(1632-
1677), nació en Amsterdam, de una
familia judía, procedente de Espinosa
de los Monteros, en tierra castellana
de Burgos, trasladada a Portugal
y emigrada luego a Holanda a causa
de la persecución religiosa. Educado
en la comunidad hebrea de Amsterdam,
siguió Spinoza las enseñanzas
tradicionales del talmudismo y adquirió
amplio conocimiento de la Cabala
y de la filosofía judía medieval, así
como de la escolástica cristiana, de
las tendencias platónicas renacentistas
y de las nuevas ciencias, con inclusión
del cartesianismo. Pero acusado por
sus correligionarios de blasfemo fue
expulsado de la sinagoga en 1656,
residiendo desde entonces en diversos
puntos de Holanda en relación
con el círculo de los colegiantes
y con notables personalidades de la época, entre ellas el estadista Juan
de Witt.
El sistema de Spinoza tiene un
carácter totalmente peculiar en la
línea del pensamiento moderno después
de Descartes. Spinoza se propone,
ante todo, buscar en la filosofía
el bien supremo que temple el ánimo
y proporcione una serena y eterna
bienaventuranza. Este bien supremo
es producto del conocimiento de Dios
como unidad del conjunto del universo.
No se trata, sin embargo, de
una identificación mística con un
principio supremo al modo neoplatónico
o místico, sino de un conocimiento
racional, que debe comenzar
por eliminar todo motivo de error,
toda representación confusa y vaga.
De ahí el punto de partida cartesiano
en el método y la primacía del
pensar matemático. Spinoza describe
cuatro tipos de representaciones:
aquellas que son producidas por la
mera transmisión verbal; las que nacen
por experiencia vaga; las originadas
por la relación de un efecto
con su causa, y las que proporcionan
un conocimiento intuitivo y directo
de la naturaleza simple examinada,
tales como se realizan en el conocimiento
de las verdades matemáticas.
Este último tipo de representación es,
según Spinoza, el único conocimiento
cierto y auténtico. El método debe,
por lo tanto, basarse en la definición
en tanto que construcción de las notas
constitutivas del objeto, de un
modo análogo a la definición de las
figuras geométricas. Ahora bien, la
efectividad de un conocimiento de
esta índole es posibilitada por el supuesto
de que, dada la correspondencia
de los atributos, el orden y conexión
de las ideas, entendidas como
elementos simples e irreductibles, es
igual al orden y conexión de las cosas.
Conocer es así contemplar directa
e intuitivamente estas ideas simples.
Por este motivo debe comenzarse con
las definiciones fundamentales que,
al señalar las notas constitutivas de
los principios supremos, nos permitirán
pasar por deducción rigurosa al
conocimiento de los principios subordinados.
De acuerdo con ello, las nociones
de los Principios do la filosofía
cartesiana y de la Ética están more
geométrico demonstratae, demostradas
al modo geométrico. Se parte de definiciones
(algunas de las cuales pueden
requerir una "Explicación"), se sigue con axiomas, y se procede a proposiciones.
Estas proposiciones son demostradas
de varias maneras: algunas
son patentes en virtud de las definiciones;
otras se deducen de axiomas o bien se demuestran ad absurdtim,
es decir, porque una proposición contradictoria
a una dada es contradictoria
de uno a varios axiomas; otras derivan
de proposiciones ya admitidas
como verdaderas y probadas, ya sea
de las solas proposiciones ya admitidas
o de ellas más uno a varios axiomas.
De las proposiciones pueden deducirse
corolarios que, en casos determinados,
sirven también para la demostración.
A algunas de las demostraciones de
proposiciones siguen escolios — y se
ha dicho a veces que en ellos se encuentra
lo más interesante de la doctrina
de Spinoza, lo cual puede muy
bien ser cierto, pero en todo caso los
escolios no serían posibles sino como
escolios de demostraciones. En suma,
la demostración al modo geométrico
procede según el sistema deductivo.
La filosofía de Spinoza puede
haberse engendrado en el ánimo del
autor por medio de la experiencia,
pero no es una filosofía racionalmente
fundada en la experiencia, ni, por lo
demás, necesita serlo.
En las definiciones de la Parte I de
la Ética se introducen algunas nociones
tales como "causa de sí mismo",
"substancia", "atributo", "modo", etc.
