentarse con ciertas cuestiones epistemológicas al nivel más profundo de la estrategia de investigación, no al más superficial de las teorías e hipótesis socíoculturales. Acabamos de señalar la necesidad de esa confrontación cuando en el capítulo anterior discutíamos la forma en que se han «emicízado» los datos tecnoeconómicos y tecnoecológicos para refutar las teorías del determinismo económico. También es muy común una «emícízacíón» similar de los fenómenos socioestructurales. Para que la prueba a que se someta la estrategia materialista cultural sea justa, el corpus de etnografía existente, predominantemente emic, tiene que ser completado por descripciones etíc.
Para evaluar la significación histórica de esas preferencias eclécticas es preciso enfrentarse con ciertas cuestiones epistemológicas al nivel más profundo de la estrategia de investigación, no al más superficial de las teorías e hipótesis socíoculturales. Acabamos de señalar la necesidad de esa confrontación cuando en el capítulo anterior discutíamos la forma en que se han «emicízado» los datos tecnoeconómicos y tecnoecológicos para refutar las teorías del determinismo económico. También es muy común una «emícízacíón» similar de los fenómenos socioestructurales. Para que la prueba a que se someta la estrategia materialista cultural sea justa, el corpus de etnografía existente, predominantemente emic, tiene que ser completado por descripciones etíc.
DEFINICIONES DB PlKE
Los términos en sí mismos fueron acuñados por el misionero y lingüista
Kenneth Pike (l954, p. 8), que los escogió por analogía con fonémica emic y fonética etic De conformidad con esta analogía, Pike
subrayó los «resultados estructurales» obtenidos por el análisis fonémico
y los opuso a los «resultados no estructurales característicos de la fonética.
Desde un punto de vista lingüístico, los análisis etic no pueden llegar a resultados
estructurales, puesto que no es concebible un sistema exclusivamente
etic de diferencias de sonidos. Mas con todas las deferencias debidas
al origen lingüístico de la dicotomía, un no lingüista tiene que oponerse
a la extrapolación que Pike hace a la conducta no verbal de la correlación
entre etic y resultados no estructurales. Pues ¿qué significa «estructuras
en este contexto? Para evitar las tautologías hay que entender que se refiere
más o menos a algo como «orden en una disposición ordenada», Estructura
es el orden de un sistema. El emparejamiento de emic con resultados estructurales,
por un lado, y, por otro, el .de etíc con resultados no estructurales
está de acuerdo con la historia de la lingüística. Mas no hay razón
para suponer que tal ecuación sea válida también para los fenómenos no
lingüísticos. En el átomo, en la molécula, en la célula y en el organismo
hay estructuras, y, sin embargo, la descripción de esas cosas no depende
en ningún caso de operaciones emic. ¿Por qué no suponer que existen sistemas
socioculturales cuyas estructuras pueden ser descritas índependíentemente
de cualquier procedimiento modelado a imagen del análisis fonémíco? El que Pike ni siquiera tome en cuenta esta alternativa se explica
en el fondo por sus convicciones religiosas, que no pueden ser ignoradas
si uno desea entender su sentido (PlKE, 1962), Es, desde luego, posible utílizar
categorías etic que no contribuyen en nada a nuestra comprensión
de los sistemas socioculturales. Pero también hay muchos análisis fonológicos
que por las imperfecciones de su técnica se quedan en estructuras
parciales o falsas,
Continuando con su definición de las consecuencias de los dos enfoques,
Pike elabora un tema que él considera secundario, pero que adquiere una
importancia fundamental tan pronto como desechamos esa gratuita equivalencia entre emic y estructura. Esbozando las operaciones precisas para la
identificación de las unidades emic no verbales (los behavioremas) afirma
que la estructura emic tiene que corresponder a la «intención.. del actor en
la acción observada. Es decir, una descripción emíc tiene que ser el producto
de un conjunto de procedimientos lógico-empíricos a través de los
cuales se llega a conocer la intención y el sentido de los actores:
«A pesar de los problemas que esto implica, si se ha de estudiar la conducta tal y como realmente funciona, es absolutamente esencial que se asuma que el analista puede detectar la presencia y, hasta cierto punto, la naturaleza y el sentido de la intención» (PIKE, 1954, p. 80).
El behaviorema en si mismo es definido parcialmente como «un segmento o componente emic de una actividad humana intencional» (ibidem, p. 57). Por otra parte, este mismo ingrediente definicional domina toda una extensa cita de Sapir (1927), que en opinión de Pike anticipó ya la distinción que nos ocupa:
Resulta imposible decir lo que un individuo está haciendo sin haber aceptado tácitamente los modos de interpretación esencialmente arbitrarios que la tradición social está constantemente sugiriéndonos desde el momento mismo de nuestro nacimiento. Si alguien lo duda, que haga el experimento,de dar un informe detallado [debe entenderse etlc] de las acciones de un grupo de nativos entregados a alguna actividad, digamos religiosa, de la que él no tenga la clave cultural [o sea, no conozca el sistema emic]. Si es escritor hábil, conseguirá hacer una descripción pintoresca de lo que ve y oye, o piensa que ve y oye; pero las posibilidades de que sea capaz de dar una relación de lo que acontece en términos que resulten a la vez inteligibles y aceptables a los nativos mismos son prácticamente nulas. Se hará culpable de toda clase de distorsiones y su Interés lo pondrá siempre donde no debe. Encontrará interesante lo que los nativos dan por descontado como una muestra casual de conducta que no merece comentario especial; y en cambio dejará completamente de observar los momentos cruciales que en el transcurso de la acción dan significado formal al conjunto en las mentes de aquellos que poseen la clave de su comprensión [cltado en, 1954,
Es ese «significado formal» en las «mentes» de los actores el que hay que subrayar. Los significados «creados» de las descripciones etic no dependen de los «sentidos.. ni de las «intenciones» subjetivas de los actores. En cambio, las distinciones emic exigen que se entre en el mundo de los propósitos, los sentidos y las actitudes. El estudio emic nos «ayuda no solo a entender la cultura o el lenguaje como un todo ordenado, sino también a comprender a los actores individuales en ese drama vivo, sus actitudes, sus motivaciones, sus intereses, sus respuestas, sus conflictos y el desarrollo de su personalidad» (ibidem, p. 11).
Atendiendo a los principales usos que de la distinción emic-etic se han hecho en la tradición que Pike hace comenzar con Sapir, yo propongo esta definición de emic: Las proposiciones emic se refieren a sistemas lógico-empíricos cuyas distinciones fenoménicas o «cosas» están hechas de contrastes y discriminaciones que los actores mismos consideran significativas, con sentido, reales, verdaderas o de algún otro modo apropiadas. Una proposición emic puede ser falsada si se puede demostrar que contradice el cálculo cognitivo por el que los actores informados juzgan que las entidades son similares o diferentes, reales, con sentido, significativas o de alguna otra forma apropiadas o aceptables.
Por lo menos dos defensores eminentes del enfoque emic han insistido en establecer criterios desusados de verificación del contenido de verdad de las proposiciones emic, criterios que en mi opinión son inaceptables. Según Charles Frake (1964a, p. 112):
Una etnografía debería ser una teoría de la conducta cultural en una sociedad dada, y su adecuación tendría que evaluarse por la capacidad que un extrafio a esa cultura (que puede ser el etnógrafo) puede adquirir para, usando las proposiciones de la etnografía como instrucciones, anticipar acertadamente las escenas de esa sociedad. Digo anticipar acertadamente.. en vez de «predecír.. porque el hecho de que una proposición etnográfica no prediga correctamente no implica por necesidad inadecuación descriptiva, siempre y cuando los miembros de la sociedad descrita queden tan sorprendidos por el fallo como el propio etnógrafo. La prueba de la adecuación descriptiva debe estar referida siempre a la interpretación que el informante hace de los acontecimientos, y no simplemente a la ocurrencia de esos acontecimientos.
Una posición similar adopta Harold Conklin (1964, p. 26), que también habla de «anticipación apropiada» en vez de predicción; mas como ninguno ha prestado atención al problema de cómo llevar a cabo esa operación, resulta imposible tomarles a la vez literalmente y seriamente.
EL PUNTO DE VISTA DE LOS NATIVOS Tal insatisfactoria formulación de la predecibilidad emic (que por supuesto no todos los etnosemánticos suscribirían) no tiene por qué impedirnos marcar límites claros a los dominios abarcados por los estudios emic. Es conveniente empezar distinguiendo dos campos amplios que se solapan: el primero se refiere a los fenómenos semánticos y de comunicación; el segundo, a los estados y sentimientos internos, psicológicos.
Todos los análisis fonológicos, gramaticales y semánticos llevados a cabo por lingüistas y por etnógrafos constituyen estudios de orientación emic. Independientemente de cómo quiera uno definir los fonemas, en el rango de sonidos utilizado tiene que haber contrastes sonoros sistemáticos que resulten significativos para el parlante nativo. Similarmente, al formular las reglas que en un lenguaje concreto rigen las expresiones gramaticales, la «pruebe de adecuación» la da el conocimiento intuitivo que el parlante nativo tiene de la gramaticalidad de las expresiones generadas de acuerdo con esas reglas. Una premisa fundamental del análisis lingüístico es la de que ni el sistema fonémico ni las reglas gramaticales tienen por qué corresponder al análisis que el propio parlante nativo es habitualmente capaz de realizar.
De hecho, el parlante nativo puede rechazar rotundamente el análisis del lingüista. Mas no por ello deja ese análisis de ser el producto de operaciones Iégico-empíricas en las que las distinciones emic constituyen la base de las subsiguientes manipulaciones lógicas, así como la prueba definitiva de su adecuación lógico-empírica. El análisis componencíal, un procedimiento analítico empleado por primera vez por Ward Goodenough (1956), tiene su sitio aquí en la medida en que es una actividad dedicada a la formulación de las reglas que ordenan lógica y empíricamente los campos semánticos. Como en el caso de las reglas fonémicas y sintácticas, la fórmula componencial no necesita corresponder (y se podría decir que probablemente no corresponderá nunca) a las reglas que el nativo es capaz de expresar. La definición componencial que del segundo marido de una abuela estadounidense da Goodenough dice más o menos así: un pariente a menos de dos grados de distancia colateral, a dos unidades de distancia genealógica, en relación lineal, en una generación senior. de sexo varón, con presencia de un vínculo marital, con implicación de una parte senior, siendo esa parte senior la primera persona de esa relación concreta conocida por la parte junior (1965a, p. 279). A Goodenough no parece preocuparle la posibilidad de que algunos nativos puedan no compartir sus convicciones en lo que se refiere a la adecuación de su definición. (Realmente; tampoco es que haya muchos americanos que puedan confirmar o rechazar por experiencia propia el análisis de Goodenough.)
He dicho que una prueba de la adecuación de esta descripción es la de que no hace violencia a mi propia percepción, como informante, de la estructura de lo descrito. Esta es la prueba subjetiva de adecuación. Otra prueba igualmente importante es la de que provee a un extraño con el conocimiento que necesita para usar mi terminología de parentesco de una forma que yo pueda aceptar que corresponde a la forma en que yo la uso. Esta es la prueba objetiva de adecuación. Cualquier descripción es deficiente en la medida en que no pase estas pruebas [ibidem p. 261}.
OTROS SISTEMAS DE COMUNICACIÓN Otro tipo de etnografía que se ha de asociar al punto de vista emíc es el que Ray Birdwhistell (1952) llama «kínésíca», el estudio de las funciones de comunicación de los movimientos corporales. Varios de los movimientos corporales que interesan a Birdwhistell conectan su estudio con los que ya antes se habían hecho de los gestos y constituyen claramente entidades emic en la medida en que implican el establecimiento de las reglas de un sistema público de comunicación. El estudio de otros movimientos corporales, tales como la forma de andar o de sentarse de ciertos pacientes psiquíátricos. cae más bien en la segunda gran categoría de estudios de orientación emic de que hablaremos más tarde, y no resulta tan fácil de clasificar.
Parece obvio que siempre que los fenómenos de que nos ocupemos sean parte de un sistema de comunicación y siempre que nuestro programa de investigación exija que descifremos el código que emplean los comunicantes nativos, entonces ese programa adopta la estrategia de los estudios emic. En esta empresa carece de importancia epistemológica el que los usuarios nativos del sistema sepan cómo formular las reglas de su código. Los seres humanos comparten con otros organismos la capacidad de comunicarse in·formación sin ser capaces de decir exactamente cómo lo hacen. Este es un hecho del mayor interés psicológico, pero no altera para nada la naturaleza emíc de los fenómenos que estamos considerando.
ESTADOS PSICOLOGICOS INTERNOS El segundo gran dominio de los estudios emíc es el que se ocupa del análisis de la conducta en términos de las intenciones, las motivaciones, los objetivos, las actitudes, los pensamientos y los sentimientos de los miembros de la cultura. Benjamin Colby (1966, p. 3) ha vinculado explícitamente esos fenómenos con la semántica formal y ha hecho de ello el objeto de la «semántica etnográfica».
«El objetivo último es la comprensión de las evaluaciones, las emociones y las creencias que quedan más allá del uso de la palabras Aunque Colby no trata el tema y rechaza específicamente la idea de que Morris Opler y Ruth Benedict tengan importancia (ibídem, p. 28), lo cierto es que éste es un mundo que tanto los psicólogos como los científicos sociales vienen estudiando habitualmente.
Dentro de la psicología hay dos tradiciones que divergen respecto al tratamiento de estos fenómenos, divergencia que coincide en líneas generales con la distinción emic-etlc de las ciencias sociales. Por un lado está el enfoque que subraya la validez de las descripciones introspectivas y de los informes verbales de los estados psicológicos internos; por el otro, el enfoque representado por las principales escuelas neobehevíorístas de la teona del aprendizaje, que evita sistemáticamente la dependencia de estados o de disposiciones que no puedan definirse por medio de operaciones practicadas sobre los aspectos y condiciones externas del organismo estudiado. En etnografía, el enfoque emic de las intenciones, los objetivos, las motivaciones, las actitudes, etc., se justifica por la suposición de que entre el actor y el observador es el actor el más capacitado para conocer su propio estado interior. Además, se supone que el acceso a la informacíón referente al estado interno del actor es esencial para la comprensión de su conducta y para la descripción adecuada de los acontecimientos en que él participa. En la mayoría de los casos, estas suposiciones son totalmente explicitas, y en la postulación de la existencia de tales estados internos, los autores se muestran tan generosos que no puede caber ninguna duda respecto a la naturaleza emic de su investigación. Tal es ciertamente el caso cada vez que un etnógrafo adopta la tradicional posición boasiana y piensa que si hubiera sido educado como un miembro de la tribu X, sus descripciones de las intenciones, los objetivos, las motivaciones, etc., serían mucho más ricas gracias a su capacidad de pensar y de sentir como un miembro de esa tribu.
LA CONFUSION DE LA DISTINCION EMIC-ETIC
Hay algunas opciones que de una forma sutil anulan la distinción emíc-etic. Por ejemplo. es un lugar común de la investigación y de la práctica psícoanalítica el considerar que el actor es un mal observador de sus propios estados internos. La tarea del analista consiste en penetrar detrás de las fachadas, los símbolos y las otras defensas de los pensamientos y de los sentimientos inconscientes de los que el actor no se da cuenta. Hasta aquí. todo es etic: las afirmaciones del analista no quedan falsadas, aunque se demuestre que los contrastes que él establece no son significativos. ni tienen sentido, ni son reales, ni resultan apropiados desde el punto de vista del actor. Pero de todos modos esto parece conciliarse con la suposición de que si el actor acepta que la descripción del analista sí corresponde a su propio «verdadero» estado interno, entonces sí se ha logrado la verificación. Y, en esta medida, las descripciones psicoanalíticas son emic. Mas hay que señalar que tal aparente anulación de la distinción emic-etic lleva aparejado un castigo bajo la forma de un bajo nivel de verificabilidad y un status empírico dudoso. Es el mismo castigo que pagan siempre quienes indiscriminadamente pasan repetidas veces de la estrategia emic a la etic y viceversa.
ETIC Demos ahora una definición provisional de etíc. Las proposiciones etic dependen de distinciones fenoménicas consideradas adecuadas por la comunidad de los observadores científicos. Las proposiciones etíc no pueden ser falsadas por no ajustarse a las ideas de los actores sobre lo que es significativo, real, tiene sentido o resulta apropiado. Las proposiciones etic quedan verificadas cuando varios observadores independientes, usando operaciones similares, están de acuerdo en que un acontecimiento dado ha ocurrido. Una etnografía realizada de acuerdo con principios etic es, pues, un corpus de predicciones sobre la conducta de clases de personas. Los fallos predictivos de ese corpus requieren o la reformulación de las probabilidades o la de la descripción en su conjunto. La mejor manera de. clasificar las definiciones aquí propuestas será contemplándolas en el contexto de alguno de los principales errores en que se incurre con la distinción emic-etic.
LA PERSPECTIVA EMIC NO ES NECESARIAMENTE MENOS EMPIRICA QUE LA PERSPECTIVA ETIC En teoría, una etnografía emic no necesita ser ni más ni menos empírica. científica e intersubjetiva que una etnografía etic. Históricamente, desde luego, los imponderables emic han tenido siempre más importancia que los etic, aunque sólo sea por la razón de que casi toda la etnografía tradicional tiene una preferencia manifiesta por el enfoque emic. Sin embargo, no hay ninguna razón por la que las proposiciones emíc no puedan ser operacionalizadas hasta el punto de alcanzar altos niveles de intersubjetividad, verificabilidad y predecibilidad. Hay que suponer que es justamente la elevación de esos niveles la que inspira toda la actual preocupación por el tratamiento paradigmático y riguroso de los fenómenos emic.
LOS INFORMANTES PUEDEN DAR INFQRMACION TANTO EMIC COMO ETIC Especial comentario merece la relación entre la perspectiva etic y la tradicional dependencia de la etnografía del uso de informantes nativos. Una etnografía de proposiciones etic no es incompatible con operaciones que exíjan el recurso, a través de la comunicación verbal, a la información que pueda poseer un informante. El punto critico es aquí el de si la información en cuestión es emic o es etic. Es emic cuando son las distinciones, las significaciones y los sentidos nativos del informante los que constituyen el fundamento semántico de la comunicación que se establece entre él y el etnógrafo.
Un ejemplo del uso de un informante para maximizar el contenido emic de la etnografía podria ser la «heurística deductiva» de Duane Metzger y Gerald WiIliams (1963a, 1963b). Su método implica un prolongado periodo educativo durante el que el etnógrafo enseña al informante cómo tiene él que enseñar al etnógrafo a pensar en los términos emic apropiados. Un esfuerzo equivalente puede también hacerse, y con frecuencia se hace, para enseñar al informante a pensar en los términos del etnógrafo, por ejemplo, cuando ayudantes nativos aprenden a medir campos, a pesar cosechas, a hacer censos y a describir los acontecimientos pasados y presentes de conformidad con las categorias de significación que el etnógrafo usa en su trabajo. Cuando se usa al informante en la consecución de información etic, el informante pasa a unirse a la comunidad de observadores, se convierte en un asistente del etnógrafo, parte de un equipo que puede obtener en menos tiempo más información que un hombre solo. Si los acontecimientos sobre los que él informa son escenas que le implican a él mismo, se deberá esperar de él que el informe de su propia conducta se aproxime en todo lo posible a lo que se habria obtenido si esa escena se hubiera filmado y recogido en cinta magnetofónica.
