lunes, 9 de abril de 2012

Mill, harris

En aquel invierno de descontento, Saint-Simon, Comte y Hegel habían alimentado la esperanza de la primavera. Las corrientes subterráneas que procedían de la época prerrevolucionaria emergieron ahora a la superficie. Se oyó la voz de Locke. Con intensidad y claridad especialmente grandes la oyó John Stuart Mill, otra poderosa inteligencia liberal. Es verdad que a Mill, como a Comte, lo que le interesaba casi exclusivamente era el análisis del orden capitalista euroamericano. Pero en sus Principles of political economy (1848) Mill llegó hasta la raíz, hasta el centro de todas las cuestiones permanentes del estudio antropológico. En todo el siglo XIX su contribución al desarrollo de un clima favorable a las ciencias sociales no puede compararse más que con la de Herbert Spencer. Los PrincipIes of political economy representan el intento de MilI de escribir la continuación de WeaIth of nations, de Adam Smith, resumiendo la teoría económica clásica, pero incorporándole un mejor conocimiento y una mayor simpatía por los segmentos menos privilegiados del orden capitalista. Su perspectiva ecléctica, a la que unía criterios rigurosos de evidencia y una gran penetración lógica, tuvo, si no otra cosa, una profunda influencia en la conformación del estilo académico liberal. En sus «Notas preliminares», Mill hace un importante resumen de la evolución de los sistemas productivos, resumen notable por su contribución a la teoría de la importancia del excedente en la estratificación social. Lo primero que encontramos es el conocido esquema de la Ilustración con un estadio de tribus cazadoras desde el que se pasa al pastoreo. En éste se producen las primeras diferencias significativas de riqueza, obra de «individuos activos y prósperos Las desigualdades de riqueza dan origen a grupos que son capaces de «exonerarse a sí mismos de todo trabajo salvo el del gobierno y la supervisión

La mayor seguridad y el ocio que estos sistemas más productivos posibilitan dan origen a «nuevas sociedades de mejores vestidos, utensilios e implementos». Viene a continuación el estudio de la agricultura, al que se llega cuando "el incremento de la población de hombres y ganado empieza a exceder de la capacidad de la tierra de producir pastos naturales". En este punto, sin embargo, Mill se separa de la fórmula usual. El progreso durante la fase agricultora no es tan rápido como uno podría suponer, porque, salvo en áreas desusadamente fértiles, la agricultura es menos productiva que la ganadería. Y, por otra parte, a la producción agrícola es más fácil imponerle tributos: 

"Salvo en circunstancpas de clima y suelo desusadamente ventajosas, los agricultores no producen por encima de lo que necesitan para su consumo un excedente de alimentos lo bastante grande como para mantener a otra clase numerosa de trabajadores dedicados a otros aspectos de la industria. Además, lo normal es que el excedente, Sea grande o pequeño, le lo arrebatan a sus productora bien el gobierno bajo cuya autoridad están, bien individuos que, por la superioridad de su fuerza o usando en provecho propio sentimientos de subordinación religiosos o tradicionales, se han establecido a si mismos como señores del suelo [Mill, 1923, p. 12; original, 1848]. 

Sigue a esto un examen del papel de los impuestos en "los extensos reinos que desde un tiempo anterior a los registros históricos ocuparon las llanuras de Asia». Mencionando la actuación de los gobiernos asiáticos en las obras de utilidad pública -«pozos, cisternas y canales para los riegos sin los que en muchos climas tropicales difícilmente se podría cultivar el suelo.. (ibidem, p. 13)-, Mill pasa a hacer una descripción bastante exacta de los componentes básicos del «despotismo oriental». Como ha señalado Karl Wittfogel (1957, pp. 372-73), los precedentes básicos de su análisis se encuentran en la obra de los primeros economistas clásicos, James MilI, Richard Jones y Adam Smith. Mili pasa luego a establecer un contraste entre las monarquías orientales y la trayectoria del desarrollo en Europa, que se caracteriza por la existencia de comunidades de pequeñas ciudades o de pequeñas comunidades (MILL, 1923, pp. 14·15). Como resultado de la guerra, éstas evolucionan hasta formar unidades mayores basadas en la conquista y en la esclavitud, que culminan en los imperios grecorromanos. A continuación Mill pasa a describir las características del feudalismo y la transición de la Europa feudal a la Europa comercial e industrial (ibidem, pá· gina 18). 

Implicita en el resumen de MilI se da una clasificación de la cultura en seis tipos: 1) cazadora, 2) pastora, 3) asiática, 4) grecorromana, 5) feudal y 6) capitalista. Los Principles of political economy tienen también especial interés por la forma en que tratan los sistemas agrícolas de Europa y de la India. En un esfuerzo por desenmarañar los efectos de las relaciones de producción y por aislarlos de los del clima, el suelo, la raza y el gobierno, Mill compara sistemáticamente la productividad y el nivel de vida de los propietarios campesinos, los arrendatarios, los aparceros y los cottiers. Su análisis de las causas de la pobreza entre los irlandeses es especialmente digno de mención por su posición claramente antirracista en una época en la que la tendencia dominante en la literatura más estrictamente antropológica se inclinaba decisivamente a favor de la biologización de la historia: 

"¿No es una amarga sátira del modo en que se forman las opiniones sobre los más importantes problemas de la naturaleza y de la vida humanas encontrar a educadores públicos de grandes pretensiones que achacan el retraso de la industria irlandesa y la falta de energía del pueblo irlandés en mejorar su situación a la indolencia y a la despreocupación caracterlistica de la raza céltica? De todos los modos vulgares de eludir la consideración de  los efectos de las influencias morales y aociales sobre la mente humana, el más vulgar es este de atribuir las diferencias de conducta y de caracter a diferencias naturales inherentes. ¿Qué raza dejaría de ser indolente y despreocupada si estuviera en una situación tal que ni su previsión ni su trabajo redundaran en provecho suyo? El que no la desarrollen sin un motivo razonable en modo alguno es una prueba de que los seres humanos carezcan de capacidad de trabajo. No hay labradores ni en Inglaterra ni en América, que trabajen tan duramente como loa irlandeses, pero no bajo un sistema de cottiers [ibidem, p. 324]. 64

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