En los artículos correspondientes nos
hemos referido a las opiniones de Spinoza
al respecto. Recordemos que la
primera definición se refiere a la Realidad
misma, que es la única Realidad:
la causa de sí misma, que es aquella
cuya esencia envuelve su existencia,
es decir, aquello que no puede concebirse
si no es existiendo. Esta Realidad
es Substancia, y no sólo ella lo es
— y sólo la Substancia como Substancia
infinita es la Realidad. Spinoza
llama a esta Realidad Dios y Naturaleza
o, más exactamente, "Dios o Naturaleza",
Deus sive Natura — la piedra
de escándalo del sistema de
Spinoza, tantas veces denunciado como
panteísta. Se trata de un ser
absolutamente infinito, que contiene
infinitos atributos, cada uno de los
cuales expresa una esencia eterna e
infinita.
La Realidad de que habla
Spinoza es, así, una realidad eminentemente
positiva: es esencia necesariamente
existente, es infinita, es eterna,
etc. El hecho de que a veces haya que usar términos de índole negativa
(como 'in-finito', lo que no es finito)
para caracterizar tal Realidad se debe,
como Spinoza apuntó ya en el Tratado,
a la insuficiencia del lenguaje.
Pero, se hable o no de ella "negativamente",
Ja Realidad es positiva. Es,
además, "plena" y ello por lo menos
en dos sentidos: en que "ocupa" todo
lo que es, y en que no puede estar
limitada — el primer sentido, como
sentido positivo, es el fundamento del
segundo. Por eso los atributos de la
Substancia son infinitos. No es menester
decir que tal Realidad es perfecta,
porque decir 'Realidad' —Substancia
infinita; Dios o Naturaleza—
es lo mismo que decir 'Perfección'.
De los atributos de la Realidad solamente
conocemos dos: el pensamiento
y la extensión. Son los dos
vínicos atributos que podemos conocer
de un modo perfectamente claro y
distinto. Los atributos se expresan, por
así decirlo (y al decirlo así falseamos
ya el pensamiento de Spinoza) por
medio de modos. Los modos pueden
ser infinitos o finitos. Los modos infinitos
pueden ser inmediatos o mediatos.
Los modos infinitos inmediatos
son aquellos que caen inmediatamente
bajo los atributos de la Substancia.
Así, para los dos atributos conocidos,
pensamiento y extensión, tenemos dos
modos infinitos e inmediatos: el modo
"material" y el modo "mental" (o
"pensante"). El modo infinito inmediato
material puede ser descrito como
la extensión en su modo de ser extensión. El modo infinito inmediato mental
o pensante puede ser descrito corno
el pensamiento en su modo de ser
pensamiento. Ahora bien, a cada modo
infinito inmediato corresponde un modo
infinito mediato; se trata entonces
del conjunto de las realidades correspondientes
vistas como unidas. Así, el
"mundo físico es el modo infinito mediato
extenso, y el mundo pensante
es el modo infinito mediato pensante.
Puede verse que en cada caso lo que
se va "expresando" o "manifestando"
es una unidad menos completa y perfecta
que la unidad que la precede
lógica y metafísicamente. Así, por
ejemplo, la Naturaleza considerada como
un sistema de cuerpos es una unidad
—el modo infinito mediato de la
extensión—, pero es una unidad fundada
en otra — la del modo infinito
inmediato extenso, o la de lo extenso
<¡ua extenso.
SPI
Cuando de lo infinito pasamos a lo
finito tenemos los modos finitos. Puesto
que solamente conocemos los atributos
de la extensión y del pensamiento,
conocemos aquí también solamente
modos finitos tales como los
cuerpos finitos y las mentes finitas.
No hay que pensar, sin embargo, que
estos cuerpos y mentes sean ontológicamente
independientes; son "modos"
y, por tanto, dependen, lógica, causal
y metafísicamente de los atributos infinitos
de la única Substancia o la
Realidad. Se ha planteado al respecto
el problema de hasta qué punto el
sistema de Spinoza es un emanatismo.
Comparado con un sistema según el
cual lo finito es creado por lo Infinito,
el de Spinoza es más emanatista que
otra cosa. Pero no se trata de un emanatismo
completo, por cuanto, en rigor,
nada "emana" de la Substancia
— todo qvieda, por decirlo así, en
ella. Por eso no es necesaria ninguna
procesión (v.) y ninguna conversión
(v.). La Natura naturans no se
manifiesta en la Natura naturata (véase
NATURA NATURANS y NATURA NATUHATA),
porque esta última existe
en la primera como una de sus "caras".