LAS UNIDADES EMIC NO PUEDEN CONVERTIRSE EN UNIDADES ETIC Una de las categorías de las clasificaciones etíc, «no estructurales», prevístas por Pike permite una mezcla de operaciones emíc y etic:
Las unidades de conducta, aunque clasificadas sin referencia como tales a los sistemas individuales de los que han sido abstraídas pueden, pese a ello, ser clasificadas por referencia al hecho de que en realidad han sido abstraídas de una acción humana intencional de tal forma que elementos de sentido y de intención pueden constituir une de los conjuntos de criterios de una clasificación ene como esa [1954, p. 9}. La nueva etnografía 499 Este tipo de descripción etic constituye una anomalía para la que no puede haber justificación epistemológica. Admitiendo unidades que sean símultáneamente etíc y emíc, se reduce esa distinción al status «anémico. que le atribuye Gerald Berreman (1966). Ha sido esta confusión la que ha inducido a Sturtevant (1964) a hacer la afirmación, históricamente errónea, de que el estudio que en 1909 hizo Kroeber de las dimensiones semánticas del parentesco constituye «el trabajo básico sobre el estudio etic del parentesco». Como hemos visto (pégínas 278 ss.), toda la intención del famoso artículo de Kroeber era sustituir el tratamiento sociológico que Margan había hecho del parentesco por un tratamiento lingüístico. Los ocho «principios o categorías de relación» propuestos por Kroeber son categorías que se pretende subyacen a «los cientos o miles de relaciones ligeramente diferentes que son o pueden ser expresadas por los diversos lenguajes del hombre. (KROEBER, 1952, p. 176). El que una distinción semántica se encuentre en más de una cultura no significa que esa distinción deje de ser de naturaleza semántica. Conceptos tales como filiación, territorialidad, propiedad, afinidad, religión, grupo de filiación unilineal, etc., se aplican en una gran variedad de contextos comparativos. La prueba de si son conceptos etic o conceptos emic tiene que darla su relación lógico-empírica con los procesos cognitivos. Si la veriñcabilidad de una proposición etnográfica implica una confrontación con su adecuación o inadecuación cognitiva, entonces estamos manejando categorías emíc, sin que importe el número de culturas que hayan de tenerse en cuenta en esa confrontación. la identificación en diversas culturas de cetegoríes emíc similares no hace más que conferir a esas categorías el rango de abstracciones lógico-empíricas válidas para la comparación intercultural, pero no las transforma en fenómenos etic. Como hemos visto, el lenguaje de los antropólogos culturales y sociales se deriva de una mezcolanza tal de operaciones emic y etic que sólo tras el trabajo de varias generaciones se podría desenmara.fi.ar. XII. EL PARENTESCO COMO UN DOMINIO MIXTO El dominio del parentesco no ha escapado a esta confusión de fenómenos emíc y etic. La afirmación de Floyd Lounsbury (1965, p. 190 de que los «tipos de parientes. son un compuesto de discriminaciones semánticas hechas en muchas sociedades (véase HAMMEL, 1965, pp. 67.68) es históricamente inexacta. El cómputo genealógico no fue inventado por los antropólogos. El aparente éxito de las coordenadas del apareamiento, la reproducción y la genealogía para deducir categorizaciones que se presten a un análisis de contrastes tiene una base etic: el apareamiento, la reproducción y las relaciones genealógicas tienen un significado biológico preciso. Mas el esquema etnográfico del apareamiento, la reproducción y la genealogía es una mezcla fatal de categorías etic y emíc. Para un biólogo, todos los apareamientos fértiles son igualmente importantes para trazar las conexiones genealógicas; para la etnosemántica del parentesco, sólo son relevantes aquellos aparea500 Marvin Harris mientos y aquellas conexiones genealógicas que se realizan en y a través del «matrimonio». Para empezar a plantear sus preguntas sobre el parentesco, el etnógrafo debe empezar por descubrir una glosa intercultural para ese tipo particular de apareamiento que en español se conoce por el nombre de «matrimonio». Incidentalmente, en esa búsqueda del equivalente nativo hay que recordar que el informante, si no ha sido apresado ya por una equivalencia estándar, estará luchando también por encontrar una glosa adecuada para el concepto del etnógrafo. Murdock (1949, p. 1) define la fa· milia de tal manera que nos obliga a considerar si hay «una relación sexual aprobada entre una pareja estable». Tener hijos, alimentarlos y albergarlos es un fen6meno etic; pero hacerlo de una manera socialmente aprobada es algo que ya se sitúa en unas coordenadas eminentemente emíc. Así pues, los «tipos de parientes» son compuestos etíc y emíc, y la pretensión de Goodenough (1964b, pp. 10 s.) de que los estudios del parentesco ya han desarrollado una notación análoga a la notación fonética no es verdad más que por lo que hace a las coordenadas biológicas, pero no se aplíca a los aspectos emíc del parentesco. ¿Cómo explicar, si no, esa búsqueda aparentemente sin fin del significado del matrimonio y la filiación? David Schneider (1964, 1965b) Y John Beattie (1964b, 1965) han sostenido recíentemente una discusión; los dos comparten el convencimiento de que debe existir una definición emic del parentesco que sea interculturalmente válida y distinta de la genealogía biológica, pero son incapaces de ponerse de acuerdo en cuál pueda ser. Beattie resuelve el problema de una manera sumamente instructiva: El parentesco en tanto que materia de estudio antropológico no es otra cosa que esas relaciones sociales, cualquiera que sea su contenido social y cultural, sobre las que las gentes que las mantienen piensan y hablan en el idioma del parentesco [l96S, p. 123]. Aparte las coordenadas de la reproducción biológica, el contenido de los tipos de parientes es emic y lo seguirá siendo hasta que los observadores decidan qué unidades de conducta constituirán una definición mínima etíc del matrimonio y la filiaci6n. Es un error de enorme importancia el suponer que mezclando los componentes etic y emic en el estudio del parentesco los unos se convertirán en los otros. De hecho, por lo que se refiere a la antropología cultural americana, hay buenas razones para pensar que entre ese error y el hecho de que hasta el momento nunca se haya intentado hacer un estudio etic coherente del matrimonio y del parentesco hay una relación de causa y efecto. XIII. ¿PUEDEN LOS PENO MENOS EMIC ESTUDIARSE DESDE UNA PERSPECTIVA I3TIC? El enfoque etic, por definición, elude las premisas del enfoque emíc. Desde un punto de vista etic, el universo de los sentidos, las intenciones, los objetivos, las motivaciones, resulta pues inalcanzable. Mas insistir en la separación de los fenómenos emic y etic, y de 'las consiguientes estrategias de investigación, no equivale a afinnar la mayor o menor realidad, o el status científico más elevado o más bajo, de ninguno de ellos. La nueva etnografía XIV. TANTO LOS DATOS EMIC COMO LOS ETIC PUEDEN ESTUDIARSE INTERCULTURALMENTE SOl Tendría que ser obvio que los fenómenos emíc pueden ser estudiados ínterculturalmente. La cuestión de si las reglas de filiación patrilineal o la termínología amaba de parentesco se presentan en diferentes sociedades, por sí misma nada tiene que ver con la distribución emic-etic y sí. en cambio, con el conjunto de criterios intersubjetivos de semejanza y diferencia. Unos y otros fenómenos, los emic y los etic, pueden ser definidos con una abundancia de detalle suficiente como para posibilitar las comparaciones interculturales. Sin embargo, los capítulos precedentes demuestran que, por 10 general, la dedicación explícita y consciente al estudio del sentido interno y de las complejidades psíquicas lleva aparejado un grado considerable de indiferencia ante la problemática de la explicación científica de las diferencias y de las semejanzas socioculturales. En el caso de la nueva etnografía, la estrategia de investigación dominante no parece preocuparse en absoluto de si los criterios más estrictos de descripción de los fenómenos emic, cuyo desarrollo está consumiendo una parte tan grande de los recursos de investigación y publicación, redundarán de algún modo en abrir nuevas perspectivas al estudio de las regularidades sincrónicas y diacrónicas. Harold Conklin (1964, p. 26), por ejemplo, ha señalado como criterios por los que deben evaluarse las proposiciones etnográficas: 1) capacidad de anticipación; 2) posibilidad de prueba o repetición; 3) economía. Otros etnosemánticos se han ocupado largamente de la cuestión de si sus modelos representan todo lo ajustadamente que sería necesario la forma en que realmente piensan los nativos (A. F. C. WALLACE, 1965; BURLlNG, 1964; HYMES, 1964a; ROMNEY y D'ANDRADE, 1964). Mas pocos etnosemánticos, si es que alguno lo ha hecho, se han planteado la cuestión de cómo distinguir las descripciones etnográficas importantes de las que no lo son. Con todo el debido respeto a la necesidad de que en una empresa científica común haya sitio para la más grande variedad de intereses, lo que no puede decirse es que la exactitud, la elegancia y la economía por sf solas basten para hacer importante una descripción etnográfica. Los modelos etnográficos científicos valen el esfuerzo que cuestan en la medida en que conectan con teorías que explican las semejanzas y las diferencias diacrónicas y sincrónicas. Admitamos que no siempre es posible saber de antemano si tal conexión se establecerá o cómo se establecerá; mas en el caso de los estudios etnosemánticos hay bastantes consideraciones adversas histéricamente demostradas, de las que quienes se dedican a ellos no parecen tener conocimiento. XV. EMIC·ETlC VERSUS IDEAlrREAL A primera vista, las estrategias de investigación contrastantes que sugieren las conocidas dicotomías «conducta ideal y conducta real» o «cultura ideal y cultura real» parecen apuntar a la misma distinción emic-etic de que nos S02 Marvin HarriJ estamos ocupando. Mas los dos conjuntos de estrategias ñu tienen mucho en común: de hecho se derivan de posiciones epistemológicas muy diferentes. La distinción ideal-real no se fundamenta en la consideración de cómo puede uno saber que las cosas culturales son lo que el etnógrafo dice que son. Supone simplemente que hay un conjunto de regularidades pautadas en lo que la gente dice o cree sobre lo que hace o debería hacer, y otro conjunto distinto de regularidades pautadas en lo que «realmente» hace. En el contraste ideal-real, el problema de especificar las operaciones por las que uno llega a saber lo que la gente ..realmente» hace ni siquiera se plantea, mientras que para la distinción emíc-etic ese problema es fundamental. Todo el peso de esta última dicotomía recae sobre la importancia epistemológica de describir las cosas culturales valiéndose de categorías y de relaciones que necesariamente han de ser isomorfas con aquellas que los actores encuentran apropiadas o significativas, en lugar de usar categorías y relaciones desarrolladas independientemente en el propio lenguaje del etnógrafo. Así pues, la conducta real puede ser estudiada tanto desde una perspectiva etic como desde una perspectiva emic. La descripción de un informante de lo que realmente está ocurriendo en un festival. o en una escena de trabajo, o dentro de una casa, no tiene por qué corresponder a lo que el etnógrafo ve o vería en las mismas situaciones. Tomemos como ejemplo la conducta ideal que dicen seguir los capitanes de ciertos barcos de pesca de Bahía para localizar los lugares del océano en que tienen que anclar sus botes y arrojar sus redes. La identiñcación del sitio exacto, que no es mayor que una habitación y está siete u ocho millas mar adentro, se supone que depende de alinear correctamente dos o más pares de marcas en la tierra. La memorización y búsqueda de esas marcas es responsabilidad exclusiva del capitán, cuya reputación puede medirse por el volumen de sus capturas, por su capacidad para atraer y conservar buenas tripulaciones y por la agudeza de su memoria y de su vista. Ahora bien, es enteramente posible describir todo este complejo como conducta real en términos de las categorías émicamente significativas, tao les como lugares del océano, marcas de la tierra, vista y memoria. De hecho, uno puede ver y oír cómo el capitán busca las marcas, maniobra hasta colocar el barco en posición y ordena arriar las velas y arrojar el ancla, y uno puede ver cómo se empieza a pescar en ese lugar. La cultura real se corresponde en este caso en gran medida con sus descripciones ideales. Pero ambas descripciones son emic. Hay otra manera de contemplar el episodio en cuestión. La clave de esta perspectiva adicional la da el hecho de que cuando el capitán localiza el sitio y sus hombres empiezan a pescar, no es raro que no acuda ni un solo pez. En esas ocasiones, el capitán explica que los peces no están en casa, que se han ido de visita a otro sitio, y ordena que el bote pase a otro lugar. La perspectiva etic no nos obliga como la emic a describir esta conducta en términos de las habilidades atribuidas al capitán. Se observa además el constante uso de una sonda y se sabe que está muy difundido el conocimiento de una relación entre tipos de fondos, profundidad del agua y tipos de peces que pueden encontrarse. Es claro que ese conocimiento no es aplicable a lugares como los que es capaz de locallLa nueva etnografía 503 zar el capitán, sino a zonas más extensas. Una descripción etic del complejo de la pesca incluye la descripción de las pautas de conducta del capitán al maniobrar su barco, pero su actividad cuando otea el horizonte no tiene el mismo sentido que adquiere en la descripción emic de la conducta real. En lugar de aceptar la versión emic de la cultura real como una descripción adecuada de lo que se precisa para ser un buen capitán de un barco de pesca, las categorizaciones etic abren una pista etnográfica totalmente diferente. El análisis de la relación entre edad del capitán, volumen de capturas y estabilidad de la tripulación revela que los hombres más jóvenes, más activos y vigorosos, que no beban, que trabajen duro y que observen un tipo de conducta «protestante» (una categoría eminentemente etíc. dado que todos ellos son católicos), son los que más probabilidades tienen de convertirse en buenos capitanes y de adquirir la reputación de avistar con toda claridad las marcas de la tierra y de tener buena memoria para los lugares del océano (KOTTAK, 1966, pp. 210 ss.). La antropología cultural no superará fácilmente su herencia de etnograñas de la conducta real hechas de tal manera que pasan y vuelven a pasar de las coordenadas emíc a las etic y a la inversa, de una for-ma inconsciente e impredecible. Los efectos de la falta de atención a la distinción emic-etic han resultado particularmente nocivos en la etnografía de los sistemas económicos primitivos y campesinos en la que las descripciones de procesos económicos esenciales han resultado oscurecidas y distorsionadas por las descripciones emic de la conducta real. Un ejemplo clásico al que ya nos hemos referido es la descripción que Malinowski hace del kula (véanse páginas 487 s.). XVI. ¿DEBB LA PERSPECTIVA ETIC REMPLAZAR A LA EMIC? Tan pronto como uno sugiere que la opción de investigación etic merece especial atención, de inmediato se alzan voces acusándole de proponer que se acabe de una vez con todos los estudios de intenciones, objetivos y dominios semánticos. Incluso si una propuesta así representara alguna ventaja. resulta difícil imaginar que tal cosa pudiera ocurrir en el contexto de los intereses que el establishment de la investigación tiene invertidos en temas emic. Pero además es que una estrategia de investigación dedicada exclusivamente a fenómenos etíc tampoco tendría ninguna ventaja. Toda la razón de insistir en la necesidad de los estudios etic no es otra sino la de que uno desea explicar el universo emic al que como actores de nuestra propia cultura estamos irremediablemente ligados. En realidad, el riesgo es más bien el inverso. Si hay peligro de un imperialismo en el interior de la disciplina por el que una estrategia niegue deliberadamente la validez de las opciones de investigación alternativas, es claro que es el enfoque etic el que ha sufrido los ataques de manifiestos programáticos extremistas. Recordemos que Sapir declaró que era imposible describir los acontecimientos de la conducta en un lenguaje etíc. Las declaraciones de Frake (1964b) y Sturtevant (1964), de que luego nos ocuparemos, son simplemente las últi504 Marvin Harris mas de una larga serie de propuestas que tratan de apartar la atención de los antropólogos culturales de la sustancia etie de la conducta humana. Contra los estudios emic nunca se han hecho propuestas exclusionistas simio lares. XVII. LA AMBIGÜEDAD Y EL MODELO LINGUISTICa El error fundamental de la nueva etnografía es que se basa en una analogía patentemente falsa entre, por un lado, los códigos vernáculos al nivel de los fonemas, los morfemas y la sintaxis y, por otro, los códigos de orden superior que están de alguna manera relacionados con la semántica de la conducta verbal cotidiana y con el desarrollo histórico de los acontecimientos de conducta no verbal. La teoría y la práctica del análisis lingüístico parten de suponer que las descripciones tonémtcas, morfémicas y sintácticas de un lenguaje pueden hacerse trabajando con un grupo muy pequeño de intormentes. Tal procedimiento viene justificado por el hecho empíricamente establecido de la uniformidad de discriminaciones de sonido que constituye la base de la comunicación verbal. Lo primero que tiene que hacer un parlante es convencer a sus conciudadanos de que tiene algo que decir que ellos, si quieren, pueden entender. Al actor que hable una jerigonza, farfulle o se coma las palabras, use una pronunciación anómala o por alguna otra razón sea incapaz de demostrar que está en condiciones de transmitir un mensaje inteligible, rara vez se le concede una audiencia seria (salvo en los actos ceremoniales o rituales en los que son códigos paralingüísticos los que llevan el peso del mensaje). La falta de tolerancia con esas desviaciones es un producto de las condiciones funcionales más primordiales que subyacen a la evolución del lenguaje y por las que se han establecido los límites tolerables del ruido en proporción con la señal. Evidentemente, estos ras-gas lingüísticos disfrutan de una ventaja selectiva de la mayor magnitud. Mas la teoria y la práctica de la comunicación vernácula al nivel de la pragmática señalan la existencia de otro conjunto de condiciones, en cíerto modo opuesto. Es verdad que la significación funcional de muchos mensajes complejos es producto también de su elevada proporción de la señal respecto del ruido, pero también hay funciones socioculturales y psicológícas importantes cumplidas por mensajes complejos que siendo perfectamente comunicativos a los niveles fonémíco, morfémlco y sintáctico son ambiguos o totalmente ininteligibles en otros aspectos. Puede demostrarse que mensajes de ese tipo son característicos de amplios dominios cognitivos. La ambigüedad semántica característica de actividades de nuestra propia experiencia cultural como puedan ser la poesía, la crítica artística y literaria, la escatología, la filosofía tradicional y la teología no se pueden desechar como si se tratara de meras variaciones epifenoménicas o subculturales. No hay razón para suponer que en esos dominios la uniformidad de comprensión tenga una importancia funcional que supere los beneficios obvios de la ambigüedad, la ofuscación y la variación Individual. Para 10 que nuestros etnocientíficos no parecen estar preparados es para la contingencia de que en La nueva etnografía 505 los repertorios culturales humanos haya realmente más dominios en los que el orden semántico dominante se derive de la ambigüedad y de la variación que dominios cuyo orden refleje el consenso y la uniformidad. Las categorías raciales brasileñas, de las que se han descubierto varios centenares, constituyen un ejemplo de un dominio semántico eminentemente ambiguo y extraordinariamente idiosincrásico (HARRIS y KOTTAK, 1963; HARRIS, 1967). La precisión y la claridad en ese dominio entrarían en conflicto con los principales rasgos etic de la estructura social brasileña. Similar utilidad funcional tiene la definición emic de clase en las jerarquías de estratificación de los Estados Unidos contemporáneos (véanse VIDICH y BENSMAN, 1958). S. J. Tambiah ha demostrado convincentemente el carácter funcional de la ambigüedad en las castas y en el parentesco en Ceilán (1965). Stanley Freed (1963) ha medido el grado de consenso en la jerarqtúa de las castas en Uttar Pradesh sin plantearse el tema de la posible significación funcional de la demostrada falta de acuerdo. Pero la descripción que Bernard Cohn (1955) ha hecho de la movilidad de las castas a través de la litigación y la violencia hace evidente la oportunidad de una interpretación de este tipo. La importancia funcional de la ambigüedad cognitiva está también implícita en el análisis que hace Leach (1965b) de la ideología «gumsa» de la estructura social kachin. Como él mismo advierte: «La actitud éticamente correcta de un hombre de negocios cristiano [en nuestra propia sociedad] es con frecuencia igualmente ambigua.» Leach conceptualiza la prescripción matrilateral como si implicara una dicotomía rígida entre grupos dadores de mujeres y grupos tomadores de mujeres. Según William Wilder (1964, página 1370): ..Concedida la unicidad y permanencia de la relación mayudama (la alianza entablada por el matrimonio de primos cruzados), toda la terminología del parentesco queda ordenada como un todo coherente; pero sin esa suposición, las clasificaciones son caotlcas.» Mas con el mismo énfasis podría decirse que sin la ambigüedad observada en la ideología mayudama, la estructura social kachin quedaría reducida al caos. El vasto y agrio debate que se ha desarrollado en torno al intento de distinguir las reglas de matrimonio prescríptívo y las de matrimonio preferencial (véase capítulo 18) resulta monumentalmente inútil porque incurre en este mismo error. Considerando el hecho de que el 30 por 100 de las alianzas purum registradas son contrarias a la regla de la prescripción rnatrilateral, parece probable que el estado mental de alguno de los pururn no sea compatible con la espléndida seguridad de que Rodney Needham llegó a disfrutar en lo relativo a la forma en que los purum tenían que como portarse. Es interesante señalar que las recomendaciones de Pike (1954, p. 80) sobre la forma de tratar la ambigiiedad semántica han sido en gran medida ignoradas: Una teoría de la estructura de la conducta debe dejar sitio para las variaciones tanto de forma como de sentido, mas sin ser capaz de fijar de una manera absoluta cuánto tienen exactamente que parecerse o cuánto tienen exactamente que diferir en la forma, o en el sentido, o en el compuesto de forma y sentido, dos rasgos para que uno se decida a considerarlos equivalentes o no equivalentes. En la formulación presente de nues506 Marvin Harris tra teorla afirmamos que la indeterminación reside en los datos, en la estructura y que cualquier intento arbitrario de forzar una decisión, en uno u otro sentido, en algunos casos hace violencia a la estructura en lugar de clarificarla. A la vista de esta admonición, el intento de maximizar el orden de los fenómenos emtc, considerando la ambigüedad ya como inconsecuente, ya como resultado de un error, constituye una estrategia falsa. Antes de someter un dominio al análisis formal, se ha de decir algo sobre la generalidad de las distinciones y de los contrastes en términos de personas y de acontecimientos históricos concretos. Es notable la poca atención que se ha presiado a e,sto, especialmente si uno considera la importancia que las técnicas estadísticas de tratamiento de datos han llegado a edquirir en las operaciones de la psicología social contemporánea. De hecho, buena parte de la nueva etnografía no es más que psicología social despojada de su base estadística. Por lo menos un etnosemántico, Goodenough (1965b), parece haberse contentado con los datos obtenidos de un solo íntermanteo Aunque Conklin (1955, p. 340) asegura haber obtenido respuestas ~ nombres de color de ..un gran número de informantes», no especifica la relación entre las respuestas individuales y la cuádruple clasificación sobre la que dice que hay «acuerdo unánime» (ibidem, p. 341), a pesar del hecho de que junto a ese acuerdo existen «cientos de categorías de colores específicos, muchas de las cuales se solapan y se imbrican. (ibidem). Charles Frake (1961, p. 125) afir-ma que «los informantes rara vez discrepan en sus descripciones verbales de lo que hace a una enfennedad diferente de las otras». A nosotros nos parecería importante saber exactamente qué quiere decir «rara vez». ¿Representaban los informantes de Frake todos los posibles tipos de actores de Subanum? Atendiendo al hecho de que los conocimientos médicos pocas veces están uniformemente distribuidos en una población, podría esperarse que esa erara» discrepancia fuera frecuente discrepancia, por lo menos en ciertas categorías de sexo y de edad. XVIII. EL PROBLEMA DEL INFORMANTE BIEN INFORMADO Dado que muchos de los datos tenninológicos que constituyen la base de la etnosemántica del parentesco se obtuvieron en trabajos de campo que ya no pueden ser repetidos, hay pocas esperanzas de corregir el exceso de acuerdo en las descripciones formales. Con excesiva frecuencia los datos se han obtenido de unos pocos «informantes bien informados» (BACK, 1960). Mi propio encuentro con las variaciones individuales y la ambigüedad de la terminología de los bathonga del sur de Mozambique puede servir de ejemplo. Convencido por mis lecturas de Radclíffe.Brown (1950, p. 34) de que me encontraba ante un sistema omaha, rechacé las respuestas de media docena de informantes hasta que finalmente encontré a uno que «realmente conocías el sistema. Mi justificación de esto era que los bathonga estaban sufriendo una intensa aculturación en un área en la que se estaba desarrollando una mezcla importante de «tribus» zulú, ranga y shangane. Parecía, pues, lo mejor trabajar con alguien que recordara el sistema viejo. La nueva etnograiía 507 Pero Henri Junod (1913), que había estudiado a los bathonga sesenta años antes, ya había recogido cuatro términos alternativos para el hijo del hermano de la madre: makwabu (hermano), nwana (hijo) (1912, p. 220), kokwana (abuelo), maíume (hermano de la madre) (ibídem, p. 229). Lo que yo encontré en mis «informantes mal informados» fue una medida todavía mayor de confusión. Así, mientras Junod atribuía la sustitución de kokwana por malume: a diferencias dialectales, yo no hacia más que encontrarme con gentes que insistían en que tanto kokwana como malume eran correctas. Ahora bien. esas separaciones del sistema omaha son