A base de lo dicho anteriormente
pueden comprenderse algunos de los
rasgos más salientes del sistema de
Spinoza. Por lo pronto, puede comprenderse
que este sistema esté dominado
por la idea de la necesidad
— una necesidad que es, por lo demás
libertad, pues la libertad consiste para
Spinoza en ser justamente lo que se
es y no otra cosa. Es, pues, un sistema
determinista. Luego, puede comprenderse
que los entes finitos puedan
ser contingentes y a la vez determinados.
En efecto, son contingentes, porque
de no serlo su esencia envolvería
su existencia, y ello sucede únicamente
con la Substancia. Pero son determinados,
porque ningún ser finito
subsiste por sí mismo. Finalmente, y
sobre todo, puede entenderse la solución
dada por Spinoza al famoso problema
de cómo el cuerpo y el alma
(o el pensamiento) se hallan relacionados.
La solución consiste, últimamente,
en no admitir que haya, propiamente
hablando, ninguna relación.
Descartes, y sobre todo los ocasionalistas,
tuvieron que postular una realidad
que interviniera "con ocasión"
de los movimientos del cuerpo o del
alma. Para Spinoza ninguna realidad
externa al cuerpo o al alma intervie-
714
SPI
ne, pues si tal ocurriera habría que
admitir que hay una realidad que
trasciende las almas y los cuerpos.
Pero si no hay, en rigor, relación entre
cuerpos y almas —entre modos finitos
de extensión y modos finitos de pensamiento—
es sencillamente porque lo
que llamamos un pensamiento es la
idea de un cuerpo. Así, el hombre es
el cuerpo humano y es el alma humana
en cuanto que cuerpo y alma son
dos modos finitos. Pero ni el cuerpo
ni el alma son, desde luego, substancias;
por eso no se plantea el problema
de cómo una actúa sobre la otra.
Y lo que se dice de los cuerpos y almas
humanos puede decirse a fortiori
de cualesquiera de los citados modos:
un ente dado es un cuerpo y la idea
del cuerpo, siendo la idea del cuerpo
el cuerpo como idea. Por eso también
no hay problema en la cuestión de
cómo las "ideas" se relacionan con las
"cosas": el orden de las primeras es el
mismo que el de las segundas, y la
conexión de las primeras es la misma
que la de las segundas.
En suma: el objeto de la idea que
constituye el alma humana —o el espíritu
humano— es el cuerpo (o modo
de la extensión). Por eso el hombre
consiste en espíritu y cuerpo
en tanto que dos modos (finitos)
de los modos infinitos del pensamiento
y de la extensión. A su vez, el
cuerpo humano se compone de un
número muy grande de individuos
distintos, los cuales contribuyen a
la constante regeneración del cuerpo.
El espíritu humano conoce el cuerpo
humano por medio de las ideas de
las afecciones que afectan este cuerpo,
de modo que el espíritu humano
no percibe solamente las afecciones
del cuerpo, sino también las ideas
de estas afecciones. Pero el espíritu
se conoce a sí mismo sólo en tanto
que percibe las ideas de las afecciones
del cuerpo. Ello significa que
la "composición" del hombre mediante
cuerpo y espíritu no equivale
a la "unión" externa de dos modos
de la substancia, sino a su articulación
"interna", que hace de cuerpo
y espíritu dos lados de la misma
realidad modal.
La doctrina spinoziana sobre el
hombre incluye una teoría del conocimiento
según la cual todas las
ideas, en tanto que referidas a Dios,
son ideas verdaderas. La verdad de
las ideas es su adecuación y perfecSPI
ción; la falsedad de las ideas es su
mutilación y su confusión. Si el orden
y conexión de las ideas es el
mismo que el orden y conexión de
las cosas, es porque no hay separación
estricta entre una cosa y la idea
perfecta y adecuada de ella, esto es,
porque la cosa no se concibe sin su
idea perfecta y adecuada y la idea
perfecta y adecuada es la cosa misma
en tanto que conocida perfectamente.
Mientras la imaginación concibe
las cosas como contingentes, la
razón debe concebirlas como necesarias.
De ahí la famosa afirmación
de que pertenece a la naturaleza de
la razón percibir las cosas bajo una
cierta especie de eternidad (sub quaedam
aeternitatis specie). Ello no significa
contraponer el entendimiento
a la voluntad; por el contrario, entendimiento
y voluntad son la misma
cosa. Pero considerar al hombre
desde el punto de vista de su posesión
de ideas adecuadas es insuficiente,
el hombre tiene pasiones, que
dependen de las ideas inadecuadas
(y sólo de ellas), y por eso las pasiones
se refieren al espíritu "en
tanto que posee algo que envuelve
una negación", es decir, en tanto
que es una parte de la Naturaleza
"que no puede ser percibida clara
y distintamente por sí misma y hecha
abstracción de las demás".
Así puede formarse una doctrina
de las pasiones, que, basada en el
principio de que, siendo propio de
toda cosa el perseverar en su ser, hay
que considerar como afecto principal
del hombre el del apetito o deseo
(cupiditas). De él nacen la alegría
(laetitia) como idea del aumento de
perfección, y la tristeza (tristitia)
como idea de disminución de la
misma. Por combinación de estos
afectos surgen los restantes; el amor
como "alegría unida a la idea de
la causa externa"; el odio como "tristeza
unida a la idea de la causa
externa"; la esperanza como representación
de algo futuro unido a la
alegría; el temor como representación
de algo futuro unido a la tristeza, etc.
El bien es lo que favorece la tendencia
a perseverar en su ser; el mal
es, por el contrario, lo que se opone
a dicha tendencia. Así, no hay otra
virtud que la de conformarse con la
naturaleza, lo que equivale a conformarse
con la razón. El riguroso
determinismo del sistema de Spinoza,
SPI
el encadenamiento causal de todas
las cosas en el seno de la substancia
infinita, encuentra, empero, su puerta
de escape en la idea del aumento de
la potencia del entendimiento como
ideal propio del sabio y del hombre
libre, "que piensa en todo menos en
la muerte" y cuya sabiduría "es una
meditación de la vida". En la contemplación
de la substancia infinita
nace el afecto activo en el cual se
perfila la autonomía del hombre libre,
una autonomía que es, por otro
lado, una coincidencia con el curso
eterno de las cosas. Por cuanto la razón
conoce el determinismo necesario
de todo y contempla las causas de las
pasiones, puede desligarse de éstas
y ser, dentro de su sumisión, independiente.
Cuando esto acontece, el
alma consigue la serena alegría eterna,
el conocimiento de Dios que es
amor intelectual a Dios (amor Dci
intellectualis), culminación de la metafísica
y de la ética spinozistas.
Derivada del ideal expresado en la
Ética,, la filosofía política de Spinoza
es una defensa de la tolerancia religiosa
e ideológica dentro del Estado,
cuya misión es la realización de la
justicia y la protección de sus miembros
contra las propias pasiones de
acuerdo con los dictados racionales.
Las opiniones políticas y políticoreligiosas
de Spinoza, así como su
defensa de la libre interpretación y
crítica de las Escrituras, fueron violentamente
combatidas, juntamente
con su sistema, al que se calificó
frecuentemente de ateo e impío.
Aparte las críticas de Bayle, Spinoza
fue atacado por Leibniz y por los
cartesianos. Sus doctrinas se mantuvieron
en parte como secta religiosa
en Holanda hasta que con la polémica
despertada por la obra de Jacobi,
sobre la doctrina de Spinoza
en cartas a Moisés Mendehsohn
(1785), y con el auge del romanticismo
alemán, volvió a ser estimada
y ensalzada su figura, entre otros
por Goethe, Herder, Schelling, Hegel
y Schleiermacher. La filosofía de
Spinoza vale, en parte, como la expresión
de un racionalismo y determinismo
absolutos, como la mayor
construcción sistemática en la época
de los sistemas, pero es también la
manifestación de una actitud intelectual
y moral que arraiga en fundamentos
más profundos que en los del
unilateral intelectualismo.