precisamente el tipo de diferencias que I.,.ounsbury (1964, p. 354) considera que justifican y requieren el establecimiento de subtipos separados de las terminologías crow y amaba. Tal vez esas variaciones puedan considerarse como diferencias subculturales o dialectales que se presentan dentro de cabezas diferentes. Mas, por otro lado, es igualmente plausible que esas variaciones coexistan dentro de una misma cabeza. De hecho, eso es lo que ocurre con muchos bathonga en la situación actual. Si ése es el caso, entonces una etnografía adecuada tendrá que expresar la ambigüedad del sistema, y la tendrá que expresar estadísticamente. La manera en que los fonnalistas emíc se han enfrentado con este problema en el tratamiento de la tenninología americana del parentesco resulta poco tranquilizadora. Goodenough habla de su «dialecto» como una for-ma de descontar el hecho de que eu comprensión del uso de la terminología del parentesco puede no corresponder a la mía. Es probable que con esta maniobra ya se escapen varios focos importantes de ambigüedad funcional en el cálculo cognitivo americano del parentesco. Por ejemplo, yo dudo mucho de que el que Goodenough (1965a, p. 206) use «my [írst cousin» tanto para Pa Pa Pa Sb Ch como para Pa Sb Ch Ch Ch y para Pa Sb Ch sea simplemente una variación dialectal o subcultural. ¿Es un principio cognitivo válido del parentesco americano el que «tirst cousin» no tenga que ser incluido en el corpus básico de términos de parentesco por no ser un lexema? Goodenough afirma que él resulta representativo de un gran número de americanos en su creencia de que a la pregunta «ls he your brother?» se puede contestar ..Yes, he is my half brother», pero no se puede contestar «No, he is my half brother.. (ibidem, p 265). Tales convicciones enmascaran el hecho de que muchos americanos tropiezan con díflcultades a la hora de aplicar térrnínos de parentesco a personas emparentadas, pero que quedan fuera del pequeño circulo de tipos de parientes con quienes mantienen habitualmente importantes transacciones ene. A este respecto, Schneider (1965a), que enfoca la cuestión del parentesco americano con una perspectiva más generosamente funcional, habla de ..límites difuminados y principios evanescentes» (ibidem, p. 291), mas sin extraer las consecuencias de esa evanescencia para una estrategia que es incapaz de incorporar la ambigüedad. Las suposiciones de Goodenough tendrían que ser sometidas a la prueba estadística, obteniendo las respuestas de muestras de azar de la población en condiciones normalizadas. Esto es especialmente cierto por lo que se refiere a algunos de los temas básicos que se supone subyacen a la construcción de la rejilla componencia1. Por ejemplo, se" pretende que un marido 508 Marvin Harris americano no puede repudiar al hijo de su mujer y conservar a la vez a su mujer (ibídem, p. 287). Pero en los círculos de la asistencia social sabe todo el mundo que tales casos se presentan frecuentemente en los tribunales de adopción. Evidentemente, no es posible dejar que la intuición decida a qué reglas se ajustan los americanos en general para reconocer en el metrimoníc los embarazos extramaritales. A. K. Romney y Roy O'Andrade (1964) han dado un paso potencialmente importante al usar muestras de estudiantes de escuelas secundarias para obtener listas de términos de parentesco y otras respuestas relevantes. Desgraciadamente, atentos sólo a encontrar el conjunto correcto de reglas. de conformidad con el modelo, lingüístico, no llegan a desarrollar todas las implicaciones de sus hallazgos. Así, en una de sus muestras, excluyen de su consideración los términos modificadores que se presenten asociados a un término núcleo con una frecuencia inferior al 25 por 100. Luego aún hacen otra simplificación adicional excluyendo las respuestas de aquellas sujetos cuyo uso de modificadores se ajusta a una pauta que no sea compartida al menos por el la por 100 de la muestra (ibídem, p. 156). Desechando de este modo las respuestas ..idiosincrásicas o variantes», llegan a la conclusión de que en la terminología americana ..cousin .. sólo toma un modificador: ..second.. (ibídem, p. 156, tabla 11). Ninguno de los intentos que hasta aquí se han hecho de definir los rasgos cognitivos básicos de la terminología americana del parentesco ha hecho concesiones a la posibilidad de que la ambigüedad sea una de las características más destacadas de este dominio. Wallace y Atkins (1960), Romney y D'Andrade (1964) y Goodenough (l965a) operan cada uno con un inventario diferente de términos básicos del parentesco americano. Otros tratamientos no coincidentes, como el de David Schneider (1965a) y Munroe Edmunson (1957), tienen también que ser considerados aquí para estimar todo el alcance de un problema con el que nadie se ha enfrentado. Conklin ha sugerido que lo mejor sería que los antropólogos americanos que no conozcan su terminología nativa den los pasos precisos para aprenderla. A este respecto les aconseja: una nota explicativa sobre «The mathematics of American cousinshlp.. en- una reciente edición de los Kroeber AnthropologicaJ Society Papers (Roark, 1961), cuya Intención es explícitamente la de resolver la frecuente ambigüedad y la falta de un conocimiento común entre los antropólogos americanos en lo referente a los pasos que se han de dar para computar los grados de los primos en inglés [1964, p. 34]. Tal consejo parece llevar una advertencia implícita en lo que concierne a las terminologías de los nativos en otras culturas: si ellos no saben lo que piensan, nosotros se lo enseñaremos. Con lo que ahora es uno quien ya no sabe si compartir evocaciones nostálgicas como la de Dell Hymes (1964a, página 34): ..Aquellas noches bebiendo cerveza y rompiéndonos la cabeza en el café del 'Arco Iris', en el limite de la reserva de Warm Springs, con Philip Kahclemet. la persona que mejor conocía y hablaba el wíshram.» En la misma línea está la experiencia de que da cuenta Anthony WaUace (1965, página 237), con su informante japonesa que se hacia acompañar por un La nueva etnografía 509 amigo para que «comprobara la exactitud» de sus definiciones de parentesco: «La infonnante nunca acabó de aceptar nuestra opinión de que su misíon era darnos sus usos personales: se sentía representante del Japón y pensaba que tenia que ser execte.» Entre los etnoseméntícos. Hymes se ha pronunciado contra la simple transferencia a fenómenos semánticos de orden superior de las técnicas de recogida de datos adecuadas para la fonémica y la gramática. Hymes piensa en una «etnografía del hablas que sería el antídoto contra esa falta de información sobre los contextos y las variaciones de la conducta verbal, falta de información que es producto de «la actitud implícitamente normetiva característica desde hace mucho de la teoría lingUística al señalar su objetos (1964a, p. 41). Acto seguido señala que la función primaria de la conducta verbal no siempre es la de conseguir el consenso sobre el sentido referencial. e) Desde el punto de vista de una teoría general del lenguaje y de su funcionamiento, es el caso que algunas de las funciones del lenguaje exigen una aproximación a la independencia del contexto, a la simple uniformidad y a la primacía de la or¡anlzación sobre la función de referencia, tres suposiciones muy comunes en la teoría lingüística descriptiva; pero otras funciones no exigen eso [ibidem]. Hay que esperar que las sugerencias de Hymes para situar el estudio de la conducta verbal en un contexto funcional más realista y más amplio reclban la atención que merecen. Mientras tanto, el fracaso de los etnólogos americanos en llegar a un acuerdo en el análisis de su propia terminología nativa, sumado a la evidente propensión de los etnoseméntícoe a aceptar la autoridad cognitiva del informante bien informado y a su evidente incapacidad para incorporar a sus teorías la posibilidad de la ambigUedad funcional, sugiere que la etnosemántica debe adoptar una posición más crítica ante sus propias suposiciones básicas. Los brillantes esfuerzos desperdiciados en colocar al primo segundo, al hermanastro y al biznieto en un único espacio semántico paradigmático redundan en una grave distorsión de los datos emic. Por 10 menos, las dificultades y las insuficiencias del tratamiento de la terminología americana constituyen una finne base para el escepticismo frente a los intentos de introducir en el estudio de los principales sistemas tenninológicos los numerosos refinamientos que sólo son posibles a costa de mezclar por la fuerza revueltos en un solo sistema ténninos para tipos de parientes que representan todos los matices pensables de la ambigüedad y de la importancia psicológica y social. XIX. LA PERSPECTIVA EMIC y LA CONDUCTA VBRBAL 1U!AL Hay que tomar en consideración la importancia que para la constrocclón de los análisis formales de la nueva etnografía tienen aquellas operaciones que para la obtención de sus datos recurren a situaciones artificiales. Esto significa que muchos de los datos básicos de la nueva etnografia consisten en afirmaciones verbales en las que las gentes dicen que! dirían en deter510 Marvin Barril m1nadas circunstancias hipotéticas e imaginarias. Como dice Frake (1961, página 63): «Dado un conjunto de nombres contrastantes de enfermedad, subsiste el problema de determinar las reglas que rigen la atribución de un nombre en vez de otro en una situación diagnóstica determinada.• Es deo cír, el problema del sentido referencial en tanto en cuanto éste es distinto del sentido abstracto (HARRIS, 1964a, p. 156). Por ejemplo. la mayoría de loa brasileños se muestran verbalmente de acuerdo en los contrastes a partir de los cuales se pueden construir las reglas para distinguir un «pretoe (negro) de un «brancc». Mas esas reglas resultan demostrablemente ínadecuadas para predecir cuándo un individuo concreto llamará a otro epreto» o «brenco•. En la vida real interviene todo un nuevo dominio de factores que moviliza cálculos muy alejados del espacio semántico de las categonu eraciales s. Como sugiere Hymes en la cita anterior, los análisis formales de la nueva etnograffa tienen un aire de escolasticismo, de gabinete, incluso en aquellos casos en que se restringen a la cuestión de las reglas que gobiernan los acontecimientos de la conducta verbal. Parece como si toda una generación de antropólogos no hubiera observado nunca cómo la gente vecila al hablar, cómo busca a tientas la palabra exacta, cómo miente, cómo se confunde y se enreda, ni tantos otros fenómenos ordinarios de la ccnducta verbal real. xx. LA PBRSPECTIVA BMIC y LA CONDUCTA NO VERBAL Mas la antropología social y cultural tiene una misión científica más amo plia que el simple estudio de lo que la gente dice que dirá. Queda aún la cuestión de lo que la gente dice que hará, y la de la relación entre eso que dice y lo que efectivamente, históricamente, hace. Ahora bien, cualesquiera dudas que puedan existir relativas a la adecuacién del modelo lingüístico para la conducta verbal, resulta obvio que la aplicación de ese mismo modelo a la conducta real todavía es más problemática. Pruebas, tanto lógicas corno empíricas, de muy diversas procedencias y culturas demuestran hasta la saciedad que las reglas emic de conducta constituyen una guía totalmente indigna de confianza para entender o predecir los acontecimientos históricos y las regularidades etíc en los subsistemas económico, social y político. Si se le dejara rienda suelta, la tendencia a escribir etnografías según las reglas emic de conducta terminarla por producir involuntarias parodias de la condición humana. Aplicada a nuestra propia cultura, describiría una forma de vida en la que los hombres se quitan el sombrero al pasar junto a las mujeres, los jóvenes ceden el asiento a los viejos en los transportes públicos, apenas hay madres solteras, los ciudadanos ayudan voluntariamente a los guardianes de la ley, el chicle no se pega nunca debajo de las mesas, los técnicos de televisión reparan los televisores, los hijos respetan a sus ancianos padres, ricos y pobres re. ciben igual tratamiento médico, todo el mundo paga sus impuestos,todos los hombres nacen iguales y los presupuestos del ejército no sirven más La nueva etnogra'fúl 511 que para mantener la paz. Aplicada a otras culturas, convertirla a la fami· lia china en una fantasía confuciana (FRIEn, 1953), se inventaría campesinos indios que morirían de hambre antes de hacer daño a sus vacas (HARRIS, 1966a), difundiría la idea de que los portugueses no tienen prejuicios raciales (HARRIS, 1964b, 1966) Y convencería a toda una generación de estudiantes de antropología de que los zuñi jamás se emborrachan (véanse pégínas 350 s.). Si el reciente estudio que Jules Henry ha publicado de la cultura americana es' mínimamente exacto, los antropólogos americanos tendrían que mostrarse particularmente escépticos ante todas las etnografías que den más importancia a las reglas de conducta que a las reglas para quebrantar las reglas. Comentando la inmensa cantidad de trapacerías y engañcs de los niños de las escuelas americanas, escribe Henry (1963, p. 205): _Una vida de adolescente honesto puede constituir una introducción mutiladora para muchos aspectos de la cultura contemporánea.• Aun concediendo que éste pueda ser un rasgo especialmente característico de la civilización industrial, no por ello deja de plantear una cuestión a la que seria necesario dar respuesta antes de intentar hacer las gramáticas universales de otras culturas. Tratando de demostrar que la gramática de los status y los roles normativos de los truk no es eun ejercicio de estéril formalísmo», Goodenough (1965b, pp. 19 s.) presenta el caso de un hombre que golpeó a su hija casada. Tal acto viola cinco de las seis reglas que Goodenough recoge en su «escala de deberes. emic: los padres truk deben arrastrarse o sentarse en el suelo mientras su hija casada esté sentada, deben abstenerse de iniciar ninguna acción, deben satisfacerla en todo lo que les pida, deben evitar hablarle con brusquedad y no deben pegarle nunca por mucho que ella les provoque. En lugar de desanimarse al ver cómo se quebrantaban todas eslas reglas ante sus propios ojos, Goodenough busca consuelo en el hecho de que la mujer en cuestión había estado a su vez quebrantando otra serie de reglas. -Su conducta malhumorada había estado poniendo nerviosos a sus parientes durante mucho tiempo [ ...]. e incluso se babia permitido _echar por- la mafwla temprano una bronca a su marido, de quíen sospechaba que acababa de llegar de una visita amorosa a su hermana de linaje en la puerta de al lado•. Así pues, si su padre la golpeó era un caso' de ejustícíe pcétíce », dice Goodenough: cUna buena paliza era exactamente lo que se merecía.. A mí me parece que Goodenough saca de este episodio una moraleja equivocada. Un fallo tan manifiesto de un conjunto de reglas en la predícclón de la conducta exige que se reescriban esas reglas. ¿Con qué frecuencia se daD esas paJ.izas? Y las señeras que las reclben ¿están de acuerdo con el antrop610g0 en que una buena paliza es exactamente lo que les hace falta? XXI. LA PD.IPIICTIVA Byte y LA cIENCIA DB LO TIlMAL Aludiendo a los logros de la etnoseméntica enumerados por Frake (l964b, p6gIna 143), escríbe Berreman (1966, p. 351): l12 Marvin Barril Ninguna de estas descripciones, sean cuales fueren sus virtudes puede en si misma considerarse verdaderamente importante [ ...I Nos recuerdan la advertencia de Milis en el JeDo udc de que muchos sociólogos han negado a un punto en el que, en su búsqueda de algo que sea verificable, pasan por alto lo que es importante [ ... ] Muchos han trabajado tanto en lo que es trivial que consi¡uen Que parezca importante [ ... ] No es accidental que el análisis formal haya sido criticado tantas veces por su preferencia por las cosas triviales (KEESING, 1966, p. 23; SWEET, 1966, páginas 24 s.). Probablemente sólo en acontecimientos estadísticamente insig. nificantes y científicamente triviales la conducta se puede predecir a partir de un pequeño conjunto de reglas emic. La insistencia de Frake, ConkIin y Goodenough en poner la "adecuación o aceptabilidad lO en lugar de la predecibilidad entre los cánones de la buena etnografía probablemente no es nada más que una admisión tácita de este dilema. El problema no es que la conducta no esté gobernada por ídeologtaa, planes, mapas, reglas y temas cognitivos. Como esos fenómenos se desarrollan dentro de las cabezas de las gentes, en gran abundancia y a toda clase de niveles, conscientes (WAlUl, 1965), preconscientes e inconscientes, con muy diversos grados de fuerza y persistencia, y en toda clase de combinaciones lógicas e ilógicas, racionales e irracionales, seria muy improbable que en algunos niveles, en algdn grado y en alguna combinación los acontecimientos de la conducta no se basaran en o fueran al menos acompañados por alguna forme de cálculo cognitivo. En todas las sociedades, las manifestaciones concretas de la conducta, verbal o no verbal, son resultado de complicadas interacciones de personalidades concretas, cuyos repertorios de reglas, y especialmente de reglas para quebrantar las reglas, con frecuencia parecen tener muy poco en común. A menos que los nuevos etnógrafos sean una casta aparte, a su edad seguramente se habrán dado cuenta de que sus vidas han consistido en buena parte en tratar de resolver qué reglas necesitan para vivir por ellas o, lo que viene a ser lo mismo, qué reglas necesitan para aducirlas en cada ocasión particular. No hay nada que indique que en la condición normal de la vida social predomine la conformidad con las normas emic. El juicio expresado por Rugo Nutinl (1965, p. 723) según el cual los modelos mecénicos (o sea, los modelos construidos de acuerdo con la conducta ideal) «sen siempre superiores a los modelos estadfsticos ... (esto es, a los modelos construidos según la conducta real) está peligrosamente desprovisto de fundamentos empíricos (véanse pp. 431 s.). No hay pruebas que indiquen que .en las condiciones culturales adecuadas... (sean éstes las que fueren) eel solapamiento de las conductas ideal y real tenderá al limite ideal... (ibidem). An· tes al contrario, lo que hay es una abundante bibliografia, tanto en antropología como en las disciplinas próxímas, que indica que las nbnnas emie y los acontecimientos etíc nunca coinciden totalmente y que con frecuencia la principal función de las nonnas es ocultar la realidad etíc. Un caso extremo es la sugerencia de Marshall Sahlins de cómo resolver la «paradoja de E. P.... (Evans-Pritchard) según la cual entre los nuer hay una relación inversa entre adhesión a la agnación en teoría y adhesIón a la agnación en la práctica: eBntonces el dogma agnático sólo puede ser reforzado incrementando la contradicción con la pertenencia al grupo de parentesco, y la La nueva etnogratía 513 ideología asume la función que Mannheim le atribuyó de impedir que la gente conozca lo que está pasando en el mundos (SAHLINS, 1965, p. 105). Me apresuro a dejar constancia de la existencia de algunos intentos recientes de conectar el análisis formal con generalizaciones socioestructurales o comparativas. Pero, sumado todo, parece que la contribución de esos intentos a la teoría sustantiva es menor de la que usualmente podría esperarse de esfuerzos equivalentes. Por ejemplo, la conclusión de Conklin de que la especialización de los hanun60 en términos para primos refleja la escala de multas de acuerdo con los grados del incesto, no necesita en realidad el elaborado aparato descriptivo con que Conklin la presenta (1964, página 48). XXII. EL EJEMPLO DE LA TBRMINOLOGIA CROW Entre los analistas formales, la más ambiciosa pretensión de importancia sociológica ha sido formulada por Floyd Lounsbury (1964; 1965). Lounsbury sugiere que como mejor se entienden las terminologías de parentesco crow y amaba, y sus variantes, incluida la trobriand, es considerándolas como expresiones de la extensión de categorias terminológicas de la familia nuclear a otros tipos de parientes sobre la base de lo que él llama «sucesión de status •. Es la sucesión en status tales como «cabeza de familia, otras postciones en el grupo doméstico, cabeza de linaje o de la corporación basada en el parentesco, cargo político hereditario, cargo religioso. (1965, p. 38), la que explica la supeditación de las distinciones generacionales caracteristica de las terminologías crow y amaba. Lounsbury presenta este principio como opuesto al aceptado por Leach (1958), derivado de Radclíffe-Brown, suscríto por Lowie, Murdock y White y en último extremo atribuible a Morgan, según el cual las terminologías crow y amaba reflejan ante todo y sobre todo al alineamiento de las personas en grupos unilineales. En primer lugar hay que decir que la interpretación de Lounsbury no contradice en ningún aspecto el principio de la solidaridad del linaje. Antes al contrario, sus «sucesíonee de status. pueden considerarse como una medida del grado de corporatividad del linaje. Mas en realidad Lounsbury no está interesado en su análisis como un medio de descubrir los ingredientes causales en la evolución de los sistemas de parentesco. Lo que realmente trata de demostrar es que, dadas las terminologías de tipo crow, resulta posible escribir reglas de extensión de los términos de parentesco de la familia nuclear que «explicarían. todo el sistema, Esas reglas dan cuenta de toda la tenninologfa, mientras que el principio de la solidaridad del linaje sólo da cuenta del grueso de los términos, dejando ciertos residuos que son anómalos (como el hecho de que algunos tipos crow llamen al hermano de la madre del padre de ego con el término general de abuelo v, no padre) (ibidem, p. 365). Mas que una explicación sea más completa no ccnstituye una prueba legítima de su adecuación teórica. Lounsbury juega con ventaja añadiendo una tras otra nuevas reglas de transfonnación hasta que llega un momento en el que ya ha tenido en cuenta todos los rasgos del 514 Marvin Harru caso particular. Al escribir sus reglas, Lounsbury se ha esforzado por no emplear un principio extensíonal que incorpore explícitamente el principio de la solidaridad del linaje o dependa de él. Al rechazar ese principio establecido de la solidaridad Lounsbury no se toma la molestia de averiguar si los fenómenos terminológicos que éste no explica son tal vez sociológica o estadísticamente insignificantes, o semánticamente ambiguos, o si quizá se podría conseguir con sólo adiciones menores que el principio los explicara. Como hemos visto, la terminología amaba de los bathonga es ambigua en cierto número de puntos. Otras manifestaciones similares tienen para Loun.. bury una significación sociológica aparte. Además. aunque admite una correlación general entre el principio del linaje y las terminologías crow y omaha, Lounsbury se complace en subrayar el hecho de que hay cinco cesos anómalos en los que la terminología crow aparece asociada a la ñlíecíen patrilineal (ibidem, pp. 354 s.). Mas no trata de estudiar esos casos a la luz de sus especiales circunstancias, pues si lo hubiera hecho habría visto que por lo menos en tres de ellos resulta posible una interpretación perfectamente compatible con el príncípío del linaje. XXIII. TRaS CASOS BTNOGRAFICOS Los tres casos merecen nuestra atención porque son representativos de lo que ocurre cuando las supersofisticadas técnicas del análisis forma! se eplícan a materiales poco confiables. Lounsbury (1964, p. 388) cita a Murdock (1946, p. 168) como fuente de tres de los cinco casos en que los términos crow aparecen con filiación patrilineal y residencia patrilocal. Son los bao chama de Nígería, los koranko de Sierra Leona y los seniang de las islas Salomón. Lo primero que tenemos que hacer es dejar perfectamente claro que la definición que Murdock da de una terminología crow no tiene demasiado que ver con lo que Lounsbury quiere someter a su análisis formal. Para Murdock, la forma crow existe cuando los primos cruzados se distinguen de los primos paralelos y de los hermanos, mientras que la hija de la hermana del padre es clasificada con la hermana del padre y/o la hija del hermano de la madre es clasificada con la hija de la hermana (MuRDocJ::, 1949, p. 224). Con esto no se dice nada sobre el tratamiento que se da a los términos del tío y de la tía, ni respecto a la relación del uno con el otro. ni respecto a su relación con el término de la madre y el término del padre; y poco sobre la relación de esos términos de tia y t1a con los términos de los hermanos y con los términos de los primos. volviendo a los bachama en la fuente original (MEEK, 1931, pp. 18 ss.). nos encontramos no sólo con que para la hermana del padre y para la hermana de la madre se usa un mismo término, sino también con que para el hermano del padre. y el hermano de la madre se usa un mismo término. Peor todavía: los términos que se usan para los dos tipos de abuelos y de abueIas son los mismos que se usan para el tío cruzado y para el hermano mayor del padre. Y por lo que se refiere a la patrilinealidad de los bachama, Meeck (ibidem, pp. 15 ss.) dice de un modo totalmente claro que opera La nueva etnografía 515 una fonna de doble filiación: que el hijo de la hermana hereda los caballos, las cabras, los vestidos, el dinero y el ganado y la viuda del hermano de la madre o el precio de novia que se pagó por ella, así como las cosechas que están en sus campos y el contenido de sus graneros; y que el sistema estaba en transición con rasgos claros de una forma anterior en la que todavía era mayor la importancia del «matriarcado.. y que «el sentido del parentesco con la familia de la madre era en los tiempos antiguos indudablemente mayor que el del parentesco con la familia del padre.. (ibidem, página 16). Pasando a los koranko (véase THOMAS, 1916) nos encontramos con que a la hija de la hermana del padre no se la nombra con el mismo término que a la hermana del padre, aunque el resto de las condiciones de Murdock sí se cumplen. Así, el sistema sólo puede aceptarse como crow invocando el y/o de la definición. Pero lo que resulta increíble es descubrir en el contexto del refinado análisis presentado por Lounsbury la presencia de este ejemplo etnográfico. La terminología koranko aparece en una tabla que recoge sinópticamente los sistemas terminológicos de ocho pueblos de Sierra Leona. La única afirmación específicamente relacionada con la ñlíacíén y la residencia posnupcial koran.ko es esta que sigue: «La filiación se computa por línea de varón y no hay rastros claros de la existencia de matrimonios matrñocales. aunque algunas costumbres relacionadas con el nacimiento parecen sugerirlo» (ibidem, p. 107). El nivel etnográfico de la descripción de Thomas resulta inaceptable (salvo para usar sus resultados en una muestra estadística, v. g.j. y cualquier intento de resolver una cuestión teórica importante basándose en lo que sabemos de los koranko no es más serio que tratar de