715
SPI
Durante la vida de Spinoza sólo
se publicaron dos obras suyas: la
exposición de los Principios de la filosofía
cartesiana (junto con los Pensamientos
metafísicas) y el Tratado
teológico-politico. La exposición apareció
con el siguiente título: Renati
des Caries Principiorum philosophiae
pars I et II, more geométrico demonstratae,
per Benedictum de Spinoza
Amstelodamensen, acceserunt
ejusdem Cogítala metaphi/sica, in
quibus diff ¡ciliares, quae Metaphysiccs
tam parte generali quam speciali
circo ens eiusque affeciiones, Deum
eiusque attributa et mentem humanam
occurrunt, quaestiones breviter
explicantur (1663). El Tratado apareció
con el título: Tractatus theologico-
politicus, confíneos dissertationes
aliquot, quibus ostenditur libertafem
philosophandi non tantum salva piettite
et reipublicae pace posse concedí,
sed candem nisi cum pace republicae
ipsaque pietate tolli non posse
(1070). Después de la muerte de
Spinoza apareció un volumen de Opera
poslhuma que contenía la Ética,
el Tratado político, el Tratado sobre
la reforma del entendimiento,
varias Cartas al autor con respuestas,
y un Compendio de gramática de la
lengua hebrea (1677): Ethica, ordine
geométrico demónstrala, et in quinqué
partes diatincta, in quibus agitur
I. de Deo, II. de natura et origine
mentís; III. de origine et natura
affcctuum; IV. de sertítute humana;
V. de potentia intcllectus, seu de
libértate humana. — Tractatus politicus,
in quo demonstratur, quomodo
societas, ubi imperium monarchícum
locum habet, sicut et ea, ubi Optimi
imperant, debet instituí, ne in tyrannidem
labatur, et ut pax libertasque
civium inviolata maneat. — Tractatus
de intellectus emendatione, et
de vía, qua optime in veram rerum
cognitioncm dírigitur. — Episíolae
doctorum quorundam virorum ad
B. de Spinoza et auctoris responsiones,
ad aliorum ejus operum elucidationem
non parum facientes. —
Compendium grammaticae linguae
Hebreae. —· En el siglo xix se publicó
por vez primera el Tractatus
de Deo et homine ejusque felicítate
(anotaciones al Tratado teológicopolítico),
descubierto por Bohmer
(1852) y J. van Violen (1862). De
las ediciones de obras completas del
filósofo, mencionamos: la edición de
H. E. G. Paulus (Jena, 2 vols., 1802-
1803), la de A. Gforer (Stuttgart,
1830); la de C. II. Brudcr (Leipzig,
1843-1846: editio stereott/pica frecuentemente
reimpresa); la de Hugo
Gingsberg (Heldelberg, 1875-1882),
y, sobre todo, las de J. van Vloten y
SPI
J. Ρ. Ν. Land, 2 vols (La Haya, I,
1882; II, 1883), 3 vols., 1895 y 4
vols., 1914; ed. crítica. C. Gebhardt
(4 vols., 1925). — Hay trads. al español
de la Ética (véase especialmente
la de Osear Cohan, 1958), del
Tratado teológico-político, del Tratado
de la reforma del entendimiento y del
Epistolario. — Las dos más antiguas
biografías de Spinoza son la de J.
Colerus (en holandés, 1705) y la obra
La vie et l'esprit de M. Benoít de
Spinosa (1719), cuyo probable autor
es el médico Lucas, de La Haya. Los
escritos en pro y, sobre todo, en contra
de Spinoza fueron muy numerosos a
fines del xvn y comienzos del xvni
(Cfr., por ejemplo, el Dictionnaire de
Bayle y el De tribus impostoribus
[Herbert de Cherbury, Hobbes y Spinoza]
de Ch. Kortholt. Véanse en el
texto del artículo algunos datos sobre
la polémica suscitada por Jacobi en
1785). — Sobre Spinoza, destacamos
de las obras publicadas, en los últimos
decenios: M. Joe'l, Spinozas Theologischpolitische
Tractatus auf seine
Quellen geprüft, 1870. — Id., id., Zur
Génesis der Lehre Spinozas mit
besonderer Berücksichtigung des kurzen
Traktats "Van Gott, des Menschen
und dessen Glückseligkeit",
1871. — Johannes Volkelt, Pantheismus
und Individualismus im System
Spinozas, 1872. — J. Ρ. Ν. Land,
Ter gedachtenis van Spinoza, 1877.
— B. Worms, La moróle de Spinoza,
1891. — C. Schmalz, Die Grundbegriffe
der Ethik Spinozas, 1892 (Dis.).
— L. Brunschvicg, Spinoza, sa philosophie,
1894, 3» ed., con el título:
Spinoza et ses contemporains, 1923).