hacerlo recurriendo a la escapulimántica. Finalmente, Lounsbury cita a la división seniang de Malekula, a la que se ha llamado «un pueblo evanescente de las Nuevas Hébridas... Es importante señalar que no sólo los seniang se habían visto ya afectados por la peor clase de colapso biocultural en el momento en que A. B. Deacon los visitó (1934), sino que además la monografía a ellos dedicada no la escribió A. B. Deacon, sino Camilla Wedgwood, usando las notas de campo de Deacon. De ella son estas palabras: r...] debe decirse que lejos de encontrar en la Bahfa del Sudoeste una lOdedad viva, lo que Deacon encontró fueron sólo unos pocos supervivientes de diversos distritos. En consecuencia, le fue imposible- estudiar la vida social, económica y religiosa de una sociedad viva, y en lugar de eso tuvo que adquirir su conocimiento de lo que esa vida había sido en otros tiempos por el método tedioso, y no siempre totalmente confiable, de preguntar a loa viejoa [1934, p. XXXII]. Los seniang satisfacen los criterios que Murdock impone a la terminología crow. La hija de la hermana del padre es clasificada junto con la hermana del padre, y el hijo del hermano del padre junto con el padre. Pero no hay información relativa a los términos que usan para los hijos de esos primos cruzados. Por esta laguna y por otras similares no es fácil decir hasta qué punto se ajustan realmente a la pauta CI"OW. Por le menos hay una anomalía: Wedgwood pone especial atención en el hecho de que para el 516 Marvin Harris padre del padre del padre del padre se usa el mismo término que para el hermano mayor y probablemente para el hijo del hijo del hijo del hijo se emplea el término del hermano menor. Sobre la base de esta terminología no puede concluirse que existieran clanes matrilineales o matrflccales, aunque se ha de admitir que tampoco parece una prueba tan decisiva de la existencia de los pretendidos principios patrilineales y patrilocales. Hay toda clase de razones para rechazar la validez de Malekula como ejemplo negativo de la correlación en cuestión. Los vecinos newun, con los que los seniang se casan y que reconocen la filiación en patriclanes localizados, clasifican a la hermana del padre junto con la hija de la hermana del padre, pero además para la madre usan un término con la misma raíz. Esa clasificación de la madre, la hermana del padre y la hija de la hermana del padre bajo un mismo término se repite en muchos otros grupos de Malekula, incluidos los lambumbu (DEACON, 1934, pá. gina 98), los senbarei tíbíáem, p. 121), los uripiv (ibidem, p. 124), nesan, uerik, bangasa y niviar (ibídem, p. 125) Este es un rasgo que nada tiene de crow y que ciertamente no está previsto en los subtipos de Lounsbury. Hay que mencionar que entre los pueblos del norte, lambumbu (ibídem, p. 101) Y lagalag (ibidem, p. 110), aparecen inesperadamente huellas ciaras de doble filiación, aunque en ningún lugar disponemos de una descripción confiable sobre las relaciones con los parientes rnatrilineales. Tanto Deacon como Wedgwood estaban convencidos de que Malekula había sido invadida por una sucesión de diferentes culturas. de las que las últimas eran vígoroeemente patrilineales. La medida en que esto pueda haber oscurecido la observación de verdaderas agrupaciones matrilineales entre los semiang no se puede establecer. Igualmente dudosa, visto el naufragio cultural con que tenía que trabajar, es la capacidad de Deacon para haber obtenido información de esa naturaleza, incluso si se le hubiera ocurrido que, dada la importancia de las tendencias patrilineales que él atribuía a toda la isla, la terminología crow de los primos requería especial atención. De cualquier modo, un extremo sí queda claro: que tampoco éste es un buen ejemplo de nada. XXIV. LA BUSQUBDA DB LA BLBGANCIA FORMAL La prueba crítica de las tesis de Lounsbury relativas a la insuficiencia del principio de la solidaridad del linaje depende de la cuestión de si puede escribirse un conjunto de reglas emic que se basen en el principio del llna[ e, o que lo incorporen, y que resulten tan productivas y tan económicas como las de Lounsbury. Allan Coult (1968) asegura haberlo logrado. Pertíendo de un conjunto de principios propuesto originalmente por Tax (1955a; original, 1937) y aftadiendo el principio de la solidaridad del linaje, Coult asegura que él «explica» todos los rasgos que «explica» Lounsbury y que lo hace de una manera más simple y más elegante. Coult elimina las anomalías en la relación entre pertenencia al linaje y confusión terminológica, aplicando principios lógicos en lugar de sociológicos: «Los términos apli· La nueva etnografía 517 cados a dos parientes de fuera del patrilinaje propio y del patrilinaje de M. se determinan de acuerdo con los términos aplicados en esas dos líneas y la aplicación de los principios de sucesión uniforme y de recíprocos uníformes » (COULT, 1968, p. 11). Mas la importancia del logro de Coult no puede juzgarse por esos criterios exclusivamente formalistas. Como el propio Coult lo dice: «Una buena teoría tiene que estar formulada de tal manera que no sólo pueda predecir los fenómenos empíricos, sino que también exponga abiertamente en base a qué razones los predice» (ibidem, p. 10). Es decir, que, como sosteníamos antes, una buena descripción etnográfica debe estar relacionada con un corpus de teoría explicativa. «De hecho, Lounsbury no tiene ninguna teoría, sino sólo un mero conjunto de relaciones empíricamente observadas» (ibidem, p. 11). xxv. LA NUEVA VIEJA ETNOGRAPIA El análisis formal quiere presentarse como un movimiento nuevo y revítalizador cuando en realidad es el último de una serie de intentos del idealismo cultural por intensificar la adhesión de la antropología .cultural "l. las estrategias de investigación emic. El «nuevo enfoque de la etnografía» que Sturtevant (1964, p. 9) se atreve a llamar «la nueva etnografía» ocupa así una posición histórica definida y muy comprometida de la que sus practicantes no parecen darse cuenta. En un sentido no banal, esto no es la nueva etnografía, sino la nueva vieja etnografía. Es una versión mejor operacionalizada, pero más limitada, de una estrategia de investigación que ya se ha demostrado incapaz de resolver las principales y más sustantivas cuestiones de las ciencias sociales. Al juzgar la pretensión de novedad de la etnosemántica hemos de recordar el hecho de que casi todas las escuelas teóricas mayores de la antropología han dedicado lo más de su'> esfuerzos investigadores a alguna modalidad de análisis emíc. Las principales Jíneas históricas de influencia las hemos expuesto en los capítulos precedentes. Aquí debe bastarnos simplemente con recordar la herencia de la que Lowie llamaba escuela de filosofía del sudoeste de Alemania -Windelband, Dilthey, Rickert- a través de la cual penetró en la antropología contemporánea el racionalismo del siglo XVIII y el idealismo en su versión culminante hegeliana (véase capitulo 12). En el siglo xx, muchos portavoces eminentes, representantes de posiciones teóricas nominalmente muy variadas, han exhortado a los antropólogos a conceder prioridad a los análisis emic. Entre los boasianos, la ya citada opinión de Lowie era típica. Lo que el etnógrafo tiene que hacer es entender la «verdadera intimidad» de las creencias y de las prácticas de las gentes que él estudia. El etnógrafo no tiene que limitarse simplemente a registrar la práctica del infanticidio o del canibalismo. Si no registra también la forma en que sus informantes reaccionan ante esas prácticas, ha fracasado en su tarea (véase p. 316). A Kluckhohn (1949, p. 300) se le puede considerar representante de otro 518 Marvin Harris amplio espectro de antropólogos americanos: «La primera responsabilidad del antropólogo es recoger los acontecimientos tal y como los ven las gentes que él está estudiando.» Malinowski, en The argon.auts, escribió del «objetivo final, que el etnógrafo nunca debería perder de vista»: Este objetivo es en pocas palabras, captar el punto de vista del nativo, su relación con la vida, llegar hasta su visión de su mundo. Estudiar las instituciones, las costumbres y los códigos, o estudiar la conducta y la mentalidad sin el deseo subjetivo de sentir Qué hace vivir a esas gentes, de entender la sustancia de su felicidad. eQUivale en mi opio ni6n a renunciar a la mayor recompensa que podemos obtener del estudio del hombre [MALINOWSKI, 1961, p. 25]. Por otra parte, aunque David Schneider (1965c, p. 38) contrapone la posición de Radcliffe-Brown en el estudio de la estructura social a la posición de Needham, Lévi-Strauss y Homans, la herencia común que tanto los funcíonalistas estructurales como los estructuralistas tienen de Durkheim marca a ambos grupos con una tendencia erníc. La dedicación dominante de los antropólogos sociales británicos al análisis de la filiación, la afinidad, la descendencia, la alianza prescríptíva y preferencial, basta para dejar establecido el carácter emic de sus intereses de investigación. Por otro lado, como ya vimos, Lévi.Strauss y Needham han elevado la idea de Durkheim de las «representaciones colectivas.. a las más puras cumbres del mentalismo. Como Schneider señala, para Needham hasta la cuestión del orden social es una cuestión de congruencia lógica y simbólica. Aunque Needham escriba sobre grupos «pragmáticamente distintos .., «pragmáticamente.. sólo tiene sentido si significa «conceptualmente distintos .., y esto a su vez sólo puede significar que un nativo hablará de ello. La ficción de una ficción de la imaginación de un nativo bastará (ibidem, p. 39). XXVI. cONVBRGBNCIA EN EL MENTALISMO Sin embargo, es un hecho de la mayor importancia que la propensión emic de la nueva etnografía cobra su vigor de la infusión de un mentalismo que tiene orígenes más recientes. En la nueva etnografía se da una confluencia de los intereses de un enfoque emic más antiguo, empático y humanista, con un mentalismo nuevo, más limitado y menos humanista, cuyo desarrollo empezó en la lingüística. Hymes, siguiendo su desarrollo, cita a Sapir y a Olla escuela de Yale, la distribución complementaria, los rasgos distintivos de Jakobson y la gramática generativa de Chomsky.. (l964a, p. 10). El modelo lingüístico también ha ejercido influencia entre los antropólogos franceses y británicos, a los que ha conducido, en notable convergencia, hacia una estrategia emic en la que la lógica y la razón han ocupado el sitio del sentido emocional. En Europa, y también por la influencia específica de Jakobson, ha sido Lévi-Strauss el que ha abierto el camino a esta nueva forma de idealismo (HYMES, 1963; 1964a, p. 15; 1964b). Aunque la imagen que el análisis formal gusta hacerse de sí mismo sea la de una «ciencia fuerte», su paralelo más exacto lo tiene en la posición estructuralista de Léví.Strausa, cuya esencia queda perfectamente recogida en la inspirada frase de «marLa nueva etnografla 519 xismo zen» (véanse pp. 443 ss.). Para Lévi-Strauss, como para los emoseméntícos. el modelo de todo análisis cultural debería ser un modelo lingüístico casi matemático: «Del lenguaje puede decirse que es una condición de la cultura, porque el material del que el lenguaje está hecho es del mismo tipo que el material del que está hecha toda la cultura: relaciones lógicas, oposiciones, correlaciones, etc.» (UVI·STRAUSS, 1963a, p. 68). Esta opinión tiene su paralelo exacto en la imagen que Frake se hace de la etnografía: [... ] la lini\iística descriptiva no es más que un caso especial de etnografía, ya que su campo de estudio, los mensajes verbales son parte integrante de un campo mayor de actos y artefactos socialmente interpretables. Es de todo este campo de mensajes, íncluida el habla, de lo que se oeupa el etnógrafo. El etnógrafo, como el lingüista, trata de describir un conjunto infinito de mensajes diversos, como manifestaciones de un código finito, código que es un conjunto de reglas para la construcción e interpretación de mensajes sociahnente aprobados [19Mb, p. 133]. Como se verá, el «increíble ingenio. (SAHLINS, 1966) de Lévi.Strauss al descubrir las estructuras mentales ocultas de la sociedad es el análogo francés de la exhortación de Frake (1964b, p. 133): «Debemos entrar dentro de las cabezas de las gentes que estudiarnos.» Y si se toman en consideración las objeciones que se han hecho relativas a la falta de validación estadistica de las estructuras mentales que la etncsemántica ha tratado de descubrir, la distancia entre Lévi-Strauss y la nueva etnografía todavía se halle menor. La justificación que Lévi-Strauss (1953, p. 528) hace de los llamados modelos mecánicos tiene su paralelo en los argumentos que los etnosemánticos aducen para justificar su nula atención a la validación estadística y al valor predictivo de sus reglas, Como ya he señalado, el mentalismo de Lévi.Strauss y de sus colegas americanos se aparta de los enfoques emíc anteriores en que centra su atención en las funciones lógicas de la mente y no en los componentes emocionales e irracionales. «Léví-Strauss rechaza categóricamente el recurso a la afectividad o a la emoción. La emoción es vaga, mientras que la estructura es precisa; la emoción es meramente sentimental, mientras que la estructura es lógica» (SAHUNS, 1966, p. 136), Similar impUcito desdén por las emociones que puedan sentir las gentes caracteriza también a la emcseméntrca. Para una generación de antropólogos americanos, la perspectiva emic se proponía el descubrimiento de los complejos psicológicos inconscientes que se suponfan subyacentes a la conducta ideal y real. Mas el modelo lingüístico no tiene manera de incorporarse el conflicto freudiano entre el íd.' el ego y el superego. Más fácil sería exprimir sangre de una piedra que extraer de la presentación «algorítmica, que Hammel ha hecho del parentesco comanche los tipos de emociones que los comanches sentfan en presencia de sus hermanas y de sus madres. Realmente sí que es _una nueva experiencia para los antropólogos ésta de que se les presente un análisis que «no pretende ofrecer soluciones que tengan necesariamente importancia sociológica, psicológica o histórica [ ... ]lO (HAMMEL. 1965, p. 104). XXVII RETORNO A PUTON Otro ingrediente nuevo del enfoque etnosemántico es su insistencia excluyente en que la antropología tiene que ser emic si es que quiere ser algo. Aunque nuestra perspectiva siempre haya estado dominada por el idealísmo y por el mentalismo, tradicionalmente esto se combinaba con un eclecticismo que permitía que por lo menos uno de los pies del antropólogo tacara de vez en cuando el suelo. En el pasado, las adhesiones a la perspectiva emic rara vez han sido tan estridentes, tan insistentes y tan sectarias. Los antiguos programas idealistas y mentatístas eran en la práctica capaces de describir, sobre la base de acontecimientos históricos concretos, los sistemas tecnoeconómicos, sociales y políticos, y estaban interesados en describirlos. Mas en la nueva etnograffa la cultura es un sistema intemporal de categorías lógicas. El historicismo de Hegel, que era el único rasgo que le salvaba, ha sido abandonado en favor de una dialéctica idealista sincrónica conocida como «anélísts de rasgos distintivos». Aunque los emoseménticos se hagan la ilusión de estar obteniendo sus conocimientos de nuevas fuentes de sabiduría, incluso como idealistas han dado un gigantesco paso atrás. Así, según Goodenough: El gran problema de una ciencia del hombre es el de cómo pasar del mundo objetivo de la materialidad, con su variabilidad infinita, al mundo subjetivo de la forma tal como éste existe en lo que por falta de un término mejor, tenemos que llamar los espíritus de nuestros congéneres humanos l.. ] En mi opinión, la lingüística estructural nos ha hecho conscientes por lo menos de la naturaleza de ese mundo, y se ha esforzado por convertir esa conciencia en un método sistemático [1964a, p. 39J. La idea de que el mundo objetivo de la materialidad representa el bosquejo de las formas que existen en la mente nos lleva hacia atrás hasta la caverna de Platón. Goodenough no se apercibe de que, aunque la materialidad sea infinitamente compleja, tal condición no ha inhibido el desarrollo de la generalización en ninguna de las otras ciencias y que ninguna de ellas se ha puesto tampoco a buscar mundos subjetivos de formas. Por otra parte, como ya indiqué, si el mundo subjetivo de la forma les parece menos infinitamente variable, es porque los etnoseméntícos han ignorado la variabilidad que todos sabemos que existe. Con este rechazo del mundo material como demasiado complejo, Goodenough refleja una opinión que muchos como parten (más en sus conversaciones que en sus publicaciones), a saber: la de que la etnografía tiene que ser em¡c, y emic en el nuevo sentido Iingüístíco. si es que quiere ser algo. Efectivamente, algunos emcseméntícos insisten en que el campo de la cultura sólo es definible en términos emic: «De hecho, me cuesta trabajo imaginar un hecho, un objeto o un acontecimiento que pueda ser descrito como un artefacto cultural, como una manifestación de un código, sin. alguna referencia a la fonna en que la gente habla de él- (FRAKE, 1964, p. 133). La nueva etnografía XXVIII. LAS CULTURAS NO SON SOLO CODIGOS 521 ¿Son todos los artefactos culturales actos, objetos o acontecimientos concebibles sólo, como Frake pretende, como manifestaciones de un código? Refiriéndome a nuestra anterior discusión sobre la variación y la ambigüedad, permítaseme añadir que los actos, los objetos o los acontecimientos relevantes para la conducta humana rara vez expresan una regla o unas pocas reglas de un código. Algunos ejemplos pueden ayudarnos en este punto. Entre los bathonga hay una marcada tendencia agnática con la regla de que los hermanos y los hijos mantengan sus familias en o junto al conjunto de casas de su padre. Otras reglas adicionales establecen el orden en que tienen que casarse los hermanos y los hijos, la distribución de los recursos destinados al precio de la novia, el tratamiento de las coesposas y de los hijos menores. Hay también reglas adicionales que se refieren a cómo hacer brujería, a cómo hacer acusaciones de brujería y a cómo reaccionar ante esas acusaciones. Otras reglas más indican lo que tiene que hacer un hombre para tener éxito en la vida, la importancia del matrimonio poliginico y la importancia de tener muchos hijos. Todas estas reglas se relacionan a su vez con las reglas sobre cómo tratar a los antepasados con el debido respeto y la debida atención. Ahora bien, un rasgo etic normal de la vida bathonga es que los linajes locales se fisionan en cuanto la población suma entre 100 y 200 personas, que esa ruptura va seguida de la fundación de un nuevo poblado con un hijo menor y la madre de éste como centro, y va acompañada por toda clase de expresiones hostiles. inclusive acusaciones de brujería que violan las reglas de la solidaridad del linaje, pero que dan al joven fundador una posibilidad de alcanzar en la vida y en el matrimonio una medida de éxito que de ningún otro modo podría lograr. Contemplar el acontecimiento de esa fisión como resultado de la intersección de todos los códigos que posiblemente habrán influido en la conducta de los agnados, de los hermanos mayores y menores. de las mujeres mayores y menores, cuando cada uno se haya enfrentado a su manera con el problema de qué regla tenía que aplicar o cuando las reglas en sí mismas se hayan enfrentado y entrecruzado a un nivel inconsciente, convirtiéndose en una enmarañada madeja de culpa y ansiedad en cada uno de los actores, querer enfocarlo y contemplarlo así es un empeño sin esperanza. La fisión del poblado bathonga es un acontecimiento cultural y no es concebible en un sentido operacional como manifestación de un código. Por el contrario, sí que es simple y clara y operacíonalmente concebible como un fenómeno etic en el que el ritmo de la fisión no expresa un código mental, sino la densidad y la necesaria dispersión de la población animal y humana en las condiciones tecnciecológicas del sur de Mozambique (HARRIS, 1959b). Un ejemplo similar y muy cuantificado se encuentra en el estudio de Roy Rappaport (1966) de la relación entre bosque secundario, producción de batata, población humana y porcina, guerra y festivales que incluyen enormes matanzas de cerdos entre los maring de Nueva Guinea. Cada una de estas actividades tiene sus reglas emíc, y esas reglas se entrecruzan en nu522 Marvin Harris merosos puntos. Los cerdos tienen que ser alimentados con batatas de baja calidad. Pero a medida que la población porcina va aumentando, los cerdos van requiriendo cada vez más cantidad del trabajo que se invierte en la producción de la batata. Ninguna regla entre los maring dice que los cero dos tengan que multiplicarse hasta un punto en el que se conviertan en una amenaza para la ración calórica humana. Mas sin especificar las regularidades etic cíclicas en la proporción entre cerdos, personas y tierras de cultivo, no es posible describir adecuadamente (es decir, no es posible describir estableciendo una conexión con un corpus de teoría diacrónica y sincrónica) la etnografía de la guerra y de los banquetes maring. Entre los etnoseméntícos. Frake ha llegado a intentar estudiar la interacción entre un grupo humano y su hábitat en términos primariamente emic. Señalando que entre los subanum no existe ninguna regla explícita que puedar dar cuenta de sus pautas de poblamiento, Frake se dispone a derivar una regla implícita, producto de la intersección de un cierto número de «principios totalmente explícitos sobre las relaciones deseables entre casas y campos» (Ibídem, p. 56). Frake presenta su análisis como una propuesta metodológica y por eso parte de tomar como datos los principales rasgos del sistema agrícola, mas asegurándonos que esos datos, por ejemplo, el que todos los años se hagan nuevas rozas, podrían obtenerse también reelizando un cálculo de decisiones individuales émicamente motivadas. A continuación ofrece las tres reglas emic con las que se puede lograr una eexpltcacíóns vemíc de las pautas de poblamiento: mínimo número de límites con la vegetación silvestre, mínima distancia de la casa al campo de cultivo y máxima distancia de una casa a otra casa (ibidem, p. 56 s.). Mas estas reglas, incluso añadiéndoles los datos de grupos de trabajo no mayores que la familia nuclear y del desplazamiento anual de la ubicación del campo en que se invierte más trabajo, son manifiestamente incapaces de predecir (que no es lo mismo que explicar) la distribución espacial de las casas de Subanum. Incluso si todos los habitantes aplicaran a la vez las mismas reglas, sería imposible que todos obtuvieran los mismos resultados en términos de tamaño de la unidad doméstica, tamaño de las parcelas y productívídad de las parcelas. En algún momento, las regfas emíc deben enfrentarse a la realidad etie de cuánto se produce en unas condiciones tecaoeconómícas dadas, Por muchas otras cosas que se puedan tomar en consideración, resulta evidente que los rendimientos decrecientes por cantidad de trabajo invertido tienen que tener una importancia eminente en la fórmula etic que gobierna los cambios de residencia de los agricultores de rozas. Resulta sintomático del mentalismo y del formalismo de los etnosemánticos el que Frake no describa las pautas electivas de dispersión de las casas. La descrípcíón de una pauta asf, que nos infonnara de la estabilidad o del cambio a largo término en relación con el tamaño de la población y con los factores de producción, valdría por un millar de- reglas emic. Las pautas de poblemiento de Subanum, una característica distribución de las gentes en una determinada porción de la tierra, son un artefacto cultural. Y no es necesario, y además ea.imposíble, derivar esas pautas sólo de los principios emíc, La nueva etnografía 523 explicitas o implícitos, por los que los subanum piensan que se gobiernan sus vidas. En el nordeste del Brasil, los padres de familias campesinas aceptan las reglas, vigentes en todo el Brasil, que subrayan la importancia del parentesco y del compadrazgo. El tamaño de la familia, sumados los parientes que forman la unidad doméstica y la red total efectiva de la parentela, varía de unos quince o veinte a más de un centenar, según la clase. En los poblados son los campesinos que mayor éxito económico han tenido los que tienen más parientes. Mas a diferencia de 10 que ocurre con sus análogos en las clases altas metropolitanas, el círculo de parientes que rodea a esos campesinos está dedicado a consumir su riqueza en vez de ayudarle a consolidarla. Es un hecho cultural que la presión que se ejerce sobre el campesino brasileño para moverle a ampliar su familia reduce sus posibilidades de movilidad ascendente. Mas yo desafío a los etnosemánticos a que encuentren la regla ernic que vincula las familias numerosas y el rnantenímiento de la pobreza. El problema se puede formular en términos mas amplios: ¿es la pobreza de las masas campesinas del mundo un artefacto cultural? Si lo es, y resulta difícil pensar que alguien pudiera negarlo, ¿hemos de imaginar que esa pobreza es el resultado de un conjunto de reglas emic a las que los pobres se aferran obstinadamente? XXIX LA ETNOSEMANTICA y LA ARQUEOLOGIA Finalmente hemos de hacer un comentario sobre la relación entre la etnosemántica y el enfoque diacrónico de los fenómenos socioculturales a través de la etnología, la historia, la arqueología y el método comparativo, La etnosemántica puede ser capaz de hacer descripciones válidas de los sistemas socioculturales contemporáneos y, dentro de ciertos límites. descripciones útiles. Mas el modelo lingüístico es todavía menos capaz que el modelo empleado por los funcionalistas estructurales británicos en lo referente a hacer descubrimientos sobre el contenido de la historia y la naturaleza de los procesos históricos. Si la antropología ha de tener un componente diacrónico, ese componente no puede consistir en un inventario de reglas cognitivas. La razón de esto es que para la mayor parte de la historia humana no tenemos ningún medio de llegar al interior de las cabezas de las gentes en la forma propuesta por Frake. Pero, incluso si lo tuviéramos, seguiríamos enfrentándonos con una dificultad insuperable. La porción aro queol6gicamente recuperable de la mayor parte de la historia humana consiste en modificaciones del entorno que han sido producidas gracias a la inversi6n de diferentes variedades y expresiones de energía. Las oposiciones binarias, los rasgos contrastantes, la distribución complementaria tienen una cosa en común: que carecen de un costo de energía mensurable. 21. EL ESTUDIO ESTADISTICO y LA RESTAURACION NOMOTETICA Los
«A pesar de los problemas que esto implica, si se ha de estudiar la conducta tal y como realmente funciona, es absolutamente esencial que se asuma que el analista puede detectar la presencia y, hasta cierto punto, la naturaleza y el sentido de la intención» (PIKE, 1954, p. 80).