— R. Wrzecionko, Der Grundgedanke
der Ethik des Spinoza, 1894. —
G. S. Fullerton, Spmoza, 1894.
— Elmer E. Powell, Spinozas Gottesbegriff,
1899 [Abhandlungcn zur
Philosophie und ihrer Geschichte, 12].
— R. Wahle, Kurze Erkliirung
der Ethik von Spinoza und Darstellung
der definitiven Philosophie
1899. — J. Freudenthal, Die Lebensgeschíchte
Spinozas in Quellenschriften,
Urkunden, etc., 1899.—Id.,
id., Spinoza, sein Leben und seine
Lehre, I, 1904. — Erich Becher, Der
Begríff des Attributs bel Spinoza in
seiner Entwicklung und semen Beziehungen
zu den Begriffen der Substanz
und des Modus, 1509 [Abhandlungen
zur Philosophie und ihrer Geschichte,
191. — C. Gebhardt, Spinozas
Abhandlung über die Verbesserung
des Verstandes. Eine entwicklungsgeschichtliche
Untersuchung, I,
1905 (Gebhardt, que ha tenido a su
cargo el Chronicum Spinozanum, cuyo
primer volumen se publicó en
1921, y es uno de los mejores investí-
SPI
gadores de Spinoza, es autor de muchos
otros escritos sobre el filósofo:
uno de ellos, exposición breve de su
vida y filosofía, publicado en 1927,
ha sido traducido al esp.: 1940).
— Fritz Mautliner, Spinoza, 1906. —
A. Rivaud, Les notions d'essence et
d'existence dans la philosophie de
Spinoza, 1906. — J. A. Picton, Λ
Handbook to the Éthics, 1907. —
A. Wenzl, Die Weltanschauung Spinozas.
I. Spinozas Lehre von Gott,
von der menschlichen Erkenntnis
und von dem Wesen der Dinge,
1907. — Anna Tumarkin, Spinoza,
1908. — A. León, Les éléments
cartésiens de la doctrine spinoziste,
1909. — H. Alberti, Die Grundlagen
des Systems Spinozas im Lichte der
kritischen Phitosopliie und der modernen
Mathematik, 1910 (Dis.). —
Ph. Borre!!, Spinoza, 1911. — F.
Pollock, Spinoza, His Life and Philosophy,
1912. — J. Alexander Gunn,
Spinoza, 1925. — V. Delbos, Spmoza
et le spinozisme, 1926 [de un curso
de 1912-1913]. — L. Robinson,
Kommentar zu Spinozas Ethik, 1928.
— H. F. Hallett, Aeternitas. A Spinozistic
Study, 1930. — Id., id., B. de
Spinoza, 1957. — Id., id., Creation,
Emanation, and Salvation. A Spinozistic
Studu, 1962.—Paul Siwek, L'áme
et le corps d'aprés Spinoza, 1930.—Id.,
id., Spinoza et le panthéisme religieux,
1933, nueva ed., 1950. — Id., id., La
religión sans dogmes dans la philosophie
spinoziste, 1935. — Id., id., Áu
coeur du spinozisme, 1952. — J. Segond,
La vie de Benoít Spinoza, 1933.
— Stanislaus von Dunin-Borkowski,
S. J., Spínoza. /. Der junge De Spinoza,
1910, 2» ed., 1933; II, III, IV.
Aus den Tagen Spinozas, 1933, 1935,
1936. — Harry Austryn Wolfson, The
Philosophy of Spinoza Unfolding the
Latent Processes of His Reasoning, 2
vols., 1934. — H. H. Joachim, Spinoza's
Tractatus de Intellectus emendatione.
A Commentary, ed. E. Joachim,
1940. — León Dujovne, Spinoza. Su
vida, su época, su obra, su influencia,
4 vols. (I, 1941; II, 1942; III, 1943;
IV, 1945). — André Darbon, Études
spinozistes, 1946. — Stuart Hampshire,
Spinoza, 1951. — Ruth Lydia
Saw, The Vindication of Metapht/sics;
a Study in the Philosophy of Spinoza,
1951. — C. Semerari, Π problemi
dello spinozismo, 1952. ·—· Fiero di
Vona, Studi suü'ontologia di Spinoza
(I: L'ordinamento delle scienza filosofiche.
La Rafia, II concertó di Ente
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