El behaviorema en si mismo es definido parcialmente como «un segmento o componente emic de una actividad humana intencional» (ibidem, p. 57). Por otra parte, este mismo ingrediente definicional domina toda una extensa cita de Sapir (1927), que en opinión de Pike anticipó ya la distinción que nos ocupa:
Resulta imposible decir lo que un individuo está haciendo sin haber aceptado tácitamente los modos de interpretación esencialmente arbitrarios que la tradición social está constantemente sugiriéndonos desde el momento mismo de nuestro nacimiento. Si alguien lo duda, que haga el experimento,de dar un informe detallado [debe entenderse etlc] de las acciones de un grupo de nativos entregados a alguna actividad, digamos religiosa, de la que él no tenga la clave cultural [o sea, no conozca el sistema emic]. Si es escritor hábil, conseguirá hacer una descripción pintoresca de lo que ve y oye, o piensa que ve y oye; pero las posibilidades de que sea capaz de dar una relación de lo que acontece en términos que resulten a la vez inteligibles y aceptables a los nativos mismos son prácticamente nulas. Se hará culpable de toda clase de distorsiones y su Interés lo pondrá siempre donde no debe. Encontrará interesante lo que los nativos dan por descontado como una muestra casual de conducta que no merece comentario especial; y en cambio dejará completamente de observar los momentos cruciales que en el transcurso de la acción dan significado formal al conjunto en las mentes de aquellos que poseen la clave de su comprensión [cltado en, 1954,
Es ese «significado formal» en las «mentes» de los actores el que hay que subrayar. Los significados «creados» de las descripciones etic no dependen de los «sentidos.. ni de las «intenciones» subjetivas de los actores. En cambio, las distinciones emic exigen que se entre en el mundo de los propósitos, los sentidos y las actitudes. El estudio emic nos «ayuda no solo a entender la cultura o el lenguaje como un todo ordenado, sino también a comprender a los actores individuales en ese drama vivo, sus actitudes, sus motivaciones, sus intereses, sus respuestas, sus conflictos y el desarrollo de su personalidad» (ibidem, p. 11).
Atendiendo a los principales usos que de la distinción emic-etic se han hecho en la tradición que Pike hace comenzar con Sapir, yo propongo esta definición de emic: Las proposiciones emic se refieren a sistemas lógico-empíricos cuyas distinciones fenoménicas o «cosas» están hechas de contrastes y discriminaciones que los actores mismos consideran significativas, con sentido, reales, verdaderas o de algún otro modo apropiadas. Una proposición emic puede ser falsada si se puede demostrar que contradice el cálculo cognitivo por el que los actores informados juzgan que las entidades son similares o diferentes, reales, con sentido, significativas o de alguna otra forma apropiadas o aceptables.
Por lo menos dos defensores eminentes del enfoque emic han insistido en establecer criterios desusados de verificación del contenido de verdad de las proposiciones emic, criterios que en mi opinión son inaceptables. Según Charles Frake (1964a, p. 112):
Una etnografía debería ser una teoría de la conducta cultural en una sociedad dada, y su adecuación tendría que evaluarse por la capacidad que un extrafio a esa cultura (que puede ser el etnógrafo) puede adquirir para, usando las proposiciones de la etnografía como instrucciones, anticipar acertadamente las escenas de esa sociedad. Digo anticipar acertadamente.. en vez de «predecír.. porque el hecho de que una proposición etnográfica no prediga correctamente no implica por necesidad inadecuación descriptiva, siempre y cuando los miembros de la sociedad descrita queden tan sorprendidos por el fallo como el propio etnógrafo. La prueba de la adecuación descriptiva debe estar referida siempre a la interpretación que el informante hace de los acontecimientos, y no simplemente a la ocurrencia de esos acontecimientos.
Una posición similar adopta Harold Conklin (1964, p. 26), que también habla de «anticipación apropiada» en vez de predicción; mas como ninguno ha prestado atención al problema de cómo llevar a cabo esa operación, resulta imposible tomarles a la vez literalmente y seriamente.
EL PUNTO DE VISTA DE LOS NATIVOS Tal insatisfactoria formulación de la predecibilidad emic (que por supuesto no todos los etnosemánticos suscribirían) no tiene por qué impedirnos marcar límites claros a los dominios abarcados por los estudios emic. Es conveniente empezar distinguiendo dos campos amplios que se solapan: el primero se refiere a los fenómenos semánticos y de comunicación; el segundo, a los estados y sentimientos internos, psicológicos.
Todos los análisis fonológicos, gramaticales y semánticos llevados a cabo por lingüistas y por etnógrafos constituyen estudios de orientación emic. Independientemente de cómo quiera uno definir los fonemas, en el rango de sonidos utilizado tiene que haber contrastes sonoros sistemáticos que resulten significativos para el parlante nativo. Similarmente, al formular las reglas que en un lenguaje concreto rigen las expresiones gramaticales, la «pruebe de adecuación» la da el conocimiento intuitivo que el parlante nativo tiene de la gramaticalidad de las expresiones generadas de acuerdo con esas reglas. Una premisa fundamental del análisis lingüístico es la de que ni el sistema fonémico ni las reglas gramaticales tienen por qué corresponder al análisis que el propio parlante nativo es habitualmente capaz de realizar.
De hecho, el parlante nativo puede rechazar rotundamente el análisis del lingüista. Mas no por ello deja ese análisis de ser el producto de operaciones Iégico-empíricas en las que las distinciones emic constituyen la base de las subsiguientes manipulaciones lógicas, así como la prueba definitiva de su adecuación lógico-empírica. El análisis componencíal, un procedimiento analítico empleado por primera vez por Ward Goodenough (1956), tiene su sitio aquí en la medida en que es una actividad dedicada a la formulación de las reglas que ordenan lógica y empíricamente los campos semánticos. Como en el caso de las reglas fonémicas y sintácticas, la fórmula componencial no necesita corresponder (y se podría decir que probablemente no corresponderá nunca) a las reglas que el nativo es capaz de expresar. La definición componencial que del segundo marido de una abuela estadounidense da Goodenough dice más o menos así: un pariente a menos de dos grados de distancia colateral, a dos unidades de distancia genealógica, en relación lineal, en una generación senior. de sexo varón, con presencia de un vínculo marital, con implicación de una parte senior, siendo esa parte senior la primera persona de esa relación concreta conocida por la parte junior (1965a, p. 279). A Goodenough no parece preocuparle la posibilidad de que algunos nativos puedan no compartir sus convicciones en lo que se refiere a la adecuación de su definición. (Realmente; tampoco es que haya muchos americanos que puedan confirmar o rechazar por experiencia propia el análisis de Goodenough.)
He dicho que una prueba de la adecuación de esta descripción es la de que no hace violencia a mi propia percepción, como informante, de la estructura de lo descrito. Esta es la prueba subjetiva de adecuación. Otra prueba igualmente importante es la de que provee a un extraño con el conocimiento que necesita para usar mi terminología de parentesco de una forma que yo pueda aceptar que corresponde a la forma en que yo la uso. Esta es la prueba objetiva de adecuación. Cualquier descripción es deficiente en la medida en que no pase estas pruebas [ibidem p. 261}.
OTROS SISTEMAS DE COMUNICACIÓN Otro tipo de etnografía que se ha de asociar al punto de vista emíc es el que Ray Birdwhistell (1952) llama «kínésíca», el estudio de las funciones de comunicación de los movimientos corporales. Varios de los movimientos corporales que interesan a Birdwhistell conectan su estudio con los que ya antes se habían hecho de los gestos y constituyen claramente entidades emic en la medida en que implican el establecimiento de las reglas de un sistema público de comunicación. El estudio de otros movimientos corporales, tales como la forma de andar o de sentarse de ciertos pacientes psiquíátricos. cae más bien en la segunda gran categoría de estudios de orientación emic de que hablaremos más tarde, y no resulta tan fácil de clasificar.
Parece obvio que siempre que los fenómenos de que nos ocupemos sean parte de un sistema de comunicación y siempre que nuestro programa de investigación exija que descifremos el código que emplean los comunicantes nativos, entonces ese programa adopta la estrategia de los estudios emic. En esta empresa carece de importancia epistemológica el que los usuarios nativos del sistema sepan cómo formular las reglas de su código. Los seres humanos comparten con otros organismos la capacidad de comunicarse in·formación sin ser capaces de decir exactamente cómo lo hacen. Este es un hecho del mayor interés psicológico, pero no altera para nada la naturaleza emíc de los fenómenos que estamos considerando.
ESTADOS PSICOLOGICOS INTERNOS El segundo gran dominio de los estudios emíc es el que se ocupa del análisis de la conducta en términos de las intenciones, las motivaciones, los objetivos, las actitudes, los pensamientos y los sentimientos de los miembros de la cultura. Benjamin Colby (1966, p. 3) ha vinculado explícitamente esos fenómenos con la semántica formal y ha hecho de ello el objeto de la «semántica etnográfica».
«El objetivo último es la comprensión de las evaluaciones, las emociones y las creencias que quedan más allá del uso de la palabras Aunque Colby no trata el tema y rechaza específicamente la idea de que Morris Opler y Ruth Benedict tengan importancia (ibídem, p. 28), lo cierto es que éste es un mundo que tanto los psicólogos como los científicos sociales vienen estudiando habitualmente.
Dentro de la psicología hay dos tradiciones que divergen respecto al tratamiento de estos fenómenos, divergencia que coincide en líneas generales con la distinción emic-etlc de las ciencias sociales. Por un lado está el enfoque que subraya la validez de las descripciones introspectivas y de los informes verbales de los estados psicológicos internos; por el otro, el enfoque representado por las principales escuelas neobehevíorístas de la teona del aprendizaje, que evita sistemáticamente la dependencia de estados o de disposiciones que no puedan definirse por medio de operaciones practicadas sobre los aspectos y condiciones externas del organismo estudiado. En etnografía, el enfoque emic de las intenciones, los objetivos, las motivaciones, las actitudes, etc., se justifica por la suposición de que entre el actor y el observador es el actor el más capacitado para conocer su propio estado interior. Además, se supone que el acceso a la informacíón referente al estado interno del actor es esencial para la comprensión de su conducta y para la descripción adecuada de los acontecimientos en que él participa. En la mayoría de los casos, estas suposiciones son totalmente explicitas, y en la postulación de la existencia de tales estados internos, los autores se muestran tan generosos que no puede caber ninguna duda respecto a la naturaleza emic de su investigación. Tal es ciertamente el caso cada vez que un etnógrafo adopta la tradicional posición boasiana y piensa que si hubiera sido educado como un miembro de la tribu X, sus descripciones de las intenciones, los objetivos, las motivaciones, etc., serían mucho más ricas gracias a su capacidad de pensar y de sentir como un miembro de esa tribu.
LA CONFUSION DE LA DISTINCION EMIC-ETIC
Hay algunas opciones que de una forma sutil anulan la distinción emíc-etic. Por ejemplo. es un lugar común de la investigación y de la práctica psícoanalítica el considerar que el actor es un mal observador de sus propios estados internos. La tarea del analista consiste en penetrar detrás de las fachadas, los símbolos y las otras defensas de los pensamientos y de los sentimientos inconscientes de los que el actor no se da cuenta. Hasta aquí. todo es etic: las afirmaciones del analista no quedan falsadas, aunque se demuestre que los contrastes que él establece no son significativos. ni tienen sentido, ni son reales, ni resultan apropiados desde el punto de vista del actor. Pero de todos modos esto parece conciliarse con la suposición de que si el actor acepta que la descripción del analista sí corresponde a su propio «verdadero» estado interno, entonces sí se ha logrado la verificación. Y, en esta medida, las descripciones psicoanalíticas son emic. Mas hay que señalar que tal aparente anulación de la distinción emic-etic lleva aparejado un castigo bajo la forma de un bajo nivel de verificabilidad y un status empírico dudoso. Es el mismo castigo que pagan siempre quienes indiscriminadamente pasan repetidas veces de la estrategia emic a la etic y viceversa.
ETIC Demos ahora una definición provisional de etíc. Las proposiciones etic dependen de distinciones fenoménicas consideradas adecuadas por la comunidad de los observadores científicos. Las proposiciones etíc no pueden ser falsadas por no ajustarse a las ideas de los actores sobre lo que es significativo, real, tiene sentido o resulta apropiado. Las proposiciones etic quedan verificadas cuando varios observadores independientes, usando operaciones similares, están de acuerdo en que un acontecimiento dado ha ocurrido. Una etnografía realizada de acuerdo con principios etic es, pues, un corpus de predicciones sobre la conducta de clases de personas. Los fallos predictivos de ese corpus requieren o la reformulación de las probabilidades o la de la descripción en su conjunto. La mejor manera de. clasificar las definiciones aquí propuestas será contemplándolas en el contexto de alguno de los principales errores en que se incurre con la distinción emic-etic.
LA PERSPECTIVA EMIC NO ES NECESARIAMENTE MENOS EMPIRICA QUE LA PERSPECTIVA ETIC En teoría, una etnografía emic no necesita ser ni más ni menos empírica. científica e intersubjetiva que una etnografía etic. Históricamente, desde luego, los imponderables emic han tenido siempre más importancia que los etic, aunque sólo sea por la razón de que casi toda la etnografía tradicional tiene una preferencia manifiesta por el enfoque emic. Sin embargo, no hay ninguna razón por la que las proposiciones emíc no puedan ser operacionalizadas hasta el punto de alcanzar altos niveles de intersubjetividad, verificabilidad y predecibilidad. Hay que suponer que es justamente la elevación de esos niveles la que inspira toda la actual preocupación por el tratamiento paradigmático y riguroso de los fenómenos emic.
LOS INFORMANTES PUEDEN DAR INFQRMACION TANTO EMIC COMO ETIC Especial comentario merece la relación entre la perspectiva etic y la tradicional dependencia de la etnografía del uso de informantes nativos. Una etnografía de proposiciones etic no es incompatible con operaciones que exíjan el recurso, a través de la comunicación verbal, a la información que pueda poseer un informante. El punto critico es aquí el de si la información en cuestión es emic o es etic. Es emic cuando son las distinciones, las significaciones y los sentidos nativos del informante los que constituyen el fundamento semántico de la comunicación que se establece entre él y el etnógrafo.
Un ejemplo del uso de un informante para maximizar el contenido emic de la etnografía podria ser la «heurística deductiva» de Duane Metzger y Gerald WiIliams (1963a, 1963b). Su método implica un prolongado periodo educativo durante el que el etnógrafo enseña al informante cómo tiene él que enseñar al etnógrafo a pensar en los términos emic apropiados. Un esfuerzo equivalente puede también hacerse, y con frecuencia se hace, para enseñar al informante a pensar en los términos del etnógrafo, por ejemplo, cuando ayudantes nativos aprenden a medir campos, a pesar cosechas, a hacer censos y a describir los acontecimientos pasados y presentes de conformidad con las categorias de significación que el etnógrafo usa en su trabajo. Cuando se usa al informante en la consecución de información etic, el informante pasa a unirse a la comunidad de observadores, se convierte en un asistente del etnógrafo, parte de un equipo que puede obtener en menos tiempo más información que un hombre solo. Si los acontecimientos sobre los que él informa son escenas que le implican a él mismo, se deberá esperar de él que el informe de su propia conducta se aproxime en todo lo posible a lo que se habria obtenido si esa escena se hubiera filmado y recogido en cinta magnetofónica.
LAS UNIDADES EMIC NO PUEDEN CONVERTIRSE EN UNIDADES ETIC Una de las categorías de las clasificaciones etíc, «no estructurales», prevístas por Pike permite una mezcla de operaciones emíc y etic:
Las unidades de conducta, aunque clasificadas sin referencia como tales a los sistemas individuales de los que han sido abstraídas pueden, pese a ello, ser clasificadas por referencia al hecho de que en realidad han sido abstraídas de una acción humana intencional de tal forma que elementos de sentido y de intención pueden constituir une de los conjuntos de criterios de una clasificación ene como esa [1954, p. 9}. La nueva etnografía 499 Este tipo de descripción etic constituye una anomalía para la que no puede haber justificación epistemológica. Admitiendo unidades que sean símultáneamente etíc y emíc, se reduce esa distinción al status «anémico. que le atribuye Gerald Berreman (1966). Ha sido esta confusión la que ha inducido a Sturtevant (1964) a hacer la afirmación, históricamente errónea, de que el estudio que en 1909 hizo Kroeber de las dimensiones semánticas del parentesco constituye «el trabajo básico sobre el estudio etic del parentesco». Como hemos visto (pégínas 278 ss.), toda la intención del famoso artículo de Kroeber era sustituir el tratamiento sociológico que Margan había hecho del parentesco por un tratamiento lingüístico. Los ocho «principios o categorías de relación» propuestos por Kroeber son categorías que se pretende subyacen a «los cientos o miles de relaciones ligeramente diferentes que son o pueden ser expresadas por los diversos lenguajes del hombre. (KROEBER, 1952, p. 176). El que una distinción semántica se encuentre en más de una cultura no significa que esa distinción deje de ser de naturaleza semántica. Conceptos tales como filiación, territorialidad, propiedad, afinidad, religión, grupo de filiación unilineal, etc., se aplican en una gran variedad de contextos comparativos. La prueba de si son conceptos etic o conceptos emic tiene que darla su relación lógico-empírica con los procesos cognitivos. Si la veriñcabilidad de una proposición etnográfica implica una confrontación con su adecuación o inadecuación cognitiva, entonces estamos manejando categorías emíc, sin que importe el número de culturas que hayan de tenerse en cuenta en esa confrontación. la identificación en diversas culturas de cetegoríes emíc similares no hace más que conferir a esas categorías el rango de abstracciones lógico-empíricas válidas para la comparación intercultural, pero no las transforma en fenómenos etic. Como hemos visto, el lenguaje de los antropólogos culturales y sociales se deriva de una mezcolanza tal de operaciones emic y etic que sólo tras el trabajo de varias generaciones se podría desenmara.fi.ar. XII. EL PARENTESCO COMO UN DOMINIO MIXTO El dominio del parentesco no ha escapado a esta confusión de fenómenos emíc y etic. La afirmación de Floyd Lounsbury (1965, p. 190 de que los «tipos de parientes. son un compuesto de discriminaciones semánticas hechas en muchas sociedades (véase HAMMEL, 1965, pp. 67.68) es históricamente inexacta. El cómputo genealógico no fue inventado por los antropólogos. El aparente éxito de las coordenadas del apareamiento, la reproducción y la genealogía para deducir categorizaciones que se presten a un análisis de contrastes tiene una base etic: el apareamiento, la reproducción y las relaciones genealógicas tienen un significado biológico preciso. Mas el esquema etnográfico del apareamiento, la reproducción y la genealogía es una mezcla fatal de categorías etic y emíc. Para un biólogo, todos los apareamientos fértiles son igualmente importantes para trazar las conexiones genealógicas; para la etnosemántica del parentesco, sólo son relevantes aquellos aparea500 Marvin Harris mientos y aquellas conexiones genealógicas que se realizan en y a través del «matrimonio». Para empezar a plantear sus preguntas sobre el parentesco, el etnógrafo debe empezar por descubrir una glosa intercultural para ese tipo particular de apareamiento que en español se conoce por el nombre de «matrimonio». Incidentalmente, en esa búsqueda del equivalente nativo hay que recordar que el informante, si no ha sido apresado ya por una equivalencia estándar, estará luchando también por encontrar una glosa adecuada para el concepto del etnógrafo. Murdock (1949, p. 1) define la fa· milia de tal manera que nos obliga a considerar si hay «una relación sexual aprobada entre una pareja estable». Tener hijos, alimentarlos y albergarlos es un fen6meno etic; pero hacerlo de una manera socialmente aprobada es algo que ya se sitúa en unas coordenadas eminentemente emíc. Así pues, los «tipos de parientes» son compuestos etíc y emíc, y la pretensión de Goodenough (1964b, pp. 10 s.) de que los estudios del parentesco ya han desarrollado una notación análoga a la notación fonética no es verdad más que por lo que hace a las coordenadas biológicas, pero no se aplíca a los aspectos emíc del parentesco. ¿Cómo explicar, si no, esa búsqueda aparentemente sin fin del significado del matrimonio y la filiación? David Schneider (1964, 1965b) Y John Beattie (1964b, 1965) han sostenido recíentemente una discusión; los dos comparten el convencimiento de que debe existir una definición emic del parentesco que sea interculturalmente válida y distinta de la genealogía biológica, pero son incapaces de ponerse de acuerdo en cuál pueda ser. Beattie resuelve el problema de una manera sumamente instructiva: El parentesco en tanto que materia de estudio antropológico no es otra cosa que esas relaciones sociales, cualquiera que sea su contenido social y cultural, sobre las que las gentes que las mantienen piensan y hablan en el idioma del parentesco [l96S, p. 123]. Aparte las coordenadas de la reproducción biológica, el contenido de los tipos de parientes es emic y lo seguirá siendo hasta que los observadores decidan qué unidades de conducta constituirán una definición mínima etíc del matrimonio y la filiaci6n. Es un error de enorme importancia el suponer que mezclando los componentes etic y emic en el estudio del parentesco los unos se convertirán en los otros. De hecho, por lo que se refiere a la antropología cultural americana, hay buenas razones para pensar que entre ese error y el hecho de que hasta el momento nunca se haya intentado hacer un estudio etic coherente del matrimonio y del parentesco hay una relación de causa y efecto. XIII. ¿PUEDEN LOS PENO MENOS EMIC ESTUDIARSE DESDE UNA PERSPECTIVA I3TIC? El enfoque etic, por definición, elude las premisas del enfoque emíc. Desde un punto de vista etic, el universo de los sentidos, las intenciones, los objetivos, las motivaciones, resulta pues inalcanzable. Mas insistir en la separación de los fenómenos emic y etic, y de 'las consiguientes estrategias de investigación, no equivale a afinnar la mayor o menor realidad, o el status científico más elevado o más bajo, de ninguno de ellos. La nueva etnografía XIV. TANTO LOS DATOS EMIC COMO LOS ETIC PUEDEN ESTUDIARSE INTERCULTURALMENTE SOl Tendría que ser obvio que los fenómenos emíc pueden ser estudiados ínterculturalmente. La cuestión de si las reglas de filiación patrilineal o la termínología amaba de parentesco se presentan en diferentes sociedades, por sí misma nada tiene que ver con la distribución emic-etic y sí. en cambio, con el conjunto de criterios intersubjetivos de semejanza y diferencia. Unos y otros fenómenos, los emic y los etic, pueden ser definidos con una abundancia de detalle suficiente como para posibilitar las comparaciones interculturales. Sin embargo, los capítulos precedentes demuestran que, por 10 general, la dedicación explícita y consciente al estudio del sentido interno y de las complejidades psíquicas lleva aparejado un grado considerable de indiferencia ante la problemática de la explicación científica de las diferencias y de las semejanzas socioculturales. En el caso de la nueva etnografía, la estrategia de investigación dominante no parece preocuparse en absoluto de si los criterios más estrictos de descripción de los fenómenos emic, cuyo desarrollo está consumiendo una parte tan grande de los recursos de investigación y publicación, redundarán de algún modo en abrir nuevas perspectivas al estudio de las regularidades sincrónicas y diacrónicas. Harold Conklin (1964, p. 26), por ejemplo, ha señalado como criterios por los que deben evaluarse las proposiciones etnográficas: 1) capacidad de anticipación; 2) posibilidad de prueba o repetición; 3) economía. Otros etnosemánticos se han ocupado largamente de la cuestión de si sus modelos representan todo lo ajustadamente que sería necesario la forma en que realmente piensan los nativos (A. F. C. WALLACE, 1965; BURLlNG, 1964; HYMES, 1964a; ROMNEY y D'ANDRADE, 1964). Mas pocos etnosemánticos, si es que alguno lo ha hecho, se han planteado la cuestión de cómo distinguir las descripciones etnográficas importantes de las que no lo son. Con todo el debido respeto a la necesidad de que en una empresa científica común haya sitio para la más grande variedad de intereses, lo que no puede decirse es que la exactitud, la elegancia y la economía por sf solas basten para hacer importante una descripción etnográfica. Los modelos etnográficos científicos valen el esfuerzo que cuestan en la medida en que conectan con teorías que explican las semejanzas y las diferencias diacrónicas y sincrónicas. Admitamos que no siempre es posible saber de antemano si tal conexión se establecerá o cómo se establecerá; mas en el caso de los estudios etnosemánticos hay bastantes consideraciones adversas histéricamente demostradas, de las que quienes se dedican a ellos no parecen tener conocimiento. XV. EMIC·ETlC VERSUS IDEAlrREAL A primera vista, las estrategias de investigación contrastantes que sugieren las conocidas dicotomías «conducta ideal y conducta real» o «cultura ideal y cultura real» parecen apuntar a la misma distinción emic-etic de que nos S02 Marvin HarriJ estamos ocupando. Mas los dos conjuntos de estrategias ñu tienen mucho en común: de hecho se derivan de posiciones epistemológicas muy diferentes. La distinción ideal-real no se fundamenta en la consideración de cómo puede uno saber que las cosas culturales son lo que el etnógrafo dice que son. Supone simplemente que hay un conjunto de regularidades pautadas en lo que la gente dice o cree sobre lo que hace o debería hacer, y otro conjunto distinto de regularidades pautadas en lo que «realmente» hace. En el contraste ideal-real, el problema de especificar las operaciones por las que uno llega a saber lo que la gente ..realmente» hace ni siquiera se plantea, mientras que para la distinción emíc-etic ese problema es fundamental. Todo el peso de esta última dicotomía recae sobre la importancia epistemológica de describir las cosas culturales valiéndose de categorías y de relaciones que necesariamente han de ser isomorfas con aquellas que los actores encuentran apropiadas o significativas, en lugar de usar categorías y relaciones desarrolladas independientemente en el propio lenguaje del etnógrafo. Así pues, la conducta real puede ser estudiada tanto desde una perspectiva etic como desde una perspectiva emic. La descripción de un informante de lo que realmente está ocurriendo en un festival. o en una escena de trabajo, o dentro de una casa, no tiene por qué corresponder a lo que el etnógrafo ve o vería en las mismas situaciones. Tomemos como ejemplo la conducta ideal que dicen seguir los capitanes de ciertos barcos de pesca de Bahía para localizar los lugares del océano en que tienen que anclar sus botes y arrojar sus redes. La identiñcación del sitio exacto, que no es mayor que una habitación y está siete u ocho millas mar adentro, se supone que depende de alinear correctamente dos o más pares de marcas en la tierra. La memorización y búsqueda de esas marcas es responsabilidad exclusiva del capitán, cuya reputación puede medirse por el volumen de sus capturas, por su capacidad para atraer y conservar buenas tripulaciones y por la agudeza de su memoria y de su vista. Ahora bien, es enteramente posible describir todo este complejo como conducta real en términos de las categorías émicamente significativas, tao les como lugares del océano, marcas de la tierra, vista y memoria. De hecho, uno puede ver y oír cómo el capitán busca las marcas, maniobra hasta colocar el barco en posición y ordena arriar las velas y arrojar el ancla, y uno puede ver cómo se empieza a pescar en ese lugar. La cultura real se corresponde en este caso en gran medida con sus descripciones ideales. Pero ambas descripciones son emic. Hay otra manera de contemplar el episodio en cuestión. La clave de esta perspectiva adicional la da el hecho de que cuando el capitán localiza el sitio y sus hombres empiezan a pescar, no es raro que no acuda ni un solo pez. En esas ocasiones, el capitán explica que los peces no están en casa, que se han ido de visita a otro sitio, y ordena que el bote pase a otro lugar. La perspectiva etic no nos obliga como la emic a describir esta conducta en términos de las habilidades atribuidas al capitán. Se observa además el constante uso de una sonda y se sabe que está muy difundido el conocimiento de una relación entre tipos de fondos, profundidad del agua y tipos de peces que pueden encontrarse. Es claro que ese conocimiento no es aplicable a lugares como los que es capaz de locallLa nueva etnografía 503 zar el capitán, sino a zonas más extensas. Una descripción etic del complejo de la pesca incluye la descripción de las pautas de conducta del capitán al maniobrar su barco, pero su actividad cuando otea el horizonte no tiene el mismo sentido que adquiere en la descripción emic de la conducta real. En lugar de aceptar la versión emic de la cultura real como una descripción adecuada de lo que se precisa para ser un buen capitán de un barco de pesca, las categorizaciones etic abren una pista etnográfica totalmente diferente. El análisis de la relación entre edad del capitán, volumen de capturas y estabilidad de la tripulación revela que los hombres más jóvenes, más activos y vigorosos, que no beban, que trabajen duro y que observen un tipo de conducta «protestante» (una categoría eminentemente etíc. dado que todos ellos son católicos), son los que más probabilidades tienen de convertirse en buenos capitanes y de adquirir la reputación de avistar con toda claridad las marcas de la tierra y de tener buena memoria para los lugares del océano (KOTTAK, 1966, pp. 210 ss.). La antropología cultural no superará fácilmente su herencia de etnograñas de la conducta real hechas de tal manera que pasan y vuelven a pasar de las coordenadas emíc a las etic y a la inversa, de una for-ma inconsciente e impredecible. Los efectos de la falta de atención a la distinción emic-etic han resultado particularmente nocivos en la etnografía de los sistemas económicos primitivos y campesinos en la que las descripciones de procesos económicos esenciales han resultado oscurecidas y distorsionadas por las descripciones emic de la conducta real. Un ejemplo clásico al que ya nos hemos referido es la descripción que Malinowski hace del kula (véanse páginas 487 s.). XVI. ¿DEBB LA PERSPECTIVA ETIC REMPLAZAR A LA EMIC? Tan pronto como uno sugiere que la opción de investigación etic merece especial atención, de inmediato se alzan voces acusándole de proponer que se acabe de una vez con todos los estudios de intenciones, objetivos y dominios semánticos. Incluso si una propuesta así representara alguna ventaja. resulta difícil imaginar que tal cosa pudiera ocurrir en el contexto de los intereses que el establishment de la investigación tiene invertidos en temas emic. Pero además es que una estrategia de investigación dedicada exclusivamente a fenómenos etíc tampoco tendría ninguna ventaja. Toda la razón de insistir en la necesidad de los estudios etic no es otra sino la de que uno desea explicar el universo emic al que como actores de nuestra propia cultura estamos irremediablemente ligados. En realidad, el riesgo es más bien el inverso. Si hay peligro de un imperialismo en el interior de la disciplina por el que una estrategia niegue deliberadamente la validez de las opciones de investigación alternativas, es claro que es el enfoque etic el que ha sufrido los ataques de manifiestos programáticos extremistas. Recordemos que Sapir declaró que era imposible describir los acontecimientos de la conducta en un lenguaje etíc. Las declaraciones de Frake (1964b) y Sturtevant (1964), de que luego nos ocuparemos, son simplemente las últi504 Marvin Harris mas de una larga serie de propuestas que tratan de apartar la atención de los antropólogos culturales de la sustancia etie de la conducta humana. Contra los estudios emic nunca se han hecho propuestas exclusionistas simio lares. XVII. LA AMBIGÜEDAD Y EL MODELO LINGUISTICa El error fundamental de la nueva etnografía es que se basa en una analogía patentemente falsa entre, por un lado, los códigos vernáculos al nivel de los fonemas, los morfemas y la sintaxis y, por otro, los códigos de orden superior que están de alguna manera relacionados con la semántica de la conducta verbal cotidiana y con el desarrollo histórico de los acontecimientos de conducta no verbal. La teoría y la práctica del análisis lingüístico parten de suponer que las descripciones tonémtcas, morfémicas y sintácticas de un lenguaje pueden hacerse trabajando con un grupo muy pequeño de intormentes. Tal procedimiento viene justificado por el hecho empíricamente establecido de la uniformidad de discriminaciones de sonido que constituye la base de la comunicación verbal. Lo primero que tiene que hacer un parlante es convencer a sus conciudadanos de que tiene algo que decir que ellos, si quieren, pueden entender. Al actor que hable una jerigonza, farfulle o se coma las palabras, use una pronunciación anómala o por alguna otra razón sea incapaz de demostrar que está en condiciones de transmitir un mensaje inteligible, rara vez se le concede una audiencia seria (salvo en los actos ceremoniales o rituales en los que son códigos paralingüísticos los que llevan el peso del mensaje). La falta de tolerancia con esas desviaciones es un producto de las condiciones funcionales más primordiales que subyacen a la evolución del lenguaje y por las que se han establecido los límites tolerables del ruido en proporción con la señal. Evidentemente, estos ras-gas lingüísticos disfrutan de una ventaja selectiva de la mayor magnitud. Mas la teoria y la práctica de la comunicación vernácula al nivel de la pragmática señalan la existencia de otro conjunto de condiciones, en cíerto modo opuesto. Es verdad que la significación funcional de muchos mensajes complejos es producto también de su elevada proporción de la señal respecto del ruido, pero también hay funciones socioculturales y psicológícas importantes cumplidas por mensajes complejos que siendo perfectamente comunicativos a los niveles fonémíco, morfémlco y sintáctico son ambiguos o totalmente ininteligibles en otros aspectos. Puede demostrarse que mensajes de ese tipo son característicos de amplios dominios cognitivos. La ambigüedad semántica característica de actividades de nuestra propia experiencia cultural como puedan ser la poesía, la crítica artística y literaria, la escatología, la filosofía tradicional y la teología no se pueden desechar como si se tratara de meras variaciones epifenoménicas o subculturales. No hay razón para suponer que en esos dominios la uniformidad de comprensión tenga una importancia funcional que supere los beneficios obvios de la ambigüedad, la ofuscación y la variación Individual. Para 10 que nuestros etnocientíficos no parecen estar preparados es para la contingencia de que en La nueva etnografía 505 los repertorios culturales humanos haya realmente más dominios en los que el orden semántico dominante se derive de la ambigüedad y de la variación que dominios cuyo orden refleje el consenso y la uniformidad. Las categorías raciales brasileñas, de las que se han descubierto varios centenares, constituyen un ejemplo de un dominio semántico eminentemente ambiguo y extraordinariamente idiosincrásico (HARRIS y KOTTAK, 1963; HARRIS, 1967). La precisión y la claridad en ese dominio entrarían en conflicto con los principales rasgos etic de la estructura social brasileña. Similar utilidad funcional tiene la definición emic de clase en las jerarquías de estratificación de los Estados Unidos contemporáneos (véanse VIDICH y BENSMAN, 1958). S. J. Tambiah ha demostrado convincentemente el carácter funcional de la ambigüedad en las castas y en el parentesco en Ceilán (1965). Stanley Freed (1963) ha medido el grado de consenso en la jerarqtúa de las castas en Uttar Pradesh sin plantearse el tema de la posible significación funcional de la demostrada falta de acuerdo. Pero la descripción que Bernard Cohn (1955) ha hecho de la movilidad de las castas a través de la litigación y la violencia hace evidente la oportunidad de una interpretación de este tipo. La importancia funcional de la ambigüedad cognitiva está también implícita en el análisis que hace Leach (1965b) de la ideología «gumsa» de la estructura social kachin. Como él mismo advierte: «La actitud éticamente correcta de un hombre de negocios cristiano [en nuestra propia sociedad] es con frecuencia igualmente ambigua.» Leach conceptualiza la prescripción matrilateral como si implicara una dicotomía rígida entre grupos dadores de mujeres y grupos tomadores de mujeres. Según William Wilder (1964, página 1370): ..Concedida la unicidad y permanencia de la relación mayudama (la alianza entablada por el matrimonio de primos cruzados), toda la terminología del parentesco queda ordenada como un todo coherente; pero sin esa suposición, las clasificaciones son caotlcas.» Mas con el mismo énfasis podría decirse que sin la ambigüedad observada en la ideología mayudama, la estructura social kachin quedaría reducida al caos. El vasto y agrio debate que se ha desarrollado en torno al intento de distinguir las reglas de matrimonio prescríptívo y las de matrimonio preferencial (véase capítulo 18) resulta monumentalmente inútil porque incurre en este mismo error. Considerando el hecho de que el 30 por 100 de las alianzas purum registradas son contrarias a la regla de la prescripción rnatrilateral, parece probable que el estado mental de alguno de los pururn no sea compatible con la espléndida seguridad de que Rodney Needham llegó a disfrutar en lo relativo a la forma en que los purum tenían que como portarse. Es interesante señalar que las recomendaciones de Pike (1954, p. 80) sobre la forma de tratar la ambigiiedad semántica han sido en gran medida ignoradas: Una teoría de la estructura de la conducta debe dejar sitio para las variaciones tanto de forma como de sentido, mas sin ser capaz de fijar de una manera absoluta cuánto tienen exactamente que parecerse o cuánto tienen exactamente que diferir en la forma, o en el sentido, o en el compuesto de forma y sentido, dos rasgos para que uno se decida a considerarlos equivalentes o no equivalentes. En la formulación presente de nues506 Marvin Harris tra teorla afirmamos que la indeterminación reside en los datos, en la estructura y que cualquier intento arbitrario de forzar una decisión, en uno u otro sentido, en algunos casos hace violencia a la estructura en lugar de clarificarla. A la vista de esta admonición, el intento de maximizar el orden de los fenómenos emtc, considerando la ambigüedad ya como inconsecuente, ya como resultado de un error, constituye una estrategia falsa. Antes de someter un dominio al análisis formal, se ha de decir algo sobre la generalidad de las distinciones y de los contrastes en términos de personas y de acontecimientos históricos concretos. Es notable la poca atención que se ha presiado a e,sto, especialmente si uno considera la importancia que las técnicas estadísticas de tratamiento de datos han llegado a edquirir en las operaciones de la psicología social contemporánea. De hecho, buena parte de la nueva etnografía no es más que psicología social despojada de su base estadística. Por lo menos un etnosemántico, Goodenough (1965b), parece haberse contentado con los datos obtenidos de un solo íntermanteo Aunque Conklin (1955, p. 340) asegura haber obtenido respuestas ~ nombres de color de ..un gran número de informantes», no especifica la relación entre las respuestas individuales y la cuádruple clasificación sobre la que dice que hay «acuerdo unánime» (ibidem, p. 341), a pesar del hecho de que junto a ese acuerdo existen «cientos de categorías de colores específicos, muchas de las cuales se solapan y se imbrican. (ibidem). Charles Frake (1961, p. 125) afir-ma que «los informantes rara vez discrepan en sus descripciones verbales de lo que hace a una enfennedad diferente de las otras». A nosotros nos parecería importante saber exactamente qué quiere decir «rara vez». ¿Representaban los informantes de Frake todos los posibles tipos de actores de Subanum? Atendiendo al hecho de que los conocimientos médicos pocas veces están uniformemente distribuidos en una población, podría esperarse que esa erara» discrepancia fuera frecuente discrepancia, por lo menos en ciertas categorías de sexo y de edad. XVIII. EL PROBLEMA DEL INFORMANTE BIEN INFORMADO Dado que muchos de los datos tenninológicos que constituyen la base de la etnosemántica del parentesco se obtuvieron en trabajos de campo que ya no pueden ser repetidos, hay pocas esperanzas de corregir el exceso de acuerdo en las descripciones formales. Con excesiva frecuencia los datos se han obtenido de unos pocos «informantes bien informados» (BACK, 1960). Mi propio encuentro con las variaciones individuales y la ambigüedad de la terminología de los bathonga del sur de Mozambique puede servir de ejemplo. Convencido por mis lecturas de Radclíffe.Brown (1950, p. 34) de que me encontraba ante un sistema omaha, rechacé las respuestas de media docena de informantes hasta que finalmente encontré a uno que «realmente conocías el sistema. Mi justificación de esto era que los bathonga estaban sufriendo una intensa aculturación en un área en la que se estaba desarrollando una mezcla importante de «tribus» zulú, ranga y shangane. Parecía, pues, lo mejor trabajar con alguien que recordara el sistema viejo. La nueva etnograiía 507 Pero Henri Junod (1913), que había estudiado a los bathonga sesenta años antes, ya había recogido cuatro términos alternativos para el hijo del hermano de la madre: makwabu (hermano), nwana (hijo) (1912, p. 220), kokwana (abuelo), maíume (hermano de la madre) (ibídem, p. 229). Lo que yo encontré en mis «informantes mal informados» fue una medida todavía mayor de confusión. Así, mientras Junod atribuía la sustitución de kokwana por malume: a diferencias dialectales, yo no hacia más que encontrarme con gentes que insistían en que tanto kokwana como malume eran correctas. Ahora bien. esas separaciones del sistema omaha son precisamente el tipo de diferencias que I.,.ounsbury (1964, p. 354) considera que justifican y requieren el establecimiento de subtipos separados de las terminologías crow y amaba. Tal vez esas variaciones puedan considerarse como diferencias subculturales o dialectales que se presentan dentro de cabezas diferentes. Mas, por otro lado, es igualmente plausible que esas variaciones coexistan dentro de una misma cabeza. De hecho, eso es lo que ocurre con muchos bathonga en la situación actual. Si ése es el caso, entonces una etnografía adecuada tendrá que expresar la ambigüedad del sistema, y la tendrá que expresar estadísticamente. La manera en que los fonnalistas emíc se han enfrentado con este problema en el tratamiento de la tenninología americana del parentesco resulta poco tranquilizadora. Goodenough habla de su «dialecto» como una for-ma de descontar el hecho de que eu comprensión del uso de la terminología del parentesco puede no corresponder a la mía. Es probable que con esta maniobra ya se escapen varios focos importantes de ambigüedad funcional en el cálculo cognitivo americano del parentesco. Por ejemplo, yo dudo mucho de que el que Goodenough (1965a, p. 206) use «my [írst cousin» tanto para Pa Pa Pa Sb Ch como para Pa Sb Ch Ch Ch y para Pa Sb Ch sea simplemente una variación dialectal o subcultural. ¿Es un principio cognitivo válido del parentesco americano el que «tirst cousin» no tenga que ser incluido en el corpus básico de términos de parentesco por no ser un lexema? Goodenough afirma que él resulta representativo de un gran número de americanos en su creencia de que a la pregunta «ls he your brother?» se puede contestar ..Yes, he is my half brother», pero no se puede contestar «No, he is my half brother.. (ibidem, p 265). Tales convicciones enmascaran el hecho de que muchos americanos tropiezan con díflcultades a la hora de aplicar térrnínos de parentesco a personas emparentadas, pero que quedan fuera del pequeño circulo de tipos de parientes con quienes mantienen habitualmente importantes transacciones ene. A este respecto, Schneider (1965a), que enfoca la cuestión del parentesco americano con una perspectiva más generosamente funcional, habla de ..límites difuminados y principios evanescentes» (ibidem, p. 291), mas sin extraer las consecuencias de esa evanescencia para una estrategia que es incapaz de incorporar la ambigüedad. Las suposiciones de Goodenough tendrían que ser sometidas a la prueba estadística, obteniendo las respuestas de muestras de azar de la población en condiciones normalizadas. Esto es especialmente cierto por lo que se refiere a algunos de los temas básicos que se supone subyacen a la construcción de la rejilla componencia1. Por ejemplo, se" pretende que un marido 508 Marvin Harris americano no puede repudiar al hijo de su mujer y conservar a la vez a su mujer (ibídem, p. 287). Pero en los círculos de la asistencia social sabe todo el mundo que tales casos se presentan frecuentemente en los tribunales de adopción. Evidentemente, no es posible dejar que la intuición decida a qué reglas se ajustan los americanos en general para reconocer en el metrimoníc los embarazos extramaritales. A. K. Romney y Roy O'Andrade (1964) han dado un paso potencialmente importante al usar muestras de estudiantes de escuelas secundarias para obtener listas de términos de parentesco y otras respuestas relevantes. Desgraciadamente, atentos sólo a encontrar el conjunto correcto de reglas. de conformidad con el modelo, lingüístico, no llegan a desarrollar todas las implicaciones de sus hallazgos. Así, en una de sus muestras, excluyen de su consideración los términos modificadores que se presenten asociados a un término núcleo con una frecuencia inferior al 25 por 100. Luego aún hacen otra simplificación adicional excluyendo las respuestas de aquellas sujetos cuyo uso de modificadores se ajusta a una pauta que no sea compartida al menos por el la por 100 de la muestra (ibídem, p. 156). Desechando de este modo las respuestas ..idiosincrásicas o variantes», llegan a la conclusión de que en la terminología americana ..cousin .. sólo toma un modificador: ..second.. (ibídem, p. 156, tabla 11). Ninguno de los intentos que hasta aquí se han hecho de definir los rasgos cognitivos básicos de la terminología americana del parentesco ha hecho concesiones a la posibilidad de que la ambigüedad sea una de las características más destacadas de este dominio. Wallace y Atkins (1960), Romney y D'Andrade (1964) y Goodenough (l965a) operan cada uno con un inventario diferente de términos básicos del parentesco americano. Otros tratamientos no coincidentes, como el de David Schneider (1965a) y Munroe Edmunson (1957), tienen también que ser considerados aquí para estimar todo el alcance de un problema con el que nadie se ha enfrentado. Conklin ha sugerido que lo mejor sería que los antropólogos americanos que no conozcan su terminología nativa den los pasos precisos para aprenderla. A este respecto les aconseja: una nota explicativa sobre «The mathematics of American cousinshlp.. en- una reciente edición de los Kroeber AnthropologicaJ Society Papers (Roark, 1961), cuya Intención es explícitamente la de resolver la frecuente ambigüedad y la falta de un conocimiento común entre los antropólogos americanos en lo referente a los pasos que se han de dar para computar los grados de los primos en inglés [1964, p. 34]. Tal consejo parece llevar una advertencia implícita en lo que concierne a las terminologías de los nativos en otras culturas: si ellos no saben lo que piensan, nosotros se lo enseñaremos. Con lo que ahora es uno quien ya no sabe si compartir evocaciones nostálgicas como la de Dell Hymes (1964a, página 34): ..Aquellas noches bebiendo cerveza y rompiéndonos la cabeza en el café del 'Arco Iris', en el limite de la reserva de Warm Springs, con Philip Kahclemet. la persona que mejor conocía y hablaba el wíshram.» En la misma línea está la experiencia de que da cuenta Anthony WaUace (1965, página 237), con su informante japonesa que se hacia acompañar por un La nueva etnografía 509 amigo para que «comprobara la exactitud» de sus definiciones de parentesco: «La infonnante nunca acabó de aceptar nuestra opinión de que su misíon era darnos sus usos personales: se sentía representante del Japón y pensaba que tenia que ser execte.» Entre los etnoseméntícos. Hymes se ha pronunciado contra la simple transferencia a fenómenos semánticos de orden superior de las técnicas de recogida de datos adecuadas para la fonémica y la gramática. Hymes piensa en una «etnografía del hablas que sería el antídoto contra esa falta de información sobre los contextos y las variaciones de la conducta verbal, falta de información que es producto de «la actitud implícitamente normetiva característica desde hace mucho de la teoría lingUística al señalar su objetos (1964a, p. 41). Acto seguido señala que la función primaria de la conducta verbal no siempre es la de conseguir el consenso sobre el sentido referencial. e) Desde el punto de vista de una teoría general del lenguaje y de su funcionamiento, es el caso que algunas de las funciones del lenguaje exigen una aproximación a la independencia del contexto, a la simple uniformidad y a la primacía de la or¡anlzación sobre la función de referencia, tres suposiciones muy comunes en la teoría lingüística descriptiva; pero otras funciones no exigen eso [ibidem]. Hay que esperar que las sugerencias de Hymes para situar el estudio de la conducta verbal en un contexto funcional más realista y más amplio reclban la atención que merecen. Mientras tanto, el fracaso de los etnólogos americanos en llegar a un acuerdo en el análisis de su propia terminología nativa, sumado a la evidente propensión de los etnoseméntícoe a aceptar la autoridad cognitiva del informante bien informado y a su evidente incapacidad para incorporar a sus teorías la posibilidad de la ambigUedad funcional, sugiere que la etnosemántica debe adoptar una posición más crítica ante sus propias suposiciones básicas. Los brillantes esfuerzos desperdiciados en colocar al primo segundo, al hermanastro y al biznieto en un único espacio semántico paradigmático redundan en una grave distorsión de los datos emic. Por 10 menos, las dificultades y las insuficiencias del tratamiento de la terminología americana constituyen una finne base para el escepticismo frente a los intentos de introducir en el estudio de los principales sistemas tenninológicos los numerosos refinamientos que sólo son posibles a costa de mezclar por la fuerza revueltos en un solo sistema ténninos para tipos de parientes que representan todos los matices pensables de la ambigüedad y de la importancia psicológica y social. XIX. LA PERSPECTIVA EMIC y LA CONDUCTA VBRBAL 1U!AL Hay que tomar en consideración la importancia que para la constrocclón de los análisis formales de la nueva etnografía tienen aquellas operaciones que para la obtención de sus datos recurren a situaciones artificiales. Esto significa que muchos de los datos básicos de la nueva etnografia consisten en afirmaciones verbales en las que las gentes dicen que! dirían en deter510 Marvin Barril m1nadas circunstancias hipotéticas e imaginarias. Como dice Frake (1961, página 63): «Dado un conjunto de nombres contrastantes de enfermedad, subsiste el problema de determinar las reglas que rigen la atribución de un nombre en vez de otro en una situación diagnóstica determinada.• Es deo cír, el problema del sentido referencial en tanto en cuanto éste es distinto del sentido abstracto (HARRIS, 1964a, p. 156). Por ejemplo. la mayoría de loa brasileños se muestran verbalmente de acuerdo en los contrastes a partir de los cuales se pueden construir las reglas para distinguir un «pretoe (negro) de un «brancc». Mas esas reglas resultan demostrablemente ínadecuadas para predecir cuándo un individuo concreto llamará a otro epreto» o «brenco•. En la vida real interviene todo un nuevo dominio de factores que moviliza cálculos muy alejados del espacio semántico de las categonu eraciales s. Como sugiere Hymes en la cita anterior, los análisis formales de la nueva etnograffa tienen un aire de escolasticismo, de gabinete, incluso en aquellos casos en que se restringen a la cuestión de las reglas que gobiernan los acontecimientos de la conducta verbal. Parece como si toda una generación de antropólogos no hubiera observado nunca cómo la gente vecila al hablar, cómo busca a tientas la palabra exacta, cómo miente, cómo se confunde y se enreda, ni tantos otros fenómenos ordinarios de la ccnducta verbal real. xx. LA PBRSPECTIVA BMIC y LA CONDUCTA NO VERBAL Mas la antropología social y cultural tiene una misión científica más amo plia que el simple estudio de lo que la gente dice que dirá. Queda aún la cuestión de lo que la gente dice que hará, y la de la relación entre eso que dice y lo que efectivamente, históricamente, hace. Ahora bien, cualesquiera dudas que puedan existir relativas a la adecuacién del modelo lingüístico para la conducta verbal, resulta obvio que la aplicación de ese mismo modelo a la conducta real todavía es más problemática. Pruebas, tanto lógicas corno empíricas, de muy diversas procedencias y culturas demuestran hasta la saciedad que las reglas emic de conducta constituyen una guía totalmente indigna de confianza para entender o predecir los acontecimientos históricos y las regularidades etíc en los subsistemas económico, social y político. Si se le dejara rienda suelta, la tendencia a escribir etnografías según las reglas emic de conducta terminarla por producir involuntarias parodias de la condición humana. Aplicada a nuestra propia cultura, describiría una forma de vida en la que los hombres se quitan el sombrero al pasar junto a las mujeres, los jóvenes ceden el asiento a los viejos en los transportes públicos, apenas hay madres solteras, los ciudadanos ayudan voluntariamente a los guardianes de la ley, el chicle no se pega nunca debajo de las mesas, los técnicos de televisión reparan los televisores, los hijos respetan a sus ancianos padres, ricos y pobres re. ciben igual tratamiento médico, todo el mundo paga sus impuestos,todos los hombres nacen iguales y los presupuestos del ejército no sirven más La nueva etnogra'fúl 511 que para mantener la paz. Aplicada a otras culturas, convertirla a la fami· lia china en una fantasía confuciana (FRIEn, 1953), se inventaría campesinos indios que morirían de hambre antes de hacer daño a sus vacas (HARRIS, 1966a), difundiría la idea de que los portugueses no tienen prejuicios raciales (HARRIS, 1964b, 1966) Y convencería a toda una generación de estudiantes de antropología de que los zuñi jamás se emborrachan (véanse pégínas 350 s.). Si el reciente estudio que Jules Henry ha publicado de la cultura americana es' mínimamente exacto, los antropólogos americanos tendrían que mostrarse particularmente escépticos ante todas las etnografías que den más importancia a las reglas de conducta que a las reglas para quebrantar las reglas. Comentando la inmensa cantidad de trapacerías y engañcs de los niños de las escuelas americanas, escribe Henry (1963, p. 205): _Una vida de adolescente honesto puede constituir una introducción mutiladora para muchos aspectos de la cultura contemporánea.• Aun concediendo que éste pueda ser un rasgo especialmente característico de la civilización industrial, no por ello deja de plantear una cuestión a la que seria necesario dar respuesta antes de intentar hacer las gramáticas universales de otras culturas. Tratando de demostrar que la gramática de los status y los roles normativos de los truk no es eun ejercicio de estéril formalísmo», Goodenough (1965b, pp. 19 s.) presenta el caso de un hombre que golpeó a su hija casada. Tal acto viola cinco de las seis reglas que Goodenough recoge en su «escala de deberes. emic: los padres truk deben arrastrarse o sentarse en el suelo mientras su hija casada esté sentada, deben abstenerse de iniciar ninguna acción, deben satisfacerla en todo lo que les pida, deben evitar hablarle con brusquedad y no deben pegarle nunca por mucho que ella les provoque. En lugar de desanimarse al ver cómo se quebrantaban todas eslas reglas ante sus propios ojos, Goodenough busca consuelo en el hecho de que la mujer en cuestión había estado a su vez quebrantando otra serie de reglas. -Su conducta malhumorada había estado poniendo nerviosos a sus parientes durante mucho tiempo [ ...]. e incluso se babia permitido _echar por- la mafwla temprano una bronca a su marido, de quíen sospechaba que acababa de llegar de una visita amorosa a su hermana de linaje en la puerta de al lado•. Así pues, si su padre la golpeó era un caso' de ejustícíe pcétíce », dice Goodenough: cUna buena paliza era exactamente lo que se merecía.. A mí me parece que Goodenough saca de este episodio una moraleja equivocada. Un fallo tan manifiesto de un conjunto de reglas en la predícclón de la conducta exige que se reescriban esas reglas. ¿Con qué frecuencia se daD esas paJ.izas? Y las señeras que las reclben ¿están de acuerdo con el antrop610g0 en que una buena paliza es exactamente lo que les hace falta? XXI. LA PD.IPIICTIVA Byte y LA cIENCIA DB LO TIlMAL Aludiendo a los logros de la etnoseméntica enumerados por Frake (l964b, p6gIna 143), escríbe Berreman (1966, p. 351): l12 Marvin Barril Ninguna de estas descripciones, sean cuales fueren sus virtudes puede en si misma considerarse verdaderamente importante [ ...I Nos recuerdan la advertencia de Milis en el JeDo udc de que muchos sociólogos han negado a un punto en el que, en su búsqueda de algo que sea verificable, pasan por alto lo que es importante [ ... ] Muchos han trabajado tanto en lo que es trivial que consi¡uen Que parezca importante [ ... ] No es accidental que el análisis formal haya sido criticado tantas veces por su preferencia por las cosas triviales (KEESING, 1966, p. 23; SWEET, 1966, páginas 24 s.). Probablemente sólo en acontecimientos estadísticamente insig. nificantes y científicamente triviales la conducta se puede predecir a partir de un pequeño conjunto de reglas emic. La insistencia de Frake, ConkIin y Goodenough en poner la "adecuación o aceptabilidad lO en lugar de la predecibilidad entre los cánones de la buena etnografía probablemente no es nada más que una admisión tácita de este dilema. El problema no es que la conducta no esté gobernada por ídeologtaa, planes, mapas, reglas y temas cognitivos. Como esos fenómenos se desarrollan dentro de las cabezas de las gentes, en gran abundancia y a toda clase de niveles, conscientes (WAlUl, 1965), preconscientes e inconscientes, con muy diversos grados de fuerza y persistencia, y en toda clase de combinaciones lógicas e ilógicas, racionales e irracionales, seria muy improbable que en algunos niveles, en algdn grado y en alguna combinación los acontecimientos de la conducta no se basaran en o fueran al menos acompañados por alguna forme de cálculo cognitivo. En todas las sociedades, las manifestaciones concretas de la conducta, verbal o no verbal, son resultado de complicadas interacciones de personalidades concretas, cuyos repertorios de reglas, y especialmente de reglas para quebrantar las reglas, con frecuencia parecen tener muy poco en común. A menos que los nuevos etnógrafos sean una casta aparte, a su edad seguramente se habrán dado cuenta de que sus vidas han consistido en buena parte en tratar de resolver qué reglas necesitan para vivir por ellas o, lo que viene a ser lo mismo, qué reglas necesitan para aducirlas en cada ocasión particular. No hay nada que indique que en la condición normal de la vida social predomine la conformidad con las normas emic. El juicio expresado por Rugo Nutinl (1965, p. 723) según el cual los modelos mecénicos (o sea, los modelos construidos de acuerdo con la conducta ideal) «sen siempre superiores a los modelos estadfsticos ... (esto es, a los modelos construidos según la conducta real) está peligrosamente desprovisto de fundamentos empíricos (véanse pp. 431 s.). No hay pruebas que indiquen que .en las condiciones culturales adecuadas... (sean éstes las que fueren) eel solapamiento de las conductas ideal y real tenderá al limite ideal... (ibidem). An· tes al contrario, lo que hay es una abundante bibliografia, tanto en antropología como en las disciplinas próxímas, que indica que las nbnnas emie y los acontecimientos etíc nunca coinciden totalmente y que con frecuencia la principal función de las nonnas es ocultar la realidad etíc. Un caso extremo es la sugerencia de Marshall Sahlins de cómo resolver la «paradoja de E. P.... (Evans-Pritchard) según la cual entre los nuer hay una relación inversa entre adhesión a la agnación en teoría y adhesIón a la agnación en la práctica: eBntonces el dogma agnático sólo puede ser reforzado incrementando la contradicción con la pertenencia al grupo de parentesco, y la La nueva etnogratía 513 ideología asume la función que Mannheim le atribuyó de impedir que la gente conozca lo que está pasando en el mundos (SAHLINS, 1965, p. 105). Me apresuro a dejar constancia de la existencia de algunos intentos recientes de conectar el análisis formal con generalizaciones socioestructurales o comparativas. Pero, sumado todo, parece que la contribución de esos intentos a la teoría sustantiva es menor de la que usualmente podría esperarse de esfuerzos equivalentes. Por ejemplo, la conclusión de Conklin de que la especialización de los hanun60 en términos para primos refleja la escala de multas de acuerdo con los grados del incesto, no necesita en realidad el elaborado aparato descriptivo con que Conklin la presenta (1964, página 48). XXII. EL EJEMPLO DE LA TBRMINOLOGIA CROW Entre los analistas formales, la más ambiciosa pretensión de importancia sociológica ha sido formulada por Floyd Lounsbury (1964; 1965). Lounsbury sugiere que como mejor se entienden las terminologías de parentesco crow y amaba, y sus variantes, incluida la trobriand, es considerándolas como expresiones de la extensión de categorias terminológicas de la familia nuclear a otros tipos de parientes sobre la base de lo que él llama «sucesión de status •. Es la sucesión en status tales como «cabeza de familia, otras postciones en el grupo doméstico, cabeza de linaje o de la corporación basada en el parentesco, cargo político hereditario, cargo religioso. (1965, p. 38), la que explica la supeditación de las distinciones generacionales caracteristica de las terminologías crow y amaba. Lounsbury presenta este principio como opuesto al aceptado por Leach (1958), derivado de Radclíffe-Brown, suscríto por Lowie, Murdock y White y en último extremo atribuible a Morgan, según el cual las terminologías crow y amaba reflejan ante todo y sobre todo al alineamiento de las personas en grupos unilineales. En primer lugar hay que decir que la interpretación de Lounsbury no contradice en ningún aspecto el principio de la solidaridad del linaje. Antes al contrario, sus «sucesíonee de status. pueden considerarse como una medida del grado de corporatividad del linaje. Mas en realidad Lounsbury no está interesado en su análisis como un medio de descubrir los ingredientes causales en la evolución de los sistemas de parentesco. Lo que realmente trata de demostrar es que, dadas las terminologías de tipo crow, resulta posible escribir reglas de extensión de los términos de parentesco de la familia nuclear que «explicarían. todo el sistema, Esas reglas dan cuenta de toda la tenninologfa, mientras que el principio de la solidaridad del linaje sólo da cuenta del grueso de los términos, dejando ciertos residuos que son anómalos (como el hecho de que algunos tipos crow llamen al hermano de la madre del padre de ego con el término general de abuelo v, no padre) (ibidem, p. 365). Mas que una explicación sea más completa no ccnstituye una prueba legítima de su adecuación teórica. Lounsbury juega con ventaja añadiendo una tras otra nuevas reglas de transfonnación hasta que llega un momento en el que ya ha tenido en cuenta todos los rasgos del 514 Marvin Harru caso particular. Al escribir sus reglas, Lounsbury se ha esforzado por no emplear un principio extensíonal que incorpore explícitamente el principio de la solidaridad del linaje o dependa de él. Al rechazar ese principio establecido de la solidaridad Lounsbury no se toma la molestia de averiguar si los fenómenos terminológicos que éste no explica son tal vez sociológica o estadísticamente insignificantes, o semánticamente ambiguos, o si quizá se podría conseguir con sólo adiciones menores que el principio los explicara. Como hemos visto, la terminología amaba de los bathonga es ambigua en cierto número de puntos. Otras manifestaciones similares tienen para Loun.. bury una significación sociológica aparte. Además. aunque admite una correlación general entre el principio del linaje y las terminologías crow y omaha, Lounsbury se complace en subrayar el hecho de que hay cinco cesos anómalos en los que la terminología crow aparece asociada a la ñlíecíen patrilineal (ibidem, pp. 354 s.). Mas no trata de estudiar esos casos a la luz de sus especiales circunstancias, pues si lo hubiera hecho habría visto que por lo menos en tres de ellos resulta posible una interpretación perfectamente compatible con el príncípío del linaje. XXIII. TRaS CASOS BTNOGRAFICOS Los tres casos merecen nuestra atención porque son representativos de lo que ocurre cuando las supersofisticadas técnicas del análisis forma! se eplícan a materiales poco confiables. Lounsbury (1964, p. 388) cita a Murdock (1946, p. 168) como fuente de tres de los cinco casos en que los términos crow aparecen con filiación patrilineal y residencia patrilocal. Son los bao chama de Nígería, los koranko de Sierra Leona y los seniang de las islas Salomón. Lo primero que tenemos que hacer es dejar perfectamente claro que la definición que Murdock da de una terminología crow no tiene demasiado que ver con lo que Lounsbury quiere someter a su análisis formal. Para Murdock, la forma crow existe cuando los primos cruzados se distinguen de los primos paralelos y de los hermanos, mientras que la hija de la hermana del padre es clasificada con la hermana del padre y/o la hija del hermano de la madre es clasificada con la hija de la hermana (MuRDocJ::, 1949, p. 224). Con esto no se dice nada sobre el tratamiento que se da a los términos del tío y de la tía, ni respecto a la relación del uno con el otro. ni respecto a su relación con el término de la madre y el término del padre; y poco sobre la relación de esos términos de tia y t1a con los términos de los hermanos y con los términos de los primos. volviendo a los bachama en la fuente original (MEEK, 1931, pp. 18 ss.). nos encontramos no sólo con que para la hermana del padre y para la hermana de la madre se usa un mismo término, sino también con que para el hermano del padre. y el hermano de la madre se usa un mismo término. Peor todavía: los términos que se usan para los dos tipos de abuelos y de abueIas son los mismos que se usan para el tío cruzado y para el hermano mayor del padre. Y por lo que se refiere a la patrilinealidad de los bachama, Meeck (ibidem, pp. 15 ss.) dice de un modo totalmente claro que opera La nueva etnografía 515 una fonna de doble filiación: que el hijo de la hermana hereda los caballos, las cabras, los vestidos, el dinero y el ganado y la viuda del hermano de la madre o el precio de novia que se pagó por ella, así como las cosechas que están en sus campos y el contenido de sus graneros; y que el sistema estaba en transición con rasgos claros de una forma anterior en la que todavía era mayor la importancia del «matriarcado.. y que «el sentido del parentesco con la familia de la madre era en los tiempos antiguos indudablemente mayor que el del parentesco con la familia del padre.. (ibidem, página 16). Pasando a los koranko (véase THOMAS, 1916) nos encontramos con que a la hija de la hermana del padre no se la nombra con el mismo término que a la hermana del padre, aunque el resto de las condiciones de Murdock sí se cumplen. Así, el sistema sólo puede aceptarse como crow invocando el y/o de la definición. Pero lo que resulta increíble es descubrir en el contexto del refinado análisis presentado por Lounsbury la presencia de este ejemplo etnográfico. La terminología koranko aparece en una tabla que recoge sinópticamente los sistemas terminológicos de ocho pueblos de Sierra Leona. La única afirmación específicamente relacionada con la ñlíacíén y la residencia posnupcial koran.ko es esta que sigue: «La filiación se computa por línea de varón y no hay rastros claros de la existencia de matrimonios matrñocales. aunque algunas costumbres relacionadas con el nacimiento parecen sugerirlo» (ibidem, p. 107). El nivel etnográfico de la descripción de Thomas resulta inaceptable (salvo para usar sus resultados en una muestra estadística, v. g.j. y cualquier intento de resolver una cuestión teórica importante basándose en lo que sabemos de los koranko no es más serio que tratar de hacerlo recurriendo a la escapulimántica. Finalmente, Lounsbury cita a la división seniang de Malekula, a la que se ha llamado «un pueblo evanescente de las Nuevas Hébridas... Es importante señalar que no sólo los seniang se habían visto ya afectados por la peor clase de colapso biocultural en el momento en que A. B. Deacon los visitó (1934), sino que además la monografía a ellos dedicada no la escribió A. B. Deacon, sino Camilla Wedgwood, usando las notas de campo de Deacon. De ella son estas palabras: r...] debe decirse que lejos de encontrar en la Bahfa del Sudoeste una lOdedad viva, lo que Deacon encontró fueron sólo unos pocos supervivientes de diversos distritos. En consecuencia, le fue imposible- estudiar la vida social, económica y religiosa de una sociedad viva, y en lugar de eso tuvo que adquirir su conocimiento de lo que esa vida había sido en otros tiempos por el método tedioso, y no siempre totalmente confiable, de preguntar a loa viejoa [1934, p. XXXII]. Los seniang satisfacen los criterios que Murdock impone a la terminología crow. La hija de la hermana del padre es clasificada junto con la hermana del padre, y el hijo del hermano del padre junto con el padre. Pero no hay información relativa a los términos que usan para los hijos de esos primos cruzados. Por esta laguna y por otras similares no es fácil decir hasta qué punto se ajustan realmente a la pauta CI"OW. Por le menos hay una anomalía: Wedgwood pone especial atención en el hecho de que para el 516 Marvin Harris padre del padre del padre del padre se usa el mismo término que para el hermano mayor y probablemente para el hijo del hijo del hijo del hijo se emplea el término del hermano menor. Sobre la base de esta terminología no puede concluirse que existieran clanes matrilineales o matrflccales, aunque se ha de admitir que tampoco parece una prueba tan decisiva de la existencia de los pretendidos principios patrilineales y patrilocales. Hay toda clase de razones para rechazar la validez de Malekula como ejemplo negativo de la correlación en cuestión. Los vecinos newun, con los que los seniang se casan y que reconocen la filiación en patriclanes localizados, clasifican a la hermana del padre junto con la hija de la hermana del padre, pero además para la madre usan un término con la misma raíz. Esa clasificación de la madre, la hermana del padre y la hija de la hermana del padre bajo un mismo término se repite en muchos otros grupos de Malekula, incluidos los lambumbu (DEACON, 1934, pá. gina 98), los senbarei tíbíáem, p. 121), los uripiv (ibidem, p. 124), nesan, uerik, bangasa y niviar (ibídem, p. 125) Este es un rasgo que nada tiene de crow y que ciertamente no está previsto en los subtipos de Lounsbury. Hay que mencionar que entre los pueblos del norte, lambumbu (ibídem, p. 101) Y lagalag (ibidem, p. 110), aparecen inesperadamente huellas ciaras de doble filiación, aunque en ningún lugar disponemos de una descripción confiable sobre las relaciones con los parientes rnatrilineales. Tanto Deacon como Wedgwood estaban convencidos de que Malekula había sido invadida por una sucesión de diferentes culturas. de las que las últimas eran vígoroeemente patrilineales. La medida en que esto pueda haber oscurecido la observación de verdaderas agrupaciones matrilineales entre los semiang no se puede establecer. Igualmente dudosa, visto el naufragio cultural con que tenía que trabajar, es la capacidad de Deacon para haber obtenido información de esa naturaleza, incluso si se le hubiera ocurrido que, dada la importancia de las tendencias patrilineales que él atribuía a toda la isla, la terminología crow de los primos requería especial atención. De cualquier modo, un extremo sí queda claro: que tampoco éste es un buen ejemplo de nada. XXIV. LA BUSQUBDA DB LA BLBGANCIA FORMAL La prueba crítica de las tesis de Lounsbury relativas a la insuficiencia del principio de la solidaridad del linaje depende de la cuestión de si puede escribirse un conjunto de reglas emic que se basen en el principio del llna[ e, o que lo incorporen, y que resulten tan productivas y tan económicas como las de Lounsbury. Allan Coult (1968) asegura haberlo logrado. Pertíendo de un conjunto de principios propuesto originalmente por Tax (1955a; original, 1937) y aftadiendo el principio de la solidaridad del linaje, Coult asegura que él «explica» todos los rasgos que «explica» Lounsbury y que lo hace de una manera más simple y más elegante. Coult elimina las anomalías en la relación entre pertenencia al linaje y confusión terminológica, aplicando principios lógicos en lugar de sociológicos: «Los términos apli· La nueva etnografía 517 cados a dos parientes de fuera del patrilinaje propio y del patrilinaje de M. se determinan de acuerdo con los términos aplicados en esas dos líneas y la aplicación de los principios de sucesión uniforme y de recíprocos uníformes » (COULT, 1968, p. 11). Mas la importancia del logro de Coult no puede juzgarse por esos criterios exclusivamente formalistas. Como el propio Coult lo dice: «Una buena teoría tiene que estar formulada de tal manera que no sólo pueda predecir los fenómenos empíricos, sino que también exponga abiertamente en base a qué razones los predice» (ibidem, p. 10). Es decir, que, como sosteníamos antes, una buena descripción etnográfica debe estar relacionada con un corpus de teoría explicativa. «De hecho, Lounsbury no tiene ninguna teoría, sino sólo un mero conjunto de relaciones empíricamente observadas» (ibidem, p. 11). xxv. LA NUEVA VIEJA ETNOGRAPIA El análisis formal quiere presentarse como un movimiento nuevo y revítalizador cuando en realidad es el último de una serie de intentos del idealismo cultural por intensificar la adhesión de la antropología .cultural "l. las estrategias de investigación emic. El «nuevo enfoque de la etnografía» que Sturtevant (1964, p. 9) se atreve a llamar «la nueva etnografía» ocupa así una posición histórica definida y muy comprometida de la que sus practicantes no parecen darse cuenta. En un sentido no banal, esto no es la nueva etnografía, sino la nueva vieja etnografía. Es una versión mejor operacionalizada, pero más limitada, de una estrategia de investigación que ya se ha demostrado incapaz de resolver las principales y más sustantivas cuestiones de las ciencias sociales. Al juzgar la pretensión de novedad de la etnosemántica hemos de recordar el hecho de que casi todas las escuelas teóricas mayores de la antropología han dedicado lo más de su'> esfuerzos investigadores a alguna modalidad de análisis emíc. Las principales Jíneas históricas de influencia las hemos expuesto en los capítulos precedentes. Aquí debe bastarnos simplemente con recordar la herencia de la que Lowie llamaba escuela de filosofía del sudoeste de Alemania -Windelband, Dilthey, Rickert- a través de la cual penetró en la antropología contemporánea el racionalismo del siglo XVIII y el idealismo en su versión culminante hegeliana (véase capitulo 12). En el siglo xx, muchos portavoces eminentes, representantes de posiciones teóricas nominalmente muy variadas, han exhortado a los antropólogos a conceder prioridad a los análisis emic. Entre los boasianos, la ya citada opinión de Lowie era típica. Lo que el etnógrafo tiene que hacer es entender la «verdadera intimidad» de las creencias y de las prácticas de las gentes que él estudia. El etnógrafo no tiene que limitarse simplemente a registrar la práctica del infanticidio o del canibalismo. Si no registra también la forma en que sus informantes reaccionan ante esas prácticas, ha fracasado en su tarea (véase p. 316). A Kluckhohn (1949, p. 300) se le puede considerar representante de otro 518 Marvin Harris amplio espectro de antropólogos americanos: «La primera responsabilidad del antropólogo es recoger los acontecimientos tal y como los ven las gentes que él está estudiando.» Malinowski, en The argon.auts, escribió del «objetivo final, que el etnógrafo nunca debería perder de vista»: Este objetivo es en pocas palabras, captar el punto de vista del nativo, su relación con la vida, llegar hasta su visión de su mundo. Estudiar las instituciones, las costumbres y los códigos, o estudiar la conducta y la mentalidad sin el deseo subjetivo de sentir Qué hace vivir a esas gentes, de entender la sustancia de su felicidad. eQUivale en mi opio ni6n a renunciar a la mayor recompensa que podemos obtener del estudio del hombre [MALINOWSKI, 1961, p. 25]. Por otra parte, aunque David Schneider (1965c, p. 38) contrapone la posición de Radcliffe-Brown en el estudio de la estructura social a la posición de Needham, Lévi-Strauss y Homans, la herencia común que tanto los funcíonalistas estructurales como los estructuralistas tienen de Durkheim marca a ambos grupos con una tendencia erníc. La dedicación dominante de los antropólogos sociales británicos al análisis de la filiación, la afinidad, la descendencia, la alianza prescríptíva y preferencial, basta para dejar establecido el carácter emic de sus intereses de investigación. Por otro lado, como ya vimos, Lévi.Strauss y Needham han elevado la idea de Durkheim de las «representaciones colectivas.. a las más puras cumbres del mentalismo. Como Schneider señala, para Needham hasta la cuestión del orden social es una cuestión de congruencia lógica y simbólica. Aunque Needham escriba sobre grupos «pragmáticamente distintos .., «pragmáticamente.. sólo tiene sentido si significa «conceptualmente distintos .., y esto a su vez sólo puede significar que un nativo hablará de ello. La ficción de una ficción de la imaginación de un nativo bastará (ibidem, p. 39). XXVI. cONVBRGBNCIA EN EL MENTALISMO Sin embargo, es un hecho de la mayor importancia que la propensión emic de la nueva etnografía cobra su vigor de la infusión de un mentalismo que tiene orígenes más recientes. En la nueva etnografía se da una confluencia de los intereses de un enfoque emic más antiguo, empático y humanista, con un mentalismo nuevo, más limitado y menos humanista, cuyo desarrollo empezó en la lingüística. Hymes, siguiendo su desarrollo, cita a Sapir y a Olla escuela de Yale, la distribución complementaria, los rasgos distintivos de Jakobson y la gramática generativa de Chomsky.. (l964a, p. 10). El modelo lingüístico también ha ejercido influencia entre los antropólogos franceses y británicos, a los que ha conducido, en notable convergencia, hacia una estrategia emic en la que la lógica y la razón han ocupado el sitio del sentido emocional. En Europa, y también por la influencia específica de Jakobson, ha sido Lévi-Strauss el que ha abierto el camino a esta nueva forma de idealismo (HYMES, 1963; 1964a, p. 15; 1964b). Aunque la imagen que el análisis formal gusta hacerse de sí mismo sea la de una «ciencia fuerte», su paralelo más exacto lo tiene en la posición estructuralista de Léví.Strausa, cuya esencia queda perfectamente recogida en la inspirada frase de «marLa nueva etnografla 519 xismo zen» (véanse pp. 443 ss.). Para Lévi-Strauss, como para los emoseméntícos. el modelo de todo análisis cultural debería ser un modelo lingüístico casi matemático: «Del lenguaje puede decirse que es una condición de la cultura, porque el material del que el lenguaje está hecho es del mismo tipo que el material del que está hecha toda la cultura: relaciones lógicas, oposiciones, correlaciones, etc.» (UVI·STRAUSS, 1963a, p. 68). Esta opinión tiene su paralelo exacto en la imagen que Frake se hace de la etnografía: [... ] la lini\iística descriptiva no es más que un caso especial de etnografía, ya que su campo de estudio, los mensajes verbales son parte integrante de un campo mayor de actos y artefactos socialmente interpretables. Es de todo este campo de mensajes, íncluida el habla, de lo que se oeupa el etnógrafo. El etnógrafo, como el lingüista, trata de describir un conjunto infinito de mensajes diversos, como manifestaciones de un código finito, código que es un conjunto de reglas para la construcción e interpretación de mensajes sociahnente aprobados [19Mb, p. 133]. Como se verá, el «increíble ingenio. (SAHLINS, 1966) de Lévi.Strauss al descubrir las estructuras mentales ocultas de la sociedad es el análogo francés de la exhortación de Frake (1964b, p. 133): «Debemos entrar dentro de las cabezas de las gentes que estudiarnos.» Y si se toman en consideración las objeciones que se han hecho relativas a la falta de validación estadistica de las estructuras mentales que la etncsemántica ha tratado de descubrir, la distancia entre Lévi-Strauss y la nueva etnografía todavía se halle menor. La justificación que Lévi-Strauss (1953, p. 528) hace de los llamados modelos mecánicos tiene su paralelo en los argumentos que los etnosemánticos aducen para justificar su nula atención a la validación estadística y al valor predictivo de sus reglas, Como ya he señalado, el mentalismo de Lévi.Strauss y de sus colegas americanos se aparta de los enfoques emíc anteriores en que centra su atención en las funciones lógicas de la mente y no en los componentes emocionales e irracionales. «Léví-Strauss rechaza categóricamente el recurso a la afectividad o a la emoción. La emoción es vaga, mientras que la estructura es precisa; la emoción es meramente sentimental, mientras que la estructura es lógica» (SAHUNS, 1966, p. 136), Similar impUcito desdén por las emociones que puedan sentir las gentes caracteriza también a la emcseméntrca. Para una generación de antropólogos americanos, la perspectiva emic se proponía el descubrimiento de los complejos psicológicos inconscientes que se suponfan subyacentes a la conducta ideal y real. Mas el modelo lingüístico no tiene manera de incorporarse el conflicto freudiano entre el íd.' el ego y el superego. Más fácil sería exprimir sangre de una piedra que extraer de la presentación «algorítmica, que Hammel ha hecho del parentesco comanche los tipos de emociones que los comanches sentfan en presencia de sus hermanas y de sus madres. Realmente sí que es _una nueva experiencia para los antropólogos ésta de que se les presente un análisis que «no pretende ofrecer soluciones que tengan necesariamente importancia sociológica, psicológica o histórica [ ... ]lO (HAMMEL. 1965, p. 104). XXVII RETORNO A PUTON Otro ingrediente nuevo del enfoque etnosemántico es su insistencia excluyente en que la antropología tiene que ser emic si es que quiere ser algo. Aunque nuestra perspectiva siempre haya estado dominada por el idealísmo y por el mentalismo, tradicionalmente esto se combinaba con un eclecticismo que permitía que por lo menos uno de los pies del antropólogo tacara de vez en cuando el suelo. En el pasado, las adhesiones a la perspectiva emic rara vez han sido tan estridentes, tan insistentes y tan sectarias. Los antiguos programas idealistas y mentatístas eran en la práctica capaces de describir, sobre la base de acontecimientos históricos concretos, los sistemas tecnoeconómicos, sociales y políticos, y estaban interesados en describirlos. Mas en la nueva etnograffa la cultura es un sistema intemporal de categorías lógicas. El historicismo de Hegel, que era el único rasgo que le salvaba, ha sido abandonado en favor de una dialéctica idealista sincrónica conocida como «anélísts de rasgos distintivos». Aunque los emoseménticos se hagan la ilusión de estar obteniendo sus conocimientos de nuevas fuentes de sabiduría, incluso como idealistas han dado un gigantesco paso atrás. Así, según Goodenough: El gran problema de una ciencia del hombre es el de cómo pasar del mundo objetivo de la materialidad, con su variabilidad infinita, al mundo subjetivo de la forma tal como éste existe en lo que por falta de un término mejor, tenemos que llamar los espíritus de nuestros congéneres humanos l.. ] En mi opinión, la lingüística estructural nos ha hecho conscientes por lo menos de la naturaleza de ese mundo, y se ha esforzado por convertir esa conciencia en un método sistemático [1964a, p. 39J. La idea de que el mundo objetivo de la materialidad representa el bosquejo de las formas que existen en la mente nos lleva hacia atrás hasta la caverna de Platón. Goodenough no se apercibe de que, aunque la materialidad sea infinitamente compleja, tal condición no ha inhibido el desarrollo de la generalización en ninguna de las otras ciencias y que ninguna de ellas se ha puesto tampoco a buscar mundos subjetivos de formas. Por otra parte, como ya indiqué, si el mundo subjetivo de la forma les parece menos infinitamente variable, es porque los etnoseméntícos han ignorado la variabilidad que todos sabemos que existe. Con este rechazo del mundo material como demasiado complejo, Goodenough refleja una opinión que muchos como parten (más en sus conversaciones que en sus publicaciones), a saber: la de que la etnografía tiene que ser em¡c, y emic en el nuevo sentido Iingüístíco. si es que quiere ser algo. Efectivamente, algunos emcseméntícos insisten en que el campo de la cultura sólo es definible en términos emic: «De hecho, me cuesta trabajo imaginar un hecho, un objeto o un acontecimiento que pueda ser descrito como un artefacto cultural, como una manifestación de un código, sin. alguna referencia a la fonna en que la gente habla de él- (FRAKE, 1964, p. 133). La nueva etnografía XXVIII. LAS CULTURAS NO SON SOLO CODIGOS 521 ¿Son todos los artefactos culturales actos, objetos o acontecimientos concebibles sólo, como Frake pretende, como manifestaciones de un código? Refiriéndome a nuestra anterior discusión sobre la variación y la ambigüedad, permítaseme añadir que los actos, los objetos o los acontecimientos relevantes para la conducta humana rara vez expresan una regla o unas pocas reglas de un código. Algunos ejemplos pueden ayudarnos en este punto. Entre los bathonga hay una marcada tendencia agnática con la regla de que los hermanos y los hijos mantengan sus familias en o junto al conjunto de casas de su padre. Otras reglas adicionales establecen el orden en que tienen que casarse los hermanos y los hijos, la distribución de los recursos destinados al precio de la novia, el tratamiento de las coesposas y de los hijos menores. Hay también reglas adicionales que se refieren a cómo hacer brujería, a cómo hacer acusaciones de brujería y a cómo reaccionar ante esas acusaciones. Otras reglas más indican lo que tiene que hacer un hombre para tener éxito en la vida, la importancia del matrimonio poliginico y la importancia de tener muchos hijos. Todas estas reglas se relacionan a su vez con las reglas sobre cómo tratar a los antepasados con el debido respeto y la debida atención. Ahora bien, un rasgo etic normal de la vida bathonga es que los linajes locales se fisionan en cuanto la población suma entre 100 y 200 personas, que esa ruptura va seguida de la fundación de un nuevo poblado con un hijo menor y la madre de éste como centro, y va acompañada por toda clase de expresiones hostiles. inclusive acusaciones de brujería que violan las reglas de la solidaridad del linaje, pero que dan al joven fundador una posibilidad de alcanzar en la vida y en el matrimonio una medida de éxito que de ningún otro modo podría lograr. Contemplar el acontecimiento de esa fisión como resultado de la intersección de todos los códigos que posiblemente habrán influido en la conducta de los agnados, de los hermanos mayores y menores. de las mujeres mayores y menores, cuando cada uno se haya enfrentado a su manera con el problema de qué regla tenía que aplicar o cuando las reglas en sí mismas se hayan enfrentado y entrecruzado a un nivel inconsciente, convirtiéndose en una enmarañada madeja de culpa y ansiedad en cada uno de los actores, querer enfocarlo y contemplarlo así es un empeño sin esperanza. La fisión del poblado bathonga es un acontecimiento cultural y no es concebible en un sentido operacional como manifestación de un código. Por el contrario, sí que es simple y clara y operacíonalmente concebible como un fenómeno etic en el que el ritmo de la fisión no expresa un código mental, sino la densidad y la necesaria dispersión de la población animal y humana en las condiciones tecnciecológicas del sur de Mozambique (HARRIS, 1959b). Un ejemplo similar y muy cuantificado se encuentra en el estudio de Roy Rappaport (1966) de la relación entre bosque secundario, producción de batata, población humana y porcina, guerra y festivales que incluyen enormes matanzas de cerdos entre los maring de Nueva Guinea. Cada una de estas actividades tiene sus reglas emíc, y esas reglas se entrecruzan en nu522 Marvin Harris merosos puntos. Los cerdos tienen que ser alimentados con batatas de baja calidad. Pero a medida que la población porcina va aumentando, los cerdos van requiriendo cada vez más cantidad del trabajo que se invierte en la producción de la batata. Ninguna regla entre los maring dice que los cero dos tengan que multiplicarse hasta un punto en el que se conviertan en una amenaza para la ración calórica humana. Mas sin especificar las regularidades etic cíclicas en la proporción entre cerdos, personas y tierras de cultivo, no es posible describir adecuadamente (es decir, no es posible describir estableciendo una conexión con un corpus de teoría diacrónica y sincrónica) la etnografía de la guerra y de los banquetes maring. Entre los etnoseméntícos. Frake ha llegado a intentar estudiar la interacción entre un grupo humano y su hábitat en términos primariamente emic. Señalando que entre los subanum no existe ninguna regla explícita que puedar dar cuenta de sus pautas de poblamiento, Frake se dispone a derivar una regla implícita, producto de la intersección de un cierto número de «principios totalmente explícitos sobre las relaciones deseables entre casas y campos» (Ibídem, p. 56). Frake presenta su análisis como una propuesta metodológica y por eso parte de tomar como datos los principales rasgos del sistema agrícola, mas asegurándonos que esos datos, por ejemplo, el que todos los años se hagan nuevas rozas, podrían obtenerse también reelizando un cálculo de decisiones individuales émicamente motivadas. A continuación ofrece las tres reglas emic con las que se puede lograr una eexpltcacíóns vemíc de las pautas de poblamiento: mínimo número de límites con la vegetación silvestre, mínima distancia de la casa al campo de cultivo y máxima distancia de una casa a otra casa (ibidem, p. 56 s.). Mas estas reglas, incluso añadiéndoles los datos de grupos de trabajo no mayores que la familia nuclear y del desplazamiento anual de la ubicación del campo en que se invierte más trabajo, son manifiestamente incapaces de predecir (que no es lo mismo que explicar) la distribución espacial de las casas de Subanum. Incluso si todos los habitantes aplicaran a la vez las mismas reglas, sería imposible que todos obtuvieran los mismos resultados en términos de tamaño de la unidad doméstica, tamaño de las parcelas y productívídad de las parcelas. En algún momento, las regfas emíc deben enfrentarse a la realidad etie de cuánto se produce en unas condiciones tecaoeconómícas dadas, Por muchas otras cosas que se puedan tomar en consideración, resulta evidente que los rendimientos decrecientes por cantidad de trabajo invertido tienen que tener una importancia eminente en la fórmula etic que gobierna los cambios de residencia de los agricultores de rozas. Resulta sintomático del mentalismo y del formalismo de los etnosemánticos el que Frake no describa las pautas electivas de dispersión de las casas. La descrípcíón de una pauta asf, que nos infonnara de la estabilidad o del cambio a largo término en relación con el tamaño de la población y con los factores de producción, valdría por un millar de- reglas emic. Las pautas de poblemiento de Subanum, una característica distribución de las gentes en una determinada porción de la tierra, son un artefacto cultural. Y no es necesario, y además ea.imposíble, derivar esas pautas sólo de los principios emíc, La nueva etnografía 523 explicitas o implícitos, por los que los subanum piensan que se gobiernan sus vidas. En el nordeste del Brasil, los padres de familias campesinas aceptan las reglas, vigentes en todo el Brasil, que subrayan la importancia del parentesco y del compadrazgo. El tamaño de la familia, sumados los parientes que forman la unidad doméstica y la red total efectiva de la parentela, varía de unos quince o veinte a más de un centenar, según la clase. En los poblados son los campesinos que mayor éxito económico han tenido los que tienen más parientes. Mas a diferencia de 10 que ocurre con sus análogos en las clases altas metropolitanas, el círculo de parientes que rodea a esos campesinos está dedicado a consumir su riqueza en vez de ayudarle a consolidarla. Es un hecho cultural que la presión que se ejerce sobre el campesino brasileño para moverle a ampliar su familia reduce sus posibilidades de movilidad ascendente. Mas yo desafío a los etnosemánticos a que encuentren la regla ernic que vincula las familias numerosas y el rnantenímiento de la pobreza. El problema se puede formular en términos mas amplios: ¿es la pobreza de las masas campesinas del mundo un artefacto cultural? Si lo es, y resulta difícil pensar que alguien pudiera negarlo, ¿hemos de imaginar que esa pobreza es el resultado de un conjunto de reglas emic a las que los pobres se aferran obstinadamente? XXIX LA ETNOSEMANTICA y LA ARQUEOLOGIA Finalmente hemos de hacer un comentario sobre la relación entre la etnosemántica y el enfoque diacrónico de los fenómenos socioculturales a través de la etnología, la historia, la arqueología y el método comparativo, La etnosemántica puede ser capaz de hacer descripciones válidas de los sistemas socioculturales contemporáneos y, dentro de ciertos límites. descripciones útiles. Mas el modelo lingüístico es todavía menos capaz que el modelo empleado por los funcionalistas estructurales británicos en lo referente a hacer descubrimientos sobre el contenido de la historia y la naturaleza de los procesos históricos. Si la antropología ha de tener un componente diacrónico, ese componente no puede consistir en un inventario de reglas cognitivas. La razón de esto es que para la mayor parte de la historia humana no tenemos ningún medio de llegar al interior de las cabezas de las gentes en la forma propuesta por Frake. Pero, incluso si lo tuviéramos, seguiríamos enfrentándonos con una dificultad insuperable. La porción aro queol6gicamente recuperable de la mayor parte de la historia humana consiste en modificaciones del entorno que han sido producidas gracias a la inversi6n de diferentes variedades y expresiones de energía. Las oposiciones binarias, los rasgos contrastantes, la distribución complementaria tienen una cosa en común: que carecen de un costo de energía mensurable. 21. EL ESTUDIO ESTADISTICO y LA RESTAURACION NOMOTETICA